Centroamérica, Panamá y República Dominicana.— El fenómeno de El Niño podría pasar de representar principalmente un riesgo climático en 2026 a ejercer una mayor presión sobre los costos empresariales y las economías de Centroamérica, Panamá y República Dominicana durante 2027, especialmente a través de la energía, los alimentos y la logística.
Así lo plantea el análisis de Deloitte Econosignal “El fenómeno de El Niño y su impacto económico en Centroamérica, Panamá y República Dominicana”, que identifica un posible efecto rezagado del fenómeno: mientras durante 2026 comienzan a observarse señales como estrés hídrico, menores niveles de los embalses y afectaciones agrícolas, parte de las consecuencias económicas podría intensificarse en 2027.
La importancia para las empresas radica en que la menor disponibilidad de agua puede trasladarse a diferentes componentes de sus estructuras de costos. Una reducción de la generación hidroeléctrica puede aumentar la necesidad de generación térmica, mientras que la sequía puede afectar las cosechas y los niveles de agua pueden limitar la capacidad operativa del Canal de Panamá.
En conjunto, estos factores podrían presionar los costos de electricidad, combustibles, alimentos y transporte, con efectos sobre los márgenes empresariales y las cadenas de suministro. “El principal riesgo económico de El Niño para la región no está únicamente en la falta de lluvia, sino en cómo esa menor disponibilidad de agua puede trasladarse a los costos de producir, transportar y abastecerse”, señaló Daniel González, responsable de Análisis Económico para Centroamérica, Panamá y República Dominicana de Deloitte Spanish Latin America.
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Menos agua, mayor presión sobre la generación eléctrica
El sector energético es uno de los principales canales mediante los cuales el estrés hídrico puede convertirse en un costo económico.
Cuando disminuye la disponibilidad de agua para las centrales hidroeléctricas, los sistemas eléctricos pueden necesitar recurrir en mayor medida a generación térmica, cuyo costo puede ser superior. A esto se suma que temperaturas más elevadas pueden incrementar la demanda de electricidad por el uso de sistemas de refrigeración.
El estudio presenta como referencia el comportamiento registrado en El Salvador, donde la generación térmica llegó a multiplicarse 5.6 veces frente a enero, mientras el precio mayorista de la electricidad pasó de US$85.28 por MWh en enero a US$135.89 en abril de 2026, un incremento de 59%.
Deloitte también señala la exposición de Costa Rica, donde aproximadamente 73% de la generación eléctrica de 2025 provino de fuentes hidroeléctricas. Una sequía prolongada, según el análisis, podría aumentar la necesidad de generación térmica y los costos asociados.
Estos casos muestran el mecanismo de transmisión identificado por el estudio, aunque no significan que el comportamiento observado en un mercado vaya a repetirse automáticamente en los demás países de la región.
República Dominicana enfrenta una exposición moderada
Dentro de los mercados analizados, República Dominicana presenta una exposición moderada en los principales sectores evaluados, aunque el estudio identifica riesgos relacionados también con los precios de productos importados y el turismo.
La vulnerabilidad, por tanto, no depende exclusivamente de los efectos directos del clima sobre la economía dominicana. Parte de la presión podría transmitirse a través de los mercados internacionales, particularmente mediante alimentos, energía y logística.
El análisis plantea que las diferencias en la estructura productiva, la dependencia de la generación hidroeléctrica, la exposición agrícola y el peso de la infraestructura logística determinan la forma en que cada economía recibe el impacto de El Niño.
Panamá enfrenta el riesgo del agua y el comercio mundial
El caso de Panamá adquiere una dimensión regional debido al papel del Canal de Panamá en las cadenas internacionales de suministro.
Por esta vía pasa cerca del 5% del comercio marítimo mundial, por lo que una reducción de los niveles de agua puede tener efectos más allá del territorio panameño. Si disminuye el nivel de los lagos utilizados para la operación del Canal, algunos buques pueden enfrentar restricciones de carga o limitaciones para transitar.
Esto puede modificar los tiempos de entrega y aumentar los costos de transporte para empresas que utilizan esta ruta para movilizar mercancías, incluso cuando sus operaciones se encuentren en otros países.
El agua también tiene una importancia adicional para Panamá: además de permitir la operación del Canal, abastece a más de la mitad de la población.
El estudio contempla ingresos previstos de entre US$5,200 millones y US$5,700 millones para el Canal durante el año fiscal 2026. Deloitte advierte que una intensificación de la presión sobre los recursos hídricos podría generar restricciones adicionales al tránsito de buques en 2027, con consecuencias tanto para la economía panameña como para las cadenas internacionales de suministro.
El agro también recibe el impacto
La agricultura constituye otro de los principales canales de transmisión económica de El Niño.
El Corredor Seco, que atraviesa Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, concentra a más de 10 millones de personas, muchas de ellas dependientes de la producción de granos básicos a pequeña escala.
El análisis señala que alrededor de 80% de los pequeños productores de esta zona se encuentra en situación de pobreza, lo que incrementa su vulnerabilidad ante pérdidas de cosechas e ingresos.
El antecedente de El Niño 2023-2024 muestra la magnitud que pueden alcanzar estas afectaciones. Durante ese período, 360,000 hectáreas resultaron afectadas por la falta de lluvias en Guatemala, mientras que entre 1.7 millones y 2.7 millones de personas requerían asistencia alimentaria en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
A las pérdidas productivas se suma el comportamiento de los costos. Según la información recopilada por Deloitte, fertilizantes y diésel pueden representar entre 50% y 70% del costo agrícola, por lo que una combinación de menores cosechas y mayores precios de los insumos puede ampliar la presión sobre los márgenes de los productores.
El riesgo cambia según cada economía
Deloitte identifica distintos niveles de exposición en la región. Guatemala y Honduras concentran un riesgo crítico en agro y alimentos, principalmente por su exposición a las condiciones del Corredor Seco.
El Salvador combina riesgos elevados en sequía, agroalimentos y energía, mientras Costa Rica presenta una exposición alta en sequía y energía debido al peso de la generación hidroeléctrica.
En Nicaragua, el riesgo se concentra en sequía y agroalimentos. Panamá, en cambio, tiene su principal exposición en el Canal y la logística.
Para República Dominicana, la exposición general es considerada moderada en los sectores evaluados, con riesgos vinculados también a los precios de productos importados y al turismo.
La diferencia entre los mercados muestra que El Niño no representa un único riesgo económico para la región. Sus efectos dependen de cómo cada país produce energía, obtiene alimentos, moviliza mercancías y depende de recursos hídricos.
2026 como ventana para prepararse
El análisis plantea que las empresas pueden utilizar el resto de 2026 para identificar sus dependencias críticas de agua y energía, revisar la exposición de proveedores y clientes, evaluar inventarios y alternativas logísticas y construir escenarios financieros que incorporen posibles variaciones en alimentos, electricidad, combustibles y transporte.
“No todas las empresas ni todos los países enfrentarán el mismo riesgo. Para algunas organizaciones el punto crítico estará en la energía; para otras, en materias primas agrícolas o logística”, explicó González.
El reto, según el análisis, consiste en identificar con anticipación por dónde puede entrar El Niño en la estructura de costos y en las cadenas de suministro, antes de que los posibles efectos rezagados se intensifiquen durante 2027.
El escenario descrito por Deloitte coloca al agua como un factor con capacidad de trasladar un fenómeno climático hacia variables directamente económicas: desde la generación eléctrica y el precio de los combustibles hasta la producción de alimentos, el transporte marítimo y los costos empresariales.

