Desarrollar una planta eléctrica puede requerir más de cuatro años de preparación

Detrás de cada nueva planta eléctrica existe un proceso de planificación que puede extenderse durante cuatro años o más antes de que inicie la construcción física del proyecto.

Así lo explicó Armando Rodríguez,  director general de Seaboard, durante el panel “Energía después del shock: costos, resiliencia y adaptación empresarial”, celebrado en el marco de Visión de Negocios 2026, organizado por la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR).

Durante su intervención, señaló que el desarrollo de infraestructura energética requiere coordinar simultáneamente aspectos técnicos, financieros, regulatorios, logísticos y contractuales, en un entorno donde cualquier error de planificación puede afectar significativamente la viabilidad de una inversión.

Rodríguez indicó que una de las principales claves para ejecutar proyectos dentro del presupuesto y en los plazos previstos consiste en anticipar escenarios futuros y comprender hacia dónde evolucionará el mercado energético.

“Estos proyectos se desarrollan con mucho tiempo de anticipación”, afirmó.

Según explicó, las decisiones de inversión suelen tomarse años antes de que una planta entre en operación comercial, por lo que resulta imprescindible analizar tendencias tecnológicas, condiciones del mercado y perspectivas de demanda.

La planificación también debe considerar la evolución de los combustibles que utilizará la instalación, así como las condiciones de abastecimiento disponibles durante su vida útil.

Rodríguez destacó que el acceso al gas natural se ha convertido en uno de los elementos más relevantes dentro de la estrategia energética actual.

Sin embargo, recordó que asegurar contratos de suministro de largo plazo implica procesos complejos de negociación y coordinación internacional.

A esto se suma la necesidad de estructurar financiamientos que permitan respaldar inversiones de gran magnitud y largo período de recuperación.

De acuerdo con el ejecutivo, una de las mayores complejidades consiste en lograr que todos los contratos necesarios para la operación futura de la planta avancen de manera coordinada.

Entre ellos mencionó acuerdos de financiamiento, suministro de combustible, construcción, operación y mantenimiento.

“Ninguna negociación puede quedarse atrás respecto a las demás”, explicó.

Rodríguez señaló que el éxito de un proyecto energético depende en gran medida de la capacidad de integrar todas esas piezas dentro de una misma estrategia.

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La logística representa otro componente fundamental.

Explicó que muchos de los equipos utilizados en generación eléctrica son fabricados en mercados internacionales y requieren largos períodos de producción, transporte y ensamblaje.

Por esa razón, la planificación debe comenzar mucho antes de que los equipos sean necesarios en el sitio de construcción.

Incluso, indicó que en algunos casos los pedidos de fabricación se realizan inmediatamente después de cerrar acuerdos contractuales para evitar retrasos posteriores.

El ejecutivo también resaltó la importancia de contar con asesoría especializada durante todo el proceso.

Según sostuvo, la complejidad técnica y financiera de este tipo de inversiones exige conocimientos específicos sobre mercados energéticos, combustibles, financiamiento internacional y regulación sectorial.

Por ello, consideró que la experiencia acumulada y el conocimiento especializado pueden marcar diferencias significativas en el resultado final de un proyecto.

Rodríguez afirmó que la velocidad con la que evolucionan las tecnologías energéticas añade nuevos retos a la planificación de largo plazo.

Las decisiones que se toman hoy deben considerar escenarios que podrían ser muy distintos cuando la infraestructura entre finalmente en operación.

A su juicio, esa capacidad de anticipación constituye uno de los principales factores que determinan el éxito de los proyectos de generación eléctrica.

Más allá de la construcción física, concluyó, el verdadero trabajo comienza años antes, cuando se diseñan las condiciones que permitirán que una inversión energética sea sostenible, competitiva y capaz de responder a las necesidades futuras del sistema eléctrico.

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