El nuevo diferencial de costo ya no es el salario: es la energía

México. – Se piensa que, al instalar una planta industrial, el principal factor para decidir dónde establecerse es el “dónde”: dónde conviene instalarse, dónde está el puerto, dónde hay talento disponible, dónde alcanzan los incentivos. Y es por una sencilla razón: todo se reduce a un número. A ese número lo llamo el diferencial de costo, y explica sesenta años de industria en la región. El problema es que seguimos discutiendo el diferencial de ayer.

Durante seis décadas, ese número fue el salario. La industria maquiladora no llegó al norte de México por avance tecnológico: llegó porque, en los años noventa, una hora de trabajo industrial costaba entre 12 y 18 dólares en Estados Unidos y entre 1 y 2 dólares en México. La República Dominicana levantó sus zonas francas sobre la misma aritmética y hacia el mismo mercado, con la confección al frente; dos modelos con distinto apellido y un solo número detrás.

Hoy, esa hora ronda los 5 dólares en la manufactura mexicana, según el INEGI, frente a unos 30 dólares que promedia el personal de producción estadounidense, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales: la brecha pasó de diez veces a seis. Y cuando un diferencial se estrecha, el capital no deja de moverse; cambia de variable.

Esa variable ya cambió y hoy es la energía.

En 2025, México recibió 40,871 millones de dólares de inversión extranjera directa, la cifra más alta de su historia, según la Secretaría de Economía; el capital sí está llegando. Y, al mismo tiempo, el 91 % de los parques industriales presentó fallas en el suministro eléctrico y el 40 % reportó problemas de gas natural, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Parques Industriales.

Visto sin adornos: la inversión aterriza y la planta no tiene garantizada la energía con la que va a operar. Eso no es un problema de demanda, de aranceles ni de mano de obra; es una planta que no puede encender, y una planta que no enciende no se queda. Ese 91 % no habla de apagones ocasionales: habla de una empresa que ya no puede firmar un contrato de suministro con la certeza de que lo va a recibir.

Y no es lo mismo la energía cara que la energía incierta. Un kilovatio caro se presupuesta, se traslada al costo unitario y se vive con él; uno incierto no se presupuesta, porque nadie sabe cuánto cuesta el día que no llega. El primero reduce el margen; el segundo mata el proyecto antes de la firma. México enfrenta hoy lo segundo; el Caribe carga con lo primero desde hace décadas.

Cerca del 70 % de la generación eléctrica dominicana sigue siendo térmica, según el Organismo Coordinador, y el país no tiene un solo yacimiento propio: cada unidad de ese combustible se importa. No negocia el costo de su insumo industrial más estratégico; lo recibe ya fijado en mercados donde no tiene voto, y sus zonas francas pagaron 6,572.4 millones de pesos en electricidad en 2023, el monto más alto de la última década.

Mientras el diferencial fue el salarial, los hidrocarburos estaban corriente abajo de la decisión industrial; hoy están corriente arriba, y cada contrato de suministro decide cuánta manufactura puede aterrizar y de qué tipo. Eso ya no es política energética, es política industrial.

Por eso, invito a quienes dirigen empresas energéticas, negocian suministro y regulan el sector a un cambio de mirada pequeño, pero profundo: dejar de leer la energía como un costo de operación y empezar a leerla como el número que decide dónde se instala la industria.

Porque el diferencial nunca desapareció; solo cambió de nombre.

República Dominicana será sede del mayor encuentro de estaciones de servicio del Caribe

Mira otros tags: