La transformación tecnológica del sistema eléctrico está imponiendo nuevas exigencias a las plantas de generación térmica, incrementando los costos operativos y planteando desafíos para la sostenibilidad de futuras inversiones en el sector.
Así lo expresó Armando Rodríguez, director general de Seaboard, durante el panel “Energía después del shock: costos, resiliencia y adaptación empresarial”, realizado en el marco de Visión de Negocios 2026, organizado por la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR).
Durante su intervención, el ejecutivo explicó que las centrales eléctricas modernas deben asumir responsabilidades y requerimientos que van mucho más allá de la generación tradicional de energía.
Entre ellos mencionó la incorporación de sistemas de almacenamiento mediante baterías, mayores estándares de ciberseguridad, nuevas exigencias tecnológicas y la necesidad de contar con personal altamente especializado para operar instalaciones cada vez más complejas.
Según indicó, estos elementos han incrementado significativamente los costos asociados a la operación de las plantas durante los últimos años.
Sin embargo, advirtió que algunos mecanismos económicos existentes dentro del mercado eléctrico fueron diseñados bajo condiciones muy diferentes a las actuales.
Rodríguez señaló que la compensación asociada a la potencia firme fue establecida hace décadas y que, aunque ha experimentado ajustes, el contexto operativo ha cambiado sustancialmente desde entonces.
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A su juicio, la discusión sobre la sostenibilidad de las inversiones energéticas debe considerar esta evolución.
“El sistema tiene hoy requerimientos que antes no existían”, afirmó.
Explicó que las inversiones ya no se limitan a turbinas, combustible e infraestructura convencional, sino que incluyen herramientas digitales, sistemas de respaldo, monitoreo especializado y mecanismos destinados a fortalecer la estabilidad de la red.
Dentro de ese proceso, destacó el papel creciente de las baterías como complemento de las plantas térmicas.
Estas tecnologías permiten ofrecer mayor flexibilidad operativa y responder con mayor rapidez a las necesidades del sistema eléctrico.
No obstante, también representan nuevas inversiones y costos que deben ser recuperados para garantizar la viabilidad financiera de los proyectos.
Rodríguez sostuvo que la estabilidad regulatoria y la existencia de señales económicas adecuadas continúan siendo factores fundamentales para atraer inversión de largo plazo.
Según explicó, los proyectos energéticos requieren elevados desembolsos iniciales y períodos extensos para recuperar el capital invertido.
Por esa razón, los inversionistas observan cuidadosamente las condiciones bajo las cuales operarán sus activos durante décadas.
El ejecutivo advirtió que una remuneración insuficiente podría afectar la capacidad del sistema para atraer nuevas inversiones o incluso dificultar la permanencia de algunas instalaciones dentro del mercado.
Particularmente en el segmento de generación disponible para responder a los momentos de mayor demanda.
En ese sentido, consideró necesario revisar periódicamente las condiciones económicas y regulatorias para asegurar que reflejen la realidad tecnológica y operativa actual.
Rodríguez indicó que el sector eléctrico atraviesa una etapa de transición caracterizada por la coexistencia de tecnologías tradicionales y nuevas soluciones energéticas.
Esa transformación, afirmó, exige adaptar los mecanismos de mercado para garantizar que todas las piezas necesarias para la estabilidad del sistema puedan mantenerse operativas.
Para el ejecutivo, la sostenibilidad del sistema eléctrico dependerá tanto de la incorporación de nuevas tecnologías como de la capacidad para crear condiciones que permitan mantener las inversiones existentes y estimular nuevas iniciativas de generación en el futuro.
