La Aurora Gold Mine (AGM) avanza en una de las transiciones energéticas más agresivas del sector minero en la región, impulsando una infraestructura solar que promete transformar por completo su modelo operativo. Lo que comenzó como un proyecto solar modesto se ha convertido en un pilar estratégico dentro de la “Dual Carbon Strategy”, destinada a reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles y los costos asociados a la operación en un entorno remoto.
Durante años, la mina funcionó exclusivamente con generadores diésel, alimentando desde plantas de procesamiento hasta áreas administrativas y residenciales. Con el incremento de la producción —que apunta a una capacidad de 10,000 toneladas por día—, las demandas energéticas crecieron de manera significativa, volviendo insostenible el esquema tradicional.
“Otro nivel de demanda nos obligó a repensar el sistema”, explicó Orette Thomas, subgerente de HSE, quien destacó que el crecimiento de la operación y del personal aceleró la necesidad de alternativas más limpias. “Estamos trabajando para establecer varios parques solares en el sitio… reduciendo la dependencia del diésel y protegiendo el medio ambiente con energía verde y limpia”.
AGM ya ha implementado dos hitos clave en su transición:
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3 MWp instalados en 2023, generando 1.74 millones de kWh al año, lo que evita 2,757 toneladas de CO₂ anuales.
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Una ampliación a 15.27 MWp en 2024, con capacidad para suplir operaciones industriales pesadas, desplazando 6,035 toneladas de diésel y evitando 16,252 toneladas de CO₂. Este sistema aporta además ahorros de US$1.68 millones al año en combustible.
La meta es alcanzar 45 MWp en 2026 y llegar a 90 MWp en 2027, con una generación estimada de 123 millones de kWh anuales. A ese ritmo, AGM prevé superar las 100,000 toneladas de CO₂ evitadas por año, eliminando más del 85% de su huella de carbono respecto a su operación completamente diésel.
Impactos operativos más allá del carbono
La transición no solo reduce emisiones: también disminuye la dependencia de los convoyes de combustible que atraviesan corredores ecológicamente frágiles, reduce mantenimientos de generadores, aporta estabilidad de costos y minimiza riesgos logísticos.
Los beneficios están alineados con estudios citados por el sector:
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La energía solar reduce costos de combustible y transporte.
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Los sistemas híbridos solar–batería–diésel mejoran la resiliencia energética.
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La menor demanda de diésel disminuye riesgos de derrames, emisiones y presión sobre los ecosistemas.
AGM desarrolla sus instalaciones solares en áreas ya intervenidas dentro de la concesión, integrando sistemas de almacenamiento que aseguran continuidad operativa sin aumentar el impacto territorial.
Para los equipos del Greenfield Project (GFP), la transición tiene implicaciones más allá de la técnica. Thomas subraya que los parques solares son “una respuesta pragmática a las necesidades energéticas de una operación en expansión”, además de un gesto tangible de protección ambiental. Esta visión refleja un cambio cultural: de una minería basada en diésel a un modelo de gestión industrial consciente y ambientalmente responsable.
La iniciativa de AGM coincide con los esfuerzos nacionales de Guyana por ampliar el uso de energías renovables. La adopción de soluciones limpias por parte de empresas altamente intensivas en energía representa un aporte estratégico para la seguridad energética, la reducción de la dependencia de importaciones de combustibles y la resiliencia climática del país.
Con su meta de 2027, la Aurora Gold Mine se perfila como un caso de estudio en el Caribe y Sudamérica, demostrando que incluso una mina en la selva, históricamente dependiente de generadores diésel, puede transformarse en un modelo renovable, competitivo y sustentable sin comprometer su producción.
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Con información de News Room.
