El enemigo invisible

República Dominicana y el mundo se encuentran todavía, luego de casi dos años, librando una batalla contra un enemigo invisible, el Covid-19, en forma de una pandemia cuyas consecuencias van más allá de la índole sanitaria, y que ha afectado,  entre otras víctimas a  la industria petrolera mundial, y por añadidura la nacional. Tanto países productores como empresas han visto afectada su dinámica operativa, impactando toda la cadena de comercialización, industrias relacionadas, y cuya repercusión se siente ya en todo el ecosistema económico, en el presente y en el futuro inmediato. 

Pero, ¿fue la actual emergencia sanitaria y sus efectos económicos la única causa de este incremento sustancial del precio internacional del barril de petróleo? ¿Desde cuándo viene gestándose esta crisis? ¿Cuál es la realidad actual del mercado ? Veamos a continuación algunos elementos a fin de tener una opinión más edificada, aunque advierto no absoluta.

Hablemos primero del componente geopolítico: El petróleo, y por supuesto sus derivados y relacionados, como fuente de riqueza e ingresos para los países productores, y su naturaleza como componente energético, es un elemento estratégico sin discusión, y grandes reservas y su explotación están en manos de países  en conflicto interno, o involucrados en conflictos políticos o económicos con otros, al primer grupo pertenece claramente Iraq y en menor medida Siria, que desde hace años no pueden desarrollar una efectiva participación en el mercado, razones harto conocidas.

Otros casos, como Venezuela e Irán, convertidas en parias en el concierto de naciones, por sus enfrentamientos con el orden mundial, contribuyen a la falta de alternativas o de equilibrio. Estos y los casos ya mencionados inclinan el efecto pendular del precio hacia el alza, peor aún, sin el control de la OPEC, sin que se pueda negociar de manera directa controles sobre precios o cantidades, convirtiéndose en fuente de anomalía y escasez. 

Veamos también el caso de Arabia Saudita, principal productor para exportación del mundo, con una operación nacionalizada, y un gobierno centralizado, con poderes absolutos, que tras la llegada como “Crown Prince” de  Mohammed bin Salman, ha aumentado su agresividad y deseo de influir en la región del oriente medio, en contraposición con Irán,  involucrándose conflictos directos, como Yemen, e indirectos como Siria, lo cual les obliga a aumentar su producción y precio con el fin de mantener el flujo de divisas para la compra de armas, y de aliados.

A raíz de la incursión indirecta en el conflicto sirio y quizás otros elementos no tan visibles, Arabia Saudita se enfrenta en tiempos muy recientes a Rusia, y el terreno elegido ha sido el petrolero, en un juego de quien cede primero, que en principio provocó la baja estrepitosa del crudo y derivados,  inundando  el mercado con un superávit, al momento de la baja de demanda mundial, en el peor momento de las economías del mundo, lo que provocó  la intervención del gobierno de los Estados Unidos, la OPEC y otros productores, cada uno de ellos con sus propios intereses, provocando, junto con la recuperación de la demanda global, un incremento constante de los precios del crudo, que perdura hasta días recientes.

Curioso el caso de que al mediar en la crisis entre Rusia y Arabia Saudita, los Estados Unidos tuvieron mayor facilidad de pedir  a terceros países, con gobiernos más centralizados y por tanto con mayor control directo sobre sus empresas, la reducción de la producción, en lugar de acudir a su empresa local, protegidos del control del gobierno a través de numerosas legislaciones, Las empresas norteamericanas en gran medida solo obedecen al mercado, a menos que se invoquen legislaciones especiales, o se regulen de manera indirecta, lo cual toma tiempo en hacer el efecto deseado. 

Súmenos a estos elementos ya citados los efectos causados por la política comercial de Estados Unidos hacia China, y su retribución, que muy a pesar de positivas noticias e indicadores que ambas naciones se empeñaban en mostrar durante su reciente y creciente enfrentamiento comercial, es lógico suponer que ha tenido un efecto sobre la oferta y demanda de hidrocarburos,  en especial de China que es prácticamente una importadora neta de combustibles, con escasa producción propia, y en plena recuperación de su actividad económica y crecimiento, una vez superado los peores momentos de pandemia en aquel país. 

Otros elementos podrían ser citados, sin duda, pero observemos solo estos, y cómo confluyen sus efectos y consecuencias con un fenómeno único en la historia reciente: El “arranque económico” luego de la paralización casi total de la mayoría de las actividades económicas a nivel global, y en tiempos de paz, y la recuperación apresurada, casi relámpago, luego de la caída del consumo a términos insospechados, lo que a su vez provoca un incremento insospechado en la demanda de energía, en un mundo que tenía un superávit de oferta, tanto de fuentes legítimas, como de otras no tan transparentes, que se detuvieron, y que vuelve a arrancar, en un muy escaso margen de tiempo.

La situación actual ha provocado que el barril de petróleo se situé en máximos no vistos en los últimos años, luego de en mínimos “históricos”, de USD 18 el barril, con incluso algunos ejemplos de productos siendo comercializados en términos negativos, – USD 13 dólares el barril, teniendo en cuenta que se refieren a indicadores, suplidores, tipos de petróleo y casos muy específicos, que todas las piezas unidad conforman el panorama general, un contraste también sin precedentes, en un periodo inusualmente corto.

¿ Cuándo se ajustará la Oferta y Demanda en la Economía Mundial ? ¿ Como ? ¿Qué deberían hacer los gobiernos ? ¿Qué empresas y sectores se beneficiarán / cuales se perjudicarán  ? ¿Cómo impacta el sistema financiero ? ¿El ecosistema económico ? 

La pregunta más importante aún … ¿Qué repercusión tendrá sobre nuestra economía, de manera general y de manera específica, y que podemos hacer ?

La situación no ha sido el resultado de un solo factor, ni de un solo actor, es una tormenta que se viene formando desde hace tiempo, en lugares tan disímiles como Arabia Saudita, China, Rusia y los Estados Unidos, que se convino con la realidad económica que nos trajo la pandemia y sus consecuencias económicas,  y vamos a necesitar de aquellos mismos actores para resolver el problema, desafortunadamente despacio, mientras nos toca imaginar las respuestas a las preguntas que les dejo sin contestar.

Miguel René De la Cruz |

United Petroleum Grupo Haina SRL – Director General

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