Santo Domingo. – “Me voy como amigo de República Dominicana”. Tras cuatro años al frente de la misión diplomática del Reino de los Países Bajos en República Dominicana, Frank Keurhorst concluye una etapa marcada por el fortalecimiento de las relaciones económicas, comerciales y de cooperación entre ambos países.
Durante su gestión, el comercio bilateral alcanzó por primera vez los US$1,000 millones, aumentó la presencia de inversiones neerlandesas y se amplió la agenda común hacia áreas como energía, agua, sostenibilidad, movilidad, seguridad, derechos humanos y adaptación climática.
Tres años después de nuestra primera conversación con el diplomático, EH+ vuelve a entrevistarlo, esta vez para hacer balance de su misión, analizar los desafíos que observa para República Dominicana y conocer cuáles considera que deben ser los próximos pasos de una relación que define como cada vez más estratégica.
Hace tres años tuve la oportunidad de entrevistarlo cuando llevaba relativamente poco tiempo en República Dominicana. Hoy, al cerrar una misión de cuatro años, ¿cómo compara el país que encontró con el país que deja?
Cuando llegué a la República Dominicana, encontré un país dinámico, abierto, con una economía creciendo con fuerza y con una población extraordinariamente resiliente. Cuatro años después, me voy con la impresión de que ese dinamismo se ha consolidado y que el país ha avanzado considerablemente en su posicionamiento internacional.
He visto una República Dominicana con una confianza cada vez mayor en sus propias capacidades, con un sector privado muy dinámico y con una voluntad clara de seguir atrayendo inversión, desarrollando infraestructura y fortaleciendo su papel como uno de los principales centros económicos y logísticos del Caribe.
El próximo gran desafío es asegurarse de que ese crecimiento sea sostenible, inclusivo y capaz de mejorar la calidad de vida de todos los dominicanos. Desde nuestra misión diplomática hemos trabajado en promover estos puntos a través de iniciativas en movilidad, agua, gestión climática, energías renovables, industria textil, derechos humanos y desarrollo inclusivo.
“República Dominicana podría convertirse en un laboratorio regional para determinadas soluciones de energía limpia”.
Usted ha dicho que la relación entre República Dominicana y Países Bajos evolucionó hacia una alianza mucho más dinámica. ¿Cuál considera que fue el cambio más importante durante su gestión?
Creo que el cambio fundamental fue pasar de una relación que ya era buena y amistosa a una relación mucho más amplia, estratégica y dinámica.
Hemos profundizado considerablemente la cooperación económica, pero también ampliamos nuestra agenda hacia sostenibilidad, energía, agua, cambio climático, derechos humanos, igualdad, cultura, movilidad sostenible y seguridad.
Un ejemplo muy concreto es el crecimiento del comercio bilateral, que alcanzó por primera vez los US$1,000 millones en 2025. También hemos visto un crecimiento importante de las inversiones neerlandesas, de las misiones comerciales y de la cooperación entre nuestras instituciones.
Al mismo tiempo, nuestra cooperación policial se hizo mucho más estrecha y efectiva. Eso demuestra que una relación bilateral moderna es multisectorial: se construye entre gobiernos, empresas, instituciones, universidades, sociedad civil, autoridades locales y, sobre todo, entre personas.
Si tuviera que definir el principal legado de estos cuatro años, ¿cuál sería?

No identificaría un único proyecto como el principal logro. Para mí, el mayor éxito fue haber contribuido a ampliar y profundizar la relación entre ambos países.
Hemos conseguido que sostenibilidad, innovación, derechos humanos, comercio, inversión y seguridad formen parte de una misma relación bilateral.
La Bicicletada Naranja es un buen símbolo de ello. Comenzó como una iniciativa de movilidad sostenible y se convirtió en una actividad que reúne a cientos de personas y conecta a instituciones dominicanas, sociedad civil y la Embajada.
También me siento muy satisfecho con el fortalecimiento de la cooperación económica y de seguridad y con iniciativas ambientales como Rescate Ozama, nuestra cooperación con The Ocean Cleanup y las actividades relacionadas con gestión de residuos y sostenibilidad.
¿Qué quedó pendiente?
Siempre hay más por hacer. Me hubiera gustado avanzar aún más en la cooperación estructural en gestión del agua, movilidad sostenible, adaptación climática y transición energética.
Son áreas en las que Países Bajos tiene muchísimo conocimiento que puede ser útil para República Dominicana.
En su discurso de despedida identificó desafíos en educación, igualdad social, seguridad social y protección ambiental. ¿Por qué considera que estas áreas deben ser prioritarias?
República Dominicana ha conseguido resultados económicos impresionantes. Pero precisamente porque el país ha avanzado tanto, creo que ahora debe concentrarse en cómo convertir ese crecimiento en bienestar duradero.
La educación determina las oportunidades de las próximas generaciones. La igualdad social determina quién puede beneficiarse realmente del crecimiento. La seguridad social es fundamental para que las personas tengan protección frente a los momentos de vulnerabilidad. Y la protección ambiental es indispensable para un país cuya economía y calidad de vida dependen tanto de sus recursos naturales, sus costas, sus ecosistemas y su atractivo turístico.
En educación, ¿qué debería hacerse de manera diferente?
El país necesita preparar a los jóvenes para una economía que será muy diferente de la actual. Eso significa fortalecer las ciencias, tecnología, matemáticas, formación técnica y pensamiento crítico, pero también capacidades humanas como creatividad, comunicación y resolución de problemas.
Existe una oportunidad importante para conectar mucho más estrechamente la educación y el sector privado, de manera que los jóvenes puedan adquirir capacidades que respondan realmente a las necesidades de una economía moderna.
¿República Dominicana corre el riesgo de que su velocidad de crecimiento económico termine generando un costo ambiental demasiado alto?
Sí, existe ese riesgo, como existe en prácticamente cualquier economía que está creciendo rápidamente. Pero no creo que República Dominicana tenga que escoger entre crecimiento económico y protección ambiental. La verdadera pregunta es cómo hacer que ambos avancen juntos.
El país tiene una oportunidad extraordinaria para desarrollar un modelo de crecimiento más sostenible: energías renovables, movilidad limpia, economía circular, protección de ecosistemas, gestión adecuada de residuos, infraestructura resiliente y mejor gestión del agua.
La sostenibilidad no debería verse como un obstáculo al crecimiento. Puede convertirse en una ventaja competitiva.
Países Bajos es una referencia mundial en planificación, infraestructura y gestión del agua. ¿Cuál sería la principal lección que República Dominicana podría aprovechar?
Una de las principales lecciones neerlandesas es pensar a largo plazo.
En Países Bajos aprendimos, en buena medida por necesidad, que el agua, la infraestructura, el desarrollo urbano y la protección ambiental tienen que planificarse conjuntamente.
También hemos aprendido que las soluciones funcionan mejor cuando Gobierno, sector privado, academia y sociedad civil trabajan juntos.
No creo que República Dominicana deba copiar el modelo neerlandés. Las realidades son muy diferentes. Pero sí puede aprovechar nuestra experiencia y adaptarla a sus propias necesidades.
El comercio bilateral alcanzó por primera vez los US$1,000 millones en 2025. ¿Qué tendría que ocurrir para llegar a una relación comercial de US$2,000 millones?
El crecimiento refleja que nuestras economías son complementarias y que existe una confianza creciente entre nuestros sectores privados.
Países Bajos es un socio comercial particularmente importante para República Dominicana dentro de Europa y también funciona como una plataforma logística hacia otros mercados europeos.
Para llegar a los US$2,000 millones necesitamos continuar facilitando el comercio, mejorar la conectividad, ampliar las cadenas de valor y aumentar las inversiones.
Las misiones comerciales son fundamentales. La misión neerlandesa de más de 80 participantes que organizamos alrededor de Agroalimentaria fue un excelente ejemplo de lo que podemos conseguir cuando conectamos directamente a empresas de ambos países.
¿Dónde están hoy las mayores oportunidades para incrementar la inversión neerlandesa en República Dominicana?
Veo oportunidades particularmente interesantes en energías renovables, servicios financieros, agricultura y seguridad alimentaria, agua, infraestructura, logística y economía sostenible.
El hecho de que FMO, el Banco de Desarrollo Neerlandés, haya duplicado su cartera de inversiones en República Dominicana durante estos cuatro años, hasta alcanzar aproximadamente US$200 millones, principalmente en energías renovables y servicios financieros, demuestra que existe confianza en el mercado dominicano.
¿Está República Dominicana aprovechando suficientemente a Países Bajos como puerta de entrada a Europa?

Hay avances importantes, pero todavía existe mucho potencial. Países Bajos tiene una posición logística privilegiada y una economía muy internacionalizada.
Las empresas dominicanas pueden aprovechar esa conexión, pero también necesitan estar preparadas para competir en mercados europeos cada vez más exigentes en materia de calidad, trazabilidad, sostenibilidad e innovación.
También hay muchas oportunidades para que Países Bajos fomente una relación más cercana con República Dominicana por su posición estratégica en el Caribe.
Hablemos de energía. ¿Cómo evalúa actualmente la transición energética dominicana?
Veo avances muy positivos y un interés creciente del sector privado. El reto ahora es pasar de proyectos individuales a una transición energética cada vez más estructural, asegurando capacidad de generación, almacenamiento, redes adecuadas y estabilidad del sistema.
También será importante continuar desarrollando capacidades técnicas y atraer inversión en nuevas tecnologías.
El Proyecto Payita, apoyado por FMO, es uno de los ejemplos de cómo la energía solar y el almacenamiento en baterías pueden combinarse para apoyar la transición energética.
¿Qué oportunidades concretas identifica para la inversión neerlandesa en el sector energético dominicano?
Hay oportunidades en generación renovable, almacenamiento, eficiencia energética, infraestructura y tecnologías asociadas a la transición energética.
Además, la experiencia neerlandesa en innovación puede complementar muy bien el conocimiento y las necesidades del mercado dominicano.
¿Y qué papel podría desempeñar República Dominicana en tecnologías emergentes como el hidrógeno verde?
República Dominicana tiene condiciones interesantes por su posición geográfica, sus recursos renovables y su creciente infraestructura.
El hidrógeno verde todavía requiere importantes inversiones, desarrollo tecnológico y un mercado claro, por lo que debemos ser realistas. Pero es precisamente ahora cuando conviene comenzar a desarrollar conocimiento, alianzas y proyectos piloto.
República Dominicana podría convertirse en un laboratorio regional para determinadas soluciones de energía limpia.
Si tuviera que señalar un área en la que República Dominicana debería aprovechar con mayor urgencia la experiencia neerlandesa, ¿cuál sería?
Probablemente la gestión del agua y la adaptación climática.
República Dominicana es un país insular altamente expuesto a fenómenos climáticos y necesita pensar cada vez más en resiliencia.
En Países Bajos tenemos una cultura de planificación y prevención porque sabemos que esperar a que ocurra una inundación es demasiado tarde.
República Dominicana necesita fortalecer la planificación territorial, la infraestructura resiliente, los sistemas de alerta temprana y la coordinación entre instituciones.
Durante su gestión también se fortaleció significativamente la cooperación en seguridad. ¿Qué tan estratégica se ha convertido República Dominicana en la lucha internacional contra el crimen organizado?
Es una cooperación de enorme importancia. Desde los primeros meses de mi misión tuvimos casos muy concretos de ciudadanos neerlandeses buscados internacionalmente que se encontraban en República Dominicana. La respuesta de las autoridades dominicanas fue profesional y efectiva.
Desde entonces, la cooperación entre nuestras autoridades ha seguido fortaleciéndose y ha permitido importantes arrestos y extradiciones.
República Dominicana es un socio fundamental para enfrentar redes criminales que, por definición, no respetan fronteras.
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¿Qué le permitió obtener esos resultados?

La confianza, el intercambio rápido de información y el contacto directo entre las instituciones son fundamentales.
La cooperación contra el crimen organizado requiere mucho más que acuerdos formales. Requiere relaciones personales y profesionales construidas durante años.
Creo que debemos continuar fortaleciendo la cooperación entre Policía Nacional, DNCD, DNI, CESAC, Migración, Procuraduría y sus contrapartes neerlandesas.
Aproximadamente 56,000 dominicanos viven en el Reino de los Países Bajos. ¿Qué representa esa diáspora para la relación bilateral?
Es uno de los vínculos más importantes y más humanos entre nuestras sociedades.
Los dominicanos no son solamente personas que viven en Países Bajos: son empresarios, profesionales, artistas, estudiantes, familias y ciudadanos que conectan nuestras dos sociedades.
La diáspora puede ser un puente extraordinario para fortalecer intercambios culturales, económicos y educativos.
Después de cuatro años viviendo aquí, ¿qué aprendió de República Dominicana que no sabía cuando llegó?
Aprendí mucho sobre la resiliencia dominicana. La capacidad de los dominicanos para enfrentar dificultades, adaptarse y seguir adelante me ha impresionado profundamente.
También aprendí que República Dominicana es mucho más diversa de lo que puede parecer desde fuera. Cada región tiene su propio encanto. Disfruté sus playas, montañas y frutas deliciosas, al igual que el fuerte sentimiento de identidad y orgullo nacional que les caracteriza.
¿Qué fue lo que más le sorprendió de los dominicanos?
La calidez y la capacidad de disfrutar de la vida.
Los dominicanos tienen una energía muy particular. Son personas que pueden estar enfrentando dificultades y, al mismo tiempo, encontrar una razón para celebrar, compartir y ayudar a los demás.
Eso es algo que realmente admiro.
¿Qué sabe que va a extrañar?
Voy a extrañar muchas cosas, pero sobre todo a las personas.
También voy a extrañar la bicicleta, el clima, el mar y, por supuesto, la comida. Y creo que cada vez que coma una piña o un aguacate en Países Bajos voy a compararlos inevitablemente con los de República Dominicana.
Usted ha dicho que República Dominicana “ha cautivado su corazón”. ¿Qué tiene nuestro país que produjo ese efecto en usted?
Es una combinación de muchas cosas: la naturaleza, el clima, la música, la cultura, la energía de Santo Domingo, el Caribe, pero, sobre todo, las personas.
Usted deja el país, pero la relación bilateral continúa. ¿Cuál debería ser el próximo gran capítulo entre República Dominicana y Países Bajos?
Me gustaría ver una relación todavía más estratégica y orientada hacia el futuro.
Más comercio, más inversión, más cooperación tecnológica y científica, pero también una cooperación más profunda en cambio climático, agua, energía, movilidad sostenible y seguridad.
Y me gustaría ver que nuestras relaciones con los territorios caribeños del Reino también sigan formando parte de esta conversación. Somos vecinos en el Caribe. Esa cercanía geográfica debe continuar convirtiéndose en oportunidades concretas.
¿Qué tres recomendaciones le dejaría a su sucesor?
Primero, escuchar. República Dominicana está cambiando rápidamente y es importante entender el país desde dentro.
Segundo, mantener y ampliar las redes que hemos construido con el Gobierno, el sector privado, la academia y la sociedad civil.
Y tercero, mantener la ambición. Hay muchísimo potencial en esta relación y no deberíamos conformarnos con lo que ya hemos conseguido.
Si regresara dentro de diez años, ¿qué República Dominicana le gustaría encontrar?
Me gustaría encontrar una República Dominicana que haya mantenido su dinamismo económico, pero que haya conseguido convertirlo aún más en bienestar para toda la población.
Me gustaría ver ciudades más verdes, transporte público más eficiente, mejor gestión del agua y de los residuos, ecosistemas mejor protegidos y una educación pública de mayor calidad.
Espero encontrar también un país que continúe siendo abierto, democrático, innovador y orgulloso de lo que ha conseguido.
Pero, sobre todo, espero que cuando vuelva siga reconociendo la misma energía y calidez de los dominicanos.
Y para cerrar: después de cuatro años, ¿se marcha solamente como representante del Reino de los Países Bajos o siente que también se va como amigo y, de alguna manera, como embajador de República Dominicana en su país?
Me voy, por supuesto, como representante del Reino de los Países Bajos, pero también me voy como amigo de República Dominicana.
He tenido el enorme privilegio de representar a mi país aquí durante cuatro años, y también he tenido el privilegio de conocer a este país y a su gente de una manera que va mucho más allá de mi función diplomática.
Cuando regrese a Países Bajos, llevaré conmigo muchas historias, muchos amigos y un enorme cariño por República Dominicana.
Así que sí, de alguna manera, creo que seré también un pequeño embajador de República Dominicana en Países Bajos.
Y espero poder seguir contribuyendo, desde donde esté, a que nuestros dos países continúen acercándose.
