El 18 de agosto pasado, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) presentó el Programa de Seguridad Hídrica del Embalse Hatillo para garantizar el suministro de agua al Gran Santo Domingo (GSD), Monte Plata y Sánchez Ramírez. El proyecto contempla la construcción de 85 km de tuberías para transportar, en una primera etapa, 5.5 metros cúbicos de agua por segundo (5.5 m3/s), con una inversión de US$750 millones. No tenemos la capacidad ni disponemos de elementos de juicio para evaluar la bondad de dicho proyecto y las ventajas que exhibe frente a otras infraestructuras hídricas para atender la demanda de agua potable en el Gran Santo Domingo (GSD), específicamente, la Presa de (Madrigal) Haina (6 m3/s) y la Presa Don Juan (3 m3/s) en la cuenca alta del río Ozama. Algunos técnicos sostienen que mientras más cerca estén las fuentes de abastecimiento mayores son las ventajas para el suministro del servicio de agua potable, pues se reducen las pérdidas que se producen cuando el agua tiene que recorrer largas distancias. Hace seis años, el director general de la CAASD planteó que el Gobierno disponía de varias propuestas para resolver el problema de abastecimiento del GSD, entre las cuales estaban la presa de Haina y la presa del bajo Yuna, y que él favorecía la Presa de Haina. Esa discusión, sin embargo, hay que delegarla a los expertos.
En la que sí uno se siente tentado a entrar es la que, desde nuestro punto de vista, resulta ser la más oportuna e importante en este momento, la que se deriva de la revelación hecha el 22 de septiembre de 2020 por el director general de la CAASD: de los 405 millones de galones de agua al día que se entregan al GSD, el 60% se pierde.
Partiendo de esa afirmación, uno está obligado a preguntar lo siguiente: ¿Querría eso decir que de los 5.5 m3/s de agua potable que entregaría el Proyecto Hatillo al GSD, 3.3 m3/s se perderían? Si la respuesta a la pregunta es afirmativa, a pesar de no ser experto en la gestión de los recursos hídricos, la utilización del sentido común nos llevaría pensar que, antes de debatir cuál sería el mejor proyecto para proveer más agua al GSD, quizás debemos concentrar los recursos financieros externos que podamos obtener para ejecutar un programa integral de reducción de las pérdidas en el suministro y del desperdicio de agua potable.
Luego de estudiar la presentación de Magda Duarte, ingeniera especializada en diseño y supervisión de infraestructuras hidráulicas y sanitarias, en el Conversatorio “Solución Acueducto de Santo Domingo Presente y Futuro” organizado por la Asociación Dominicana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (ADIS) el pasado 17 de julio de 2026, no tengo la menor duda de que la decisión más sensata y oportuna que debería tomar la administración del presidente Abinader es la de concentrar todos los esfuerzos en reducir el nivel alarmante de las pérdidas de agua potable que la CAASD situó en 60% de toda el agua potable inyectada al GSD en septiembre de 2020.
La situación del servicio de agua en el GSD es la siguiente. Contamos con una capacidad nominal instalada para producir 26.6 m3/s de agua y una producción efectiva de 20.1 m3/s. Mientras los sistemas por gravedad exhiben una producción efectiva (8.08 m3/s) en perfecta sintonía con la capacidad de producción nominal (8.06 m3/s), los sistemas por bombeo producen efectivamente (12.05 m3/s) un 35% por debajo de su capacidad nominal (18.6 m3/s). En consecuencia, la estrategia integral para mejorar el suministro de agua potable al GSD debe comenzar con el fortalecimiento de la eficiencia energética, el mantenimiento adecuado de los equipos, la continuidad operacional y la gestión de las estaciones de bombeo, teniendo en cuenta que estos sistemas son responsables del 70% de la capacidad nominal de producción de agua para el GSD.
El problema principal, sin embargo, es que no se llega muy lejos produciendo más agua cuando las pérdidas en el transporte, distribución y entrega del valioso recurso son enormes. Los datos ofrecidos por la ingeniera Duarte, validan la revelación de la CAASD sobre el 60% de las pérdidas en la distribución del agua producida e inyectada. Partiendo de una población de 3.97 millones, la capacidad nominal de producción de agua para el GSD es de 579 litros por persona por día (579 l/p/d) y la producción efectiva es de 438 l/p/d. Si se tiene en cuenta que en América Latina el consumo promedio de agua potable es de 167 l/p/d y que en el mundo el promedio es 189 l/p/d, está claro que el “problema de la falta o escasez de agua” en el GSD no tiene absolutamente nada que ver con una baja capacidad de producción nominal o efectiva sino con el hecho de que las pérdidas en la distribución del agua son gigantescas.
¿Cuánto de los 438 l/p/d finalmente llega? Nadie lo sabe pues al no disponer de un sistema permanente de detección de fugas en las tuberías, al no existir un catastro o mapeo actualizado de la red de tuberías que permita detectar conexiones ilegales o clandestinas, al no contar con un sistema efectivo y generalizado de macro y micromedición, lo que prevalece es una “gestión a ciegas” del recurso natural más valioso e indispensable para la vida humana que disponemos. Hemos olvidado, lamentablemente, la sentencia del físico y matemático británico William Thomson Kelvin cuando, en 1883, al pronunciar su célebre discurso “Unidades Eléctricas de Medida” ante la Institución de Ingenieros Civiles de Londres, dictaminó lo que ha devenido en el tiempo en la máxima “lo que no se mide, no se puede controlar; lo que no se puede controlar, no se puede administrar; y lo que no se puede administrar, no se puede mejorar.”
Más que un programa para aumentar el envío de más agua al GSD para que se pierda el 60%, lo que debemos ejecutar es un programa para enfrentar las pérdidas en el suministro. La CAASD ha sido la primera en reconocer la existencia de una cantidad anormal de fugas en las tuberías. Existen varias tecnologías efectivas para detectar fugas en tuberías de acueductos y permitir la ejecución de un programa no traumático de corrección de estas. Existe un número mayor de empresas extranjeras con experiencia y reputación sobradas para proveer este servicio a la CAASD.
Debe medirse toda el agua que entra al GSD, lo que permitiría determinar si, antes de la llegada, “la diligencia” que trae el agua sufrió robos o debilitamiento durante el trayecto. Más importante aún es la instalación de medidores en todas las unidades que consumen agua potable (empresas de todo tipo, viviendas y apartamentos) y establecer un sistema de tarifas que desincentive el desperdicio. Lo que se regala o se entrega a un precio extremadamente subsidiado no se valora, produciéndose el desperdicio. Lo aconsejable sería fijar una tarifa subsidiada para el primer metro cúbico diario de agua por hogar (2.5 veces el consumo básico estimado por la OMS para un hogar de 4 personas) y luego una tarifa que permita a la CAASD cubrir el costo total de producción y provisión del servicio de agua potable. Sin las señales de precios correctas el desperdicio continuará, empujando las finanzas públicas al despeñadero. Cuando el agua tenga un precio razonable, la población entenderá mejor aquella frase de los años 60, “el agua es vida, no la desperdicies”. ¿Por qué si en Santiago los hogares pagan a la CORAASAN RD$19.10 por m3 de agua, en la Capital pagamos a la CAASD RD$6.00 por los primeros 32 m3 y RD$8.00 por los m3 adicionales?
Una vez trazada la estrategia, la ejecución deberá avanzar contra viento y marea. El agua es un recurso demasiado importante como para permitir que su gestión sea capturada por el populismo o la politización. La clase política dirigente no puede gobernar para la inmediatez. Seguir utilizando una tasa hiperbólica para descontar el futuro es una actitud irresponsable pues estaríamos delegando a las futuras generaciones la solución de un problema provocado por nuestra adicción al populismo.
