República Dominicana. –El sistema eléctrico dominicano ha experimentado en los últimos años un proceso importante de expansión, pero la realidad que enfrenta buena parte de los usuarios sigue recordando que generar más electricidad no es suficiente: también hay que distribuirla con calidad y mantener una red capaz de responder al crecimiento de la demanda.
Durante septiembre se han mantenido programas de mantenimiento, sustitución de estructuras y rehabilitación de redes en distintas zonas del país. ETED ha ejecutado trabajos en líneas de transmisión, mientras las distribuidoras avanzan en proyectos para ampliar y modernizar sus infraestructuras.
Estas intervenciones son necesarias y, en muchos casos, implican interrupciones programadas. El problema aparece cuando el ciudadano no logra distinguir entre una suspensión planificada, una avería puntual y una falla recurrente del circuito que le corresponde.
La calidad del servicio eléctrico debe medirse desde la experiencia del usuario. Para una familia, un comercio, una industria o una institución educativa, perder varias horas de electricidad representa costos concretos: alimentos que pueden dañarse, equipos que se afectan, negocios que reducen su productividad y actividades que deben ser suspendidas.
El país tampoco puede perder de vista que la demanda eléctrica continúa creciendo. En julio, el sistema alcanzó un récord histórico de 4,203 MW, una señal clara de que la expansión de la economía y las altas temperaturas están presionando cada vez más la infraestructura.
Por eso, el reto no consiste únicamente en responder a las averías cuando ocurren. Se requiere planificación de largo plazo, mantenimiento preventivo, modernización de las redes, reducción de pérdidas y capacidad suficiente en las zonas donde la demanda está creciendo con mayor rapidez.
La inversión eléctrica debe sentirse en la calidad del servicio. El ciudadano tiene derecho a que las mejoras anunciadas en generación, transmisión y distribución terminen reflejándose en algo tan básico como encender un interruptor y contar con electricidad estable.
Los apagones no pueden convertirse en una nueva normalidad que la sociedad simplemente aprenda a tolerar. El objetivo final de toda inversión en el sistema debe ser un servicio más confiable, predecible y de mayor calidad.
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