La recuperación económica de Venezuela enfrenta un obstáculo estructural: la falta de electricidad. Aunque el Gobierno atribuye el aumento de los apagones a una mayor actividad económica y al incremento del consumo eléctrico, especialistas advierten que el verdadero problema es la limitada capacidad operativa del sistema eléctrico nacional, que ya no dispone del margen suficiente para abastecer una demanda creciente.
Los datos oficiales indican que la demanda eléctrica alcanzó los 15,579 megavatios (MW) durante este año. Sin embargo, el ingeniero eléctrico Miguel Lara, quien durante tres décadas participó en la planificación y operación del sistema eléctrico venezolano, sostiene que la capacidad realmente disponible se ubica entre 13,000 y 13,500 MW, muy por debajo de la capacidad instalada teórica de aproximadamente 36,000 MW.
Según el especialista, esa brecha refleja que el sistema eléctrico opera en una condición crítica, sin capacidad para incorporar nuevos requerimientos de suministro provenientes de la actividad industrial, comercial o residencial.
Nueve de cada diez hogares sufren interrupciones eléctricas
El deterioro del servicio tiene un impacto directo sobre la población. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, señala que nueve de cada diez hogares venezolanos reportan interrupciones del servicio eléctrico, mientras cuatro de cada diez aseguran que los apagones ocurren diariamente y se prolongan durante varias horas.
Las fallas también se reflejan en el aumento de la conflictividad social. Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 36 protestas relacionadas con el servicio eléctrico, de las cuales 24 ocurrieron únicamente en marzo, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.
El Gobierno sostiene que el incremento del consumo responde a la recuperación de la actividad económica. El ministro para la Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, afirmó que empresas y comercios han aumentado su producción y que un mayor número de familias ha adquirido electrodomésticos, elevando la demanda sobre la red nacional.
No obstante, Lara sostiene que el crecimiento de la demanda apenas supera el 5 % respecto al año anterior, porcentaje que considera insuficiente para justificar el deterioro del servicio si el sistema contara con condiciones operativas adecuadas.
El principal problema está en la generación y la transmisión
Actualmente cerca del 80 % de la electricidad venezolana proviene de centrales hidroeléctricas construidas antes de 1998.
Aunque esas instalaciones podrían generar alrededor de 17,000 MW, el especialista explica que la red de transmisión solo permite transportar aproximadamente 10,000 MW, debido al deterioro de la infraestructura.
El resto de la electricidad disponible proviene de plantas termoeléctricas, las cuales —según cifras citadas por Reuters en el reportaje— operan alrededor del 13 % de su capacidad instalada, limitando aún más la oferta energética.
Como resultado, la disponibilidad real de electricidad permanece muy por debajo de la capacidad instalada del país, situación que impide responder a nuevos proyectos productivos.
La industria petrolera también sufre las consecuencias
La insuficiencia del sistema eléctrico también afecta uno de los sectores estratégicos para la economía venezolana: la producción de petróleo.
Lara advierte que la extracción, transporte, refinación y comercialización de hidrocarburos dependen completamente del suministro eléctrico, por lo que cualquier interrupción repercute directamente en la producción.
En esa misma línea, Susana Brugada, gerente de asuntos corporativos de Chevron en Venezuela, explicó que muchos de los campos petroleros operados por la empresa están conectados a la red nacional.
Según indicó, cada interrupción del suministro eléctrico puede sacar de operación hasta 40 pozos petroleros, cuya recuperación no ocurre de manera inmediata una vez regresa el servicio.
El especialista añade que, incluso si llegan nuevas inversiones al sector energético, muchas compañías tendrían que importar sus propias plantas eléctricas e incluso combustible, debido a las limitaciones del sistema nacional.
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La recuperación requerirá inversiones millonarias
Miguel Lara estima que la recuperación integral del sistema eléctrico venezolano demandaría alrededor de US$45,000 millones y al menos seis años de trabajo, siempre bajo un programa estructurado de inversiones, planificación técnica y fortalecimiento institucional.
A su juicio, durante los primeros dos o tres años sería posible estabilizar parcialmente el sistema y recuperar parte de la infraestructura actualmente fuera de servicio, mientras que el resto del proceso estaría orientado a ampliar la capacidad de generación y modernizar la red de transmisión para soportar un crecimiento sostenido de la demanda.
El especialista sostiene que el deterioro del sistema no responde únicamente a restricciones financieras. Según sus estimaciones, entre 1999 y 2025 el sector eléctrico venezolano recibió inversiones cercanas a US$117,040 millones, cifra superior al costo total de construcción del sistema eléctrico desarrollado durante la segunda mitad del siglo XX.
Pese a ello, asegura que la mayor parte del suministro eléctrico actual continúa dependiendo de instalaciones construidas antes de la llegada del chavismo al poder, mientras numerosos proyectos ejecutados durante las últimas décadas no lograron incorporarse plenamente al sistema.
Para el especialista, la recuperación del sistema eléctrico será determinante para cualquier estrategia de crecimiento económico, ya que sin una infraestructura energética confiable será difícil expandir la actividad industrial, aumentar la producción petrolera o atender una demanda eléctrica que continuará creciendo en los próximos años.
