¿Tú quién eres? Identidad en el mundo digital

Hace miles de años que los seres humanos hemos tenido la necesidad de “IDENTIFICACION”, más bien, comprobar la identidad de un ser humano. Arqueólogos han encontrado piezas de ornamentos de se remontan a 100,000 años atrás que sugieren fueron usados por especies humanas con propósitos de identificación.

En términos conceptuales, como hemos mencionado en otras entregas, se comprueba la identidad utilizando 3 formas o tipos diferentes de autenticación: Algo que uno tiene, algo que uno sabe o algo que uno es.

Los ornamentos de hace 100,000 años encontrados en Israel y Argelia, especialmente creado para una persona (o grupo) es del primer tipo: Algo que uno tiene, cuyas características sean únicas, o al menos, difíciles de reproducir. Las joyas se han utilizado durante miles de años para suplir la necesidad de identificarse que tiene el ser humano, pero también características físicas, las marcas de nacimiento, y la memoria colectiva de dichas características: Algo que uno es. Eso no es más que la hoy llamada biometría, la cual muchos plantean como la panacea de la comprobación e inviolabilidad de la identidad.

Otra alternativa histórica a la memoria colectiva fue el tatuaje. Los primeros tatuajes identificados en civilizaciones antiguas como los maoríes de Nueva Zelanda, desarrollaron elaborados tatuajes visibles que comunicaban el estado, la ascendencia y la pertenencia a un grupo en particular de una persona. Con l tatuaje se mezclan dos tipos: Algo que uno es con Algo que uno tiene.

Con los años la identificación evolucionó de los símbolos físicos y las marcas en la piel a la palabra escrita. La mención más antigua de un censo o de un gobierno que recopila información personal de los ciudadanos data del 3800 a. C. durante el imperio babilónico, donde los registros indican que se realizaba un censo cada seis o siete años y contenía recuentos detallados de personas y recursos. Desafortunadamente, los babilonios aún tenían que descubrir la utilidad de los números, por lo que se vieron obligados a confiar en técnicas de identificación manual.

Siglos más tarde, el Imperio Romano desarrolló más técnicas de recopilación de datos y necesitaba información más personalizada de los ciudadanos, por lo que se introdujeron una variedad de documentos. Estos incluían muchos que todavía son comunes hoy en día, como certificados de nacimiento, títulos de propiedad y registros de ciudadanía.

En cuanto a los pasaportes, el mérito de su invención puede ir al rey Enrique V de Inglaterra en 1414, cuando creó los documentos para los ciudadanos ingleses que necesitaban probar su identidad en países extranjeros. Estos documentos luego se denominaron documentos de “salvoconducto” y garantizaron la seguridad de un ciudadano en un país vecino cuando el monarca los obsequiaba.[1]

No fue hasta 1829, el parlamento británico con las reformas de Robert Peel planteó la recopilación de los registros policiales impresos y para guardarlos debían asignarles un número único. A partir de una necesidad de SEGURIDAD nació por primera vez el concepto de tarjeta de identificación con un número personal.

Basados en esas reformas los Países Bajos, en 1849, siguieron su propio sistema de Numero Personal pasando luego a emitir tarjetas de identificación a cada ciudadano en 1940. Cuatro años antes en 1936, Los Estados Unidos ya habían iniciado la implementación de la Tarjetas de Seguro Social con un numero único para fines distintos de la seguridad.

La fotografía, que es otra forma más popular de biometría o Algo que uno es, no fue utilizada para identidad sino hasta 1938 cuando los Nazis, además de la conocida estrella amarilla, requirieron el uso de una tarjeta de identificación con un número y foto para registrar a los judíos de los gettos.

En 1858, Sir William Herschel realizo un gran avance en el campo de la biometría cuando Implementó con éxito las huellas dactilares en tinta como firmas manuales en testamentos y escrituras, convirtiéndolo en un medio de identificación precisa.

Sin embargo, estos registros todavía estaban principalmente en papel. No fue sino hasta 1977 que EE. UU. informatizó sus registros en papel y estableció un programa de comparación capaz de realizar referencias cruzadas entre varios organismos bancarios y gubernamentales. Esta práctica finalmente se convirtió en un estándar para todos los países. Las identidades de los ciudadanos eran ahora más fáciles de manejar y se podía determinar si estaban pagando impuestos adecuadamente o si habían recibido fondos de asistencia social.

El carnet o cedula de identidad se convirtió en la forma más común de validación de la identidad: Algo que uno tenía, por eso ese algo debía tener características difíciles de reproducir. Durante años, el acceso a la tecnología para fabricar dichos carnets permaneció solo accesible a los gobiernos. En eso descansaba su valor y unicidad.

Además de esta tecnología, otras mejoras en el área de la biometría incluyen avances en reconocimiento de voz, reconocimiento de iris, reconocimiento facial, secuenciación de ADN, geometría de manos y reconocimiento de patrones vasculares, que se basa en patrones de vasos sanguíneos en las manos. El sistema Aadhaar captura las huellas dactilares y/o los escaneos del iris de las personas y les asigna un número Aadhaar único de 12 dígitos. A partir de 2019, casi 1200 millones de personas se han inscrito voluntariamente en el programa, cuyo objetivo es simplificar y acelerar la verificación de los programas gubernamentales y, al mismo tiempo, reducir el robo de identidad para fraude.

Provistos de tantos sistemas de registra nacional de ciudadanos como países existen, en un mundo donde todos interactúan por igual a través de las plataformas digitales ¿Cómo podemos validar identidades de manera eficiente? Ningún organismo tiene la autoridad de reglamentar esos aspectos para todos los paises.

 La Organización de Aviación Civil Internacional, como parte de la ONU, ha emitido sus recomendaciones para tratar de estandarizar la confección de los documentos de viajes (pasaportes) y facilitar la lectura mecánica de los datos contenidos en dichos documentos. Parece ser la mas aceptada al momento de confeccionar también los documentos para el registro interno de ciudadanos. La OACI también ha tratado también de proponer una infraestructura común de intercambio de información entre los gobiernos para los documentos de viajes y su comprobación de los datos que contienen dichos documentos intrínsecamente, esto es, más allá del contenido abiertamente expuesto en las ZLM (zonas de lectura mecánica) y los datos contenidos en los componentes electrónicos aquellos con chips electrónicos para el caso de los Pasaportes Electrónicos (ePassports). Mas de 140 gobiernos y entidades no gubernamentales ya emiten este tipo de documentos.

El establecimiento efectivo de una identidad consiste en la capacidad de comprobar o autenticar efectiva y eficientemente la correspondencia biunívoca entre el individuo reclamante de dicha identidad y el ente civil registrado que al fin y al cabo es el propietario de bienes y características acumuladas desde su nacimiento.

Para los fines de interactuar, aportar y recibir beneficios en una sociedad es fundamental el establecimiento de dicha identidad y resguardarla de todo peligro.

Ahora bien, ¿Cómo replicar ese modelo funcional cuando los límites y fronteras de esa interacción ya no son geográficos? Cuando los organismos que gestionan y resguardan los registros civiles no tienen jurisdicción en espacios no nacionales. Es el caso del ciberespacio y del futuro metaverso, en donde las corporaciones privadas suplantan ya las funciones del registro civil y en donde la prioridad no es la integridad y protección de los derechos de los ciudadanos sino el lucro y la actividad comercial.

Europa es la región que va a la vanguardia en el proceso regulatorio del ciberespacio. La Comisión Europa ha estado fomentando la necesidad de establecer Una identidad digital única para todos los ciudadanos europeos. Es decir, establecer una relación biunívoca entre el individuo civil y un solo individuo virtual, por ende, Asociar indefectiblemente al individuo digital que actúa y vive en el ciberespacio y el individuo físico que posee un documento de identidad.

El derecho de toda persona que pueda optar a un documento nacional de identidad a tener una identidad digital reconocida en cualquier lugar (o plataforma) de la Unión Europea

Funciona a través de carteras digitales disponibles en aplicaciones para teléfonos móviles y otros dispositivos, para:

  • identificarse en línea y fuera de línea
  • almacenar e intercambiar información facilitada por las administraciones; p. ej., nombre, apellidos, fecha de nacimiento o nacionalidad
  • almacenar e intercambiar la información facilitada por fuentes privadas de confianza
  • utilizar la información como confirmación del derecho a residir, trabajar o estudiar en un determinado Estado miembro.

En la medida en que más y más actividades se realizan en el ciberespacio, en esa misma medida la identidad de cada individuo se aleja de la identidad civil y se acerca a la identidad digital. Sin una regulación estaremos cada vez más expuestos a crímenes y delitos digitales que ya superan en cifras y perdidas a los que se producen en el espacio no virtual.


[1] https://www.theguardian.com/travel/2006/nov/17/travelnews

Luis J. Polanco |

Experto en Ciberseguridad

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