Todo comienza en el agua: enfrentar el sargazo a escala es el primer paso para proteger el turismo y la biodiversidad

El sargazo no es solo un problema cuando interfiere con el disfrute de las playas cristalinas que caracterizan a la República Dominicana y al Caribe. Tampoco es una simple molestia para turistas y residentes, ni un residuo que pueda manejarse sin un sistema especializado y preparación adecuada. Es una crisis ambiental, sanitaria y económica que irrumpe con fuerza cuando llega, pero cuya breve ausencia tiende a generar una falsa sensación de normalidad. Cada año regresa con mayor volumen, y sigue amenazando el capital natural que sustenta uno de los principales motores económicos de la región: el turismo. Nuestros ecosistemas marinos, nuestras fuentes de ingreso y la calidad de vida de millones de personas están en juego.

Las cifras son elocuentes. Esta semana, la Universidad del Sur de Florida registró un nuevo récord histórico: más de 37.5 millones de toneladas de sargazo flotan actualmente en la región, en camino hacia nuestras costas. Cuando no se gestiona adecuadamente, este volumen se acumula en las playas, se descompone, se mezcla con la arena, libera gases tóxicos como el metano, altera el pH del agua, reduce el oxígeno y provoca muertes masivas de peces, tortugas, corales y otras especies. Esto no solo afecta la biodiversidad, sino también la seguridad alimentaria de comunidades que dependen directamente del mar.

El impacto económico es igualmente contundente. Se han documentado caídas del turismo de entre 7 y 35 por ciento en zonas severamente afectadas, cierres temporales de hoteles, cancelaciones de reservas y pérdidas millonarias en infraestructura costera. En regiones como Bávaro, Punta Cana, Bayahibe, Boca Chica, Barahona, solo por mencionar algunos destinos, el sargazo ya no es un fenómeno estacional: es una amenaza crónica. Las pérdidas económicas se agravan aún más cuando el sargazo interfiere con la generación eléctrica, como ha ocurrido en Punta Catalina. Solo por citar un ejemplo, si se interrumpe una operación promedio de 13.42 GWh por día, con una tarifa de venta de $7.08 pesos por kilovatio hora, la pérdida equivale a más de 95 millones de pesos diarios.

A esto se suma el impacto sobre la salud humana. Diversos estudios han documentado aumentos en síntomas respiratorios, cefaleas, náuseas y crisis asmáticas en personas expuestas a grandes concentraciones de sargazo en descomposición, especialmente cuando hay presencia de ácido sulfhídrico. Esto afecta tanto a trabajadores del sector turístico como a comunidades costeras vulnerables.

Frente a esta complejidad, urge actuar. Y actuar en el lugar donde realmente importa, donde se puede marcar la diferencia: en el mar. Enfrentar el sargazo desde el agua no es solo lo más lógico. Es lo más eficiente, lo más seguro y lo más estratégico. Lo que no se gestiona en el mar termina colapsando la orilla.

Recolectar el sargazo en el mar o en zonas de acumulación temprana permite evitar su descomposición, proteger las playas, mantener operativas las infraestructuras turísticas y reducir drásticamente los costos de limpieza posterior. También se evita el uso de maquinaria pesada en la costa, como tractores y excavadoras, que erosionan las playas y pueden causar daños irreversibles a los ecosistemas. Además, es la única manera de obtener biomasa en condiciones adecuadas para su transformación industrial, abriendo la puerta a usos productivos como bioestimulantes, cosméticos, alimentación animal y bioplásticos. Sin gestión en el agua, no hay materia prima viable ni industria posible.

Desde 2018, desde el Massachusetts Institute of Technology (MIT), SOS Carbon ha trabajado para demostrar la viabilidad y escalabilidad de una gestión integral del sargazo en el mar. A través de un portafolio de tecnologías, productos, equipos y servicios, SOS Carbon ha comprobado cómo se puede aprovechar la infraestructura existente en la República Dominicana y en la región, incluso en contextos donde estas costas han sido diseñadas exclusivamente para el turismo, no para enfrentar millones de toneladas de algas invasoras.

El equipo de ingenieros en el MIT y en SOS Carbon diseñó el Littoral Collection Module (LCM), una estructura metálica que adapta embarcaciones locales para convertirlas en recolectoras de alta capacidad. Esta se monta a la embarcación en menos de 20 minutos. Cada unidad tiene capacidad de hasta 70 toneladas por día laboral. Asimismo, cada embarcación puede generar más de 10 empleos directos. Hoy, este sistema ha operado en México, Antigua y Barbuda, Puerto Rico y la República Dominicana. El LCM se integra con el uso de barreras de contención, pero la recolección debe ser la primera etapa. Sin ella, las barreras fallan al sargazo pasar por encima debido al oleaje o simplemente representan una inversión perdida.

Gracias a su eficiencia, el sistema ha sido adoptado por actores tan diversos como hoteles, complejos turísticos, generadoras eléctricas y marinas. Por eso, sostenemos con firmeza y evidencia que la recolección marina debe ser reconocida como el primer paso esencial para enfrentar esta crisis ambiental y, al mismo tiempo, habilitar nuevas industrias sostenibles.

Toda estrategia integral frente al sargazo debe comenzar en el agua. No al final del proceso, cuando el daño ya está hecho, sino desde el principio, cuando todavía hay tiempo para prevenir, recuperar y transformar. Esto no solo reduce costos y protege el turismo. También preserva la biodiversidad marina, protege la salud de nuestras comunidades y genera oportunidades económicas donde más se necesitan.

Desde SOS, seguimos convencidos de que mitigar el sargazo a escala requiere preparación, conocimiento técnico y decisiones estratégicas. La más importante de todas es dónde actuar primero, y un liderazgo firme que priorice la preparación sobre la improvisación.

El sargazo lleva más de 14 años afectando nuestras costas. Es momento de actuar. En SOS, junto con el MIT y el ecosistema de aliados que hemos construido, hemos demostrado cómo la tecnología aplicada puede ir más allá de la mitigación y convertirse en motor de transformación ambiental, social y económica.

Liderar la respuesta al sargazo no se trata de reaccionar. Se trata de anticiparse. Y todo comienza en el agua, con sistemas validados, costo-eficientes y capaces de generar empleos y nuevas industrias.


 Andrés Bisonó León
Fundador y CEO de SOS Carbon y SOS Biotech
MBA, MIT Sloan School of Management

 

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