Semana Santa 2025: Las motocicletas siguen ganando la batalla a la prevención

La Semana Santa 2025 llegó a su fin. Como cada año, miles de dominicanos se volcaron a los pueblos del país en busca de descanso, espiritualidad o simple entretenimiento. Y, como cada año también, el luto se impuso en decenas de hogares.

Los datos son claros: de los 166 accidentes de tránsito reportados por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), 145 involucraron motocicletas. Una cifra que no solo alarma, sino que evidencia una brecha en nuestras políticas de prevención vial.

La paradoja es dolorosa. A pesar del recogimiento que marcó esta semana, probablemente influenciado por la tragedia reciente del colapso del Jet Set, los accidentes se mantuvieron como la principal causa de muerte durante el feriado. Veintitrés personas fallecieron en apenas cuatro días, casi todas por causas evitables.

La motocicleta —ese medio de transporte que para muchos representa libertad, economía y agilidad— se ha convertido también en el símbolo más visible del caos vial dominicano. En un país donde las normas de tránsito no se respetan en su totalidad y el casco protector es más opcional que obligatorio.

El editorial de hoy no es contra los motociclistas. Es un grito colectivo por su seguridad. Es también un reclamo al Estado dominicano. Las campañas de prevención no pueden limitarse a semanas específicas ni a boletines estadísticos. La seguridad vial necesita un cambio estructural: educación desde las escuelas, fiscalización real en las calles, sanciones efectivas y, sobre todo, voluntad política.

No podemos seguir aceptando como “normal” que familias enteras viajen sobre una motocicleta sin ningún tipo de protección. No podemos seguir permitiendo que los hospitales colapsen tras cada feriado con víctimas que pudieron haberse salvado si hubiesen usado un casco. No podemos conformarnos con la publicación de cifras cada Domingo de Resurrección sin exigir acciones concretas el lunes siguiente.

Los motociclistas no deben ser estigmatizados. Deben ser protegidos, formados, respetados. Pero también deben asumir su cuota de responsabilidad. Porque la seguridad vial es un compromiso compartido. Y porque cada vida que se pierde en el pavimento representa una falla colectiva.

La República Dominicana no puede seguir encabezando el ranking mundial de muertes por accidentes de tránsito per cápita. Es hora de frenar la curva. Y eso se logra con acción, con vigilancia y, sobre todo, con conciencia.

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