Movilidad sostenible

El crecimiento acelerado del parque vehicular en la República Dominicana se ha convertido en una señal de alerta que trasciende las estadísticas. Cada año circulan más automóviles, pero no necesariamente mejores soluciones de transporte. Esta expansión, lejos de traducirse en progreso, evidencia una falta de planificación integral que compromete la calidad del aire, la movilidad urbana y el bienestar ciudadano.

El transporte es hoy uno de los sectores con mayores emisiones de CO₂ en el país, y a pesar de los compromisos asumidos en materia de cambio climático, la República Dominicana aún no ha alcanzado su meta para iniciar la descarbonización del sector. Las políticas públicas han avanzado en diagnósticos y estrategias, pero no en resultados tangibles. La electrificación vehicular, por ejemplo, sigue siendo marginal frente al volumen de vehículos de combustión que ingresan al parque automotor cada año.

La falta de un plan coherente entre infraestructura vial, transporte público y transición energética impide que el país dé pasos firmes hacia un modelo sostenible. Las ciudades continúan creciendo sin un sistema de transporte masivo eficiente, mientras el aumento de motocicletas y automóviles privados agrava la congestión y la contaminación. Sin una estrategia que vincule incentivos fiscales, inversión pública y regulación ambiental, la promesa de una movilidad limpia seguirá siendo un discurso más que una realidad.

Descarbonizar el transporte no es solo una meta ambiental: es una decisión estratégica para el futuro económico y social del país. Apostar por vehículos eléctricos, transporte público moderno y ciudades pensadas para las personas, no para los carros, significa invertir en salud, productividad y competitividad.

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