El aire de una oficina puede costarle más a una empresa de lo que imagina

Santo Domingo.- La calidad del aire dentro de los edificios comerciales se ha convertido en un factor que va más allá del confort de empleados y visitantes: también puede incidir en la productividad, el ausentismo y los costos de operación de una empresa.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) señala que las concentraciones de algunos contaminantes en espacios interiores pueden ser entre dos y cinco veces superiores a las del exterior, aunque en determinadas circunstancias pueden ser mucho mayores. La agencia también advierte que una mala calidad del aire interior puede afectar la salud, reducir la productividad y aumentar los gastos de mantenimiento y otros costos asociados al funcionamiento de los edificios.

En el caso de República Dominicana, el manejo de la calidad del aire cobra especial importancia por el uso intensivo de sistemas de aire acondicionado en oficinas, comercios, hoteles y otros establecimientos. Los sistemas de ventilación y climatización requieren mantenimiento adecuado, debido a que factores como la humedad, la temperatura, la ventilación insuficiente y la acumulación de contaminantes pueden deteriorar las condiciones ambientales dentro de los edificios.

El costo no siempre aparece en la factura eléctrica

Uno de los principales errores al evaluar la calidad del aire interior es limitar el análisis al consumo energético. Un sistema de climatización que no recibe el mantenimiento adecuado puede afectar el desempeño operativo del edificio, mientras que una ventilación deficiente puede incrementar la concentración de contaminantes.

La EPA identifica precisamente el mantenimiento de los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado (HVAC) como uno de los factores que pueden influir en la calidad del aire interior. Entre las estrategias recomendadas se encuentran el control de las fuentes contaminantes, una ventilación adecuada y el uso de filtración y sistemas de limpieza del aire.

Esto convierte el mantenimiento de ductos, filtros, unidades de aire acondicionado y sistemas de ventilación en una decisión que también puede tener una dimensión económica. No obstante, no existe una cifra universal que permita afirmar que unos ductos sucios provocan exactamente un 15 % adicional de consumo eléctrico: el impacto depende del diseño del sistema, su estado, el tipo de edificio, el nivel de suciedad y las condiciones de operación.

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La calidad del aire también afecta la productividad

El impacto económico puede extenderse al desempeño de los trabajadores. Investigaciones sobre ambientes interiores han encontrado asociaciones entre la calidad del aire, la ventilación y el rendimiento laboral.

Un estudio publicado en Indoor Air concluyó que una mala calidad del aire interior puede reducir la productividad, con efectos que en determinadas tareas de oficina llegaron a situarse entre 6 % y 9 %.

Asimismo, investigaciones sobre ventilación han encontrado asociaciones entre menores niveles de suministro de aire exterior y mayores niveles de ausentismo por enfermedad.

Esto significa que el costo de descuidar el aire interior puede aparecer en diferentes partidas: desde el mantenimiento de los equipos y el consumo energético hasta las ausencias laborales y la pérdida de rendimiento.

Un problema que requiere gestión integral

Para una empresa con 50 empleados, por ejemplo, evaluar la calidad del aire debería formar parte de la gestión de sus instalaciones y no limitarse a limpiar periódicamente los equipos de aire acondicionado.

La revisión debe incluir filtros, ductos, ventilación, humedad, temperatura, fuentes de contaminación y funcionamiento de los sistemas HVAC. También resulta conveniente realizar mediciones cuando existan señales de problemas, como malos olores persistentes, exceso de humedad, condensación, polvo, síntomas recurrentes entre ocupantes o diferencias marcadas en la calidad del aire entre áreas.

La EPA recomienda precisamente que los propietarios y administradores de edificios desarrollen estrategias para identificar las fuentes de contaminación, mejorar la ventilación y mantener adecuadamente los sistemas que intervienen en la calidad del aire.

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