Petróleo caro costaría a RD 0.98 puntos del PIB

República Dominicana. Un escenario de petróleo más caro tendría un impacto negativo equivalente a 0.98 puntos del PIB sobre el comercio energético dominicano, de acuerdo con las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un contexto regional donde solo seis de las 24 economías analizadas registrarían una mejora.

La cifra no significa que la economía dominicana vaya a caer 0.98 %. Representa el deterioro del intercambio energético en relación con el tamaño de la economía: los recursos adicionales que el país tendría que destinar a comprar la energía que necesita importar.

El ejercicio de la CEPAL parte de un precio promedio del Brent de US$86 por barril para 2026, un 25 % superior al promedio de 2025, en un escenario marcado por disrupciones alrededor del estrecho de Ormuz que reducen la oferta disponible y presionan al alza los precios energéticos.

La exposición dominicana resulta particularmente relevante porque el mayor impacto no provendría del petróleo crudo, sino de los productos energéticos que el país compra en el exterior.

Combustibles refinados concentran el mayor impacto

En el caso dominicano, los combustibles derivados restarían 0.57 puntos del PIB al comercio energético bajo el escenario planteado por la CEPAL. El gas representaría un efecto negativo adicional de 0.26 puntos, mientras que el petróleo crudo restaría 0.16 puntos.

La composición muestra que, para una economía importadora como República Dominicana, el aumento del precio internacional del petróleo no se transmite únicamente a través de la compra de crudo.

Los combustibles ya procesados representan el principal componente del impacto, seguidos por el gas. Esto es relevante porque gasolina, diésel y otros derivados son utilizados para movilizar vehículos, operar empresas y sostener distintas actividades económicas.

Al sumar los tres componentes, el resultado es el deterioro de 0.98 puntos del PIB estimado por la CEPAL.

La magnitud del efecto también ayuda a explicar por qué el resultado regional puede ser positivo mientras la mayoría de los países pierde.

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El petróleo caro no afecta igual a toda la región

El ejercicio de la CEPAL estima que el comercio energético de América Latina y el Caribe tendría una mejora de apenas 0.05 puntos del PIB ante el escenario de precios considerado.

Sin embargo, esa cifra oculta diferencias importantes entre las economías.

El petróleo crudo aportaría 0.33 puntos del PIB al resultado regional, debido al aumento del valor de las exportaciones de los países productores. En sentido contrario, los combustibles refinados restarían 0.25 puntos y el gas otros 0.03 puntos.

En otras palabras, el mayor valor obtenido por las exportaciones de crudo prácticamente se diluye al considerar el encarecimiento de los combustibles y el gas importados.

Por eso, 18 de los 24 países analizados registrarían un deterioro, mientras apenas seis obtendrían una mejora suficiente para mantener el resultado regional ligeramente positivo.

Los países favorecidos son Guyana, Trinidad y Tobago, Ecuador, Colombia, Brasil y Argentina.

Guyana presenta el mayor resultado relativo, con una mejora equivalente a 17.12 puntos de su PIB. Le siguen Trinidad y Tobago, con 1.51 puntos; Ecuador, con 0.86; Colombia, con 0.51; Brasil, con 0.30, y Argentina, con 0.16.

Estas cifras expresan el efecto en relación con el tamaño de cada economía y no permiten concluir cuál país obtiene la mayor ganancia en términos absolutos.

El caso de México evidencia, además, que ser productor de petróleo no garantiza necesariamente un resultado positivo. El mayor valor de sus exportaciones de crudo aportaría 0.29 puntos del PIB, pero el encarecimiento de los combustibles refinados importados restaría 0.34 puntos. El resultado final quedaría ligeramente negativo, en 0.04 puntos.

El precio no es el único factor

Para aislar el efecto de los precios, la CEPAL mantiene constantes en su ejercicio las cantidades de energía que cada país compraba y vendía en 2024. Es decir, la simulación supone que los países mantienen esos mismos volúmenes, pero enfrentan los precios previstos para 2026.

Por tanto, lo que cambia en el ejercicio es el precio de la energía, no las cantidades comercializadas.

Esto es importante para interpretar el resultado dominicano. Un aumento de la factura energética observado en la realidad puede responder tanto a mayores precios como a un incremento del volumen importado.

Los datos suministrados para 2026 muestran precisamente esa diferencia.

Entre enero y junio, las importaciones petroleras de República Dominicana alcanzaron US$3,022.64 millones, un aumento de 23.21 % frente al mismo período de 2025.

De ese monto, US$1,804.83 millones correspondieron a productos blancos derivados, categoría utilizada para agrupar combustibles ya refinados. Ese componente representó casi seis de cada diez dólares de la factura petrolera y aumentó 29.82 % interanual.

Sin embargo, un mayor valor importado no significa automáticamente que todo el incremento responda a precios más elevados.

Durante el primer trimestre de 2026, por ejemplo, la factura petrolera aumentó 9.1 %, pero la cantidad importada creció 11.5 %, mientras que el precio del petróleo y sus derivados aumentó 1.5 %.

El comportamiento indica que durante ese período el país compró más energía, y que el aumento de los precios tuvo una participación menor en el crecimiento de la factura.

Cada dólar adicional tiene un costo

La vulnerabilidad aumenta cuando el volumen importado y los precios suben simultáneamente.

De acuerdo con la Asesoría de la Gobernación del Banco Central de la República Dominicana, cada incremento de US$1 en el precio de referencia del petróleo elevaría la factura petrolera nacional en unos US$63.4 millones.

La cifra es una estimación del impacto de un aumento adicional de un dólar y no representa un gasto ya efectuado.

Para República Dominicana, el riesgo de un escenario prolongado de precios elevados está, por tanto, vinculado con su necesidad de adquirir energía en el exterior. Cuanto más caro sea el petróleo, los derivados y el gas, mayores recursos deberá destinar el país a cubrir esa demanda energética, salvo que se produzcan cambios en los volúmenes importados o en otras variables del comercio.

Exportar petróleo tampoco garantiza el beneficio

El contraste regional muestra que el precio elevado del crudo genera una transferencia de ingresos hacia los países que venden petróleo, pero también eleva el costo de la energía para las economías que dependen de las importaciones.

En los países exportadores, el aumento del precio puede incrementar los ingresos externos y fortalecer las finanzas públicas. Pero incluso en esas economías el beneficio no necesariamente se distribuye de manera uniforme entre empresas, Estado y hogares.

Trinidad y Tobago ilustra esa diferencia. La CEPAL estima una mejora de 1.51 puntos del PIB en su comercio energético, mientras que el Fondo Monetario Internacional proyecta una contracción de 4.5 % de su sector energético en 2026, aun cuando la economía en conjunto crecería 0.8 %.

Ambas situaciones pueden coexistir: vender petróleo y gas a precios más altos puede generar mayores ingresos aunque la producción disminuya.

En República Dominicana ocurre la situación opuesta. Al no contar con el mismo peso exportador de hidrocarburos, el aumento del valor de la energía importada genera una presión sobre los recursos que salen del país.

El resultado regional resume esa asimetría: un beneficio de 0.33 puntos del PIB por el mayor valor del crudo exportado termina reducido a apenas 0.05 puntos después de descontar el impacto de los combustibles refinados y el gas.

Para RD, el balance es negativo en 0.98 puntos del PIB, con los combustibles derivados como principal fuente de presión.

El escenario deja una conclusión central: el efecto de un petróleo caro depende menos de que un país esté en una región productora y más de cuánto vende, cuánto necesita comprar y qué tipo de energía domina su comercio. Para una economía dependiente de las importaciones energéticas como la dominicana, el aumento de los precios internacionales se traduce principalmente en una mayor salida de recursos para sostener el consumo de combustibles y gas.

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