Las autoridades rusas confirmaron este viernes un nuevo vertido de petróleo en el mar Negro, originado aparentemente por los recientes ataques ucranianos con drones contra una terminal portuaria de exportación de crudo. El vertido se produjo en el puerto de Tuapsé, ubicado en la región de Krasnodar, una de las principales zonas de exportación de crudo de Rusia.
Según informaron las autoridades locales, la mancha de crudo logró llegar hasta el mar tras superar las barreras flotantes de contención, debido a las intensas lluvias que elevaron el nivel del río Tuapsé. En estos momentos, los equipos de limpieza están trabajando para recoger el crudo que ha alcanzado las costas cercanas, mientras que las labores en la refinería de Tuapsé, donde se registró un incendio, se dieron por concluidas ayer, tras varios días de esfuerzos.
Según indicó el portal EFE, el vertido de petróleo se origina a raíz de los ataques registrados el 16 y el 20 de marzo. Estos eventos han puesto en evidencia la vulnerabilidad de las infraestructuras clave en la región, lo que agrava aún más la situación medioambiental y económica derivada del conflicto.
Este vertido se suma a una serie de incidentes ocurridos en los últimos meses. El 20 de abril, las autoridades regionales de Krasnodar acusaron a Ucrania de ser responsable de los recientes derrames de crudo, derivado de los ataques a instalaciones energéticas y portuarias. Según las estimaciones oficiales, la contaminación alcanzó una extensión aproximada de 10,000 metros cuadrados.
Además, el 11 de abril, se detectó otra mancha de petróleo en las costas de Anapa, a unos 150 kilómetros al noroeste de Tuapsé. En esta ocasión, más de 200 aves empapadas en fuel fueron rescatadas por los servicios de emergencia. También a principios de abril, un buque mercante se hundió en el mar de Azov tras un ataque de dron ucraniano, aumentando el riesgo de un nuevo derrame de combustible.
Este nuevo vertido no solo tiene repercusiones ambientales, sino también económicas y estratégicas. Según los especialistas, los ataques ucranianos han mermado considerablemente la capacidad exportadora de petróleo de Rusia en los mares Negro y Báltico, en un contexto global donde los precios del crudo continúan en niveles elevados debido a la guerra en Irán.
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El conflicto, que ha afectado tanto las exportaciones energéticas de Rusia como la estabilidad ambiental en la región, está desafiando la capacidad de las autoridades rusas para gestionar los impactos a largo plazo. La contaminación en una de las zonas más turísticas del país y su repercusión en el mercado energético global continúan siendo elementos clave en la situación actual.
El vertido de petróleo en el mar Negro no es un incidente aislado. A finales de 2024, dos petroleros se hundieron cerca del estrecho de Kerch, entre los mares de Azov y Negro, lo que resultó en una catástrofe ecológica que aún afecta las costas de la región. A pesar de los esfuerzos por limpiar la zona, las costas siguen sufriendo las secuelas de ese desastre.
Este nuevo vertido pone en evidencia la falta de recuperación ambiental en la región y las dificultades para contener los daños provocados por los constantes ataques a las infraestructuras clave de la industria energética rusa.
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