Argentina.- La pavimentación de la Ruta Nacional 51, considerada uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo minero de la Puna salteña, tendrá un nuevo intento de ejecución, esta vez con una participación directa del sector privado. El Grupo AGV, liderado por Diego Pestaña, asumirá el movimiento de suelo y la pavimentación del tramo comprendido entre Alto Chorrillo y Campo Amarillo, de aproximadamente 15 kilómetros, mediante un esquema de financiamiento que combinará recursos del Gobierno nacional argentino, la Provincia de Salta y empresas mineras.
El anuncio fue realizado durante la convención internacional Argentina Mining 2026, celebrada en la provincia de Salta, donde se informó que los trabajos operativos comenzarían en abril de 2027, con un plazo estimado de ejecución de diez meses.
La iniciativa contempla un esquema de financiamiento tripartito en el que participarían Vialidad Nacional, el Gobierno de Salta y empresas del sector minero. La incorporación de recursos privados busca acelerar una obra que lleva más de una década entre anuncios, adjudicaciones, licitaciones, estudios y distintas alternativas de financiamiento.
La pavimentación de este tramo cobra especial importancia por el crecimiento de la actividad minera en la Puna argentina, particularmente de los proyectos vinculados con el litio, que han generado un fuerte aumento del tránsito de camiones y equipos pesados por la zona.
La Ruta 51, un cuello de botella para la minería
El deterioro de la calzada, las condiciones de alta montaña y el incremento de la circulación pesada han convertido a la Ruta Nacional 51 en uno de los principales problemas de infraestructura para la actividad productiva de Salta.
La vía también forma parte de la conexión de la provincia con el Paso de Sico, en la frontera con Chile, y durante años fue presentada como una pieza estratégica del Corredor Bioceánico, debido a su potencial para conectar las zonas productivas del noroeste argentino con los puertos del norte chileno.
Con la expansión de la minería del litio, esa importancia aumentó. El crecimiento de los proyectos en la Puna ha elevado las necesidades de transporte de maquinaria, insumos y producción, colocando mayor presión sobre una carretera cuya pavimentación completa continúa pendiente.
Diego Pestaña explicó que la situación de la ruta constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo de la actividad. “El cuello de botella es la ruta nacional 51. El gobierno provincial tomó la decisión de encarar, de ver de qué forma solucionarlo”, afirmó durante el encuentro.
El empresario señaló que, a partir del nuevo esquema, se avanzará con dos de los cinco tramos en los que fue dividida la ruta. “Uno de esos tramos está en ejecución, el segundo tramo, que es el tramo 3, lo estamos iniciando en un consorcio. Ya iniciamos la construcción de esa obra”, indicó.
Sector privado toma la iniciativa
Pestaña reconoció que la construcción de infraestructura pública no forma parte de la actividad habitual del Grupo AGV, pero sostuvo que las necesidades de la región llevaron a la empresa a asumir una responsabilidad para impulsar la obra.
“La verdad que nunca hicimos obra pública, no nos dedicamos a la obra pública, pero sí tenemos una responsabilidad pública. Tenemos responsabilidad que esto se haga, y asumimos llevarlo adelante”, afirmó.
El empresario destacó además que se trata de una obra que fue adjudicada hace años y que todavía no se ha concretado. “Y hacer esta obra, que fue adjudicada en el año 2012, todavía no se hizo. Asumimos el compromiso de hacerla en diez meses”, agregó.
El nuevo modelo pretende aprovechar la participación de las compañías mineras que utilizan la infraestructura para acelerar una obra que, bajo los mecanismos tradicionales de contratación y financiamiento, ha enfrentado múltiples interrupciones.
Una obra pendiente desde hace más de una década
La historia de la pavimentación de la Ruta 51 hacia el Paso de Sico se remonta, al menos, a comienzos de la década de 2010. En 2011 se produjo una de las primeras adjudicaciones concretas para completar el pavimento entre Estación Muñano y San Antonio de los Cobres.
Ese proyecto contemplaba unos 21 kilómetros, que finalmente fueron inaugurados en 2017, después de varios años de trabajos.
Ese mismo año, tras la finalización del tramo, el entonces administrador de Vialidad Nacional, Javier Iguacel, anunció que el Gobierno nacional avanzaría con la pavimentación del resto de la Ruta 51 hasta la frontera con Chile. Sin embargo, el Paso de Sico continuó esperando.
El tramo Alto Chorrillo-Campo Amarillo tampoco es nuevo dentro de los planes oficiales. Documentación de 2021 registra que había sido adjudicado a una empresa contratista que posteriormente transfirió su contrato.
Cinco tramos hacia el Paso de Sico
Los aproximadamente 134 kilómetros que separan San Antonio de los Cobres del Paso de Sico fueron divididos en cinco tramos con el objetivo de facilitar su ejecución. Sin embargo, los contratos atravesaron diferentes dificultades y varios procesos quedaron paralizados o sin continuidad.
Uno de los casos corresponde al tramo entre San Antonio de los Cobres y Mina La Poma, donde la empresa contratista quebró y una nueva licitación tampoco llegó a concretarse.
En 2020 volvió a anunciarse el comienzo de obras. Posteriormente, en febrero de 2021, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, encabezó la firma de un acta de inicio para la pavimentación del tramo Mina La Poma-Alto Chorrillos, un proyecto que entonces fue presentado como un paso histórico para la infraestructura provincial.
El financiamiento también fue modificado en diferentes etapas. Al proyecto se incorporaron alternativas de crédito internacional, entre ellas recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Fonplata, además de aportes nacionales y provinciales.
Sin embargo, los años transcurrieron sin que se completara la infraestructura prevista.
Ahora, la participación del sector minero privado abre una nueva etapa para la Ruta 51. El objetivo es que el tramo entre Alto Chorrillo y Campo Amarillo pueda comenzar a ejecutarse en abril de 2027 y quedar terminado en diez meses, en una carretera que se ha convertido en infraestructura crítica para acompañar la expansión de la minería en la Puna argentina.
