En la República Dominicana, la imprudencia al volante sigue cobrando vidas y sembrando temor en nuestras calles. Pero cuando esa imprudencia pone en peligro a nuestros niños, el llamado a la acción se vuelve urgente.
Esta semana circuló en redes sociales un video que evidencia una triste realidad: la falta de conciencia ciudadana frente a la presencia de autobuses escolares en nuestras vías. Un conductor que se detuvo para permitir que un autobús escolar dejara a varios niños fue presionado por otros conductores a acelerar, sin importar el riesgo evidente que eso implicaba.
Esto deja en evidencia una deuda institucional y cultural: en nuestro país, aún no existe una cultura vial sólida ni una noción clara de que el respeto al peatón –y más aún al niño– debe ser sagrado.
En la mayoría de los países desarrollados, detenerse completamente cuando un autobús escolar se detiene no es solo una norma de cortesía, sino una obligación legal. ¿Por qué no en el nuestro? ¿Cuántas tragedias más deben ocurrir antes de que valoremos la vida por encima del apuro?
Creemos que ha llegado el momento de implementar una campaña nacional de educación vial que, con un enfoque contundente y sostenido, enseñe a los conductores dominicanos cómo actuar responsablemente al encontrarse con un autobús escolar. Detenerse, esperar, respetar el espacio de los niños y entender que un minuto perdido puede significar una vida salvada, debe ser parte del aprendizaje de todo ciudadano al obtener su licencia de conducir.
Además de educación, se requiere fiscalización. Las leyes están, pero su cumplimiento sigue siendo débil. Es necesario reforzar la vigilancia en las zonas escolares, aplicar sanciones ejemplares a quienes ignoren las señales de detención de los autobuses estudiantiles y, sobre todo, priorizar campañas que fomenten la empatía y la paciencia en las vías.
La seguridad vial no es solo una cuestión de tránsito: es un compromiso colectivo con la vida.

