Los ojos del mundo están en las elecciones de Estados Unidos, dos propuestas electorales se disputan el liderazgo de la principal potencia del mundo en los próximos cuatro años.
Desde finales de septiembre hasta la fecha las encuestas han variado en torno a quien se alzaría con el triunfo electoral y se convertiría en el nuevo inquilino en la Casa Blanca. Por un lado, Donald Trump, candidato presidencial por el Partido Republicano y Kamala Harris, candidata por el Partido Demócrata.
Expertos han señalado que la fortaleza del republicano radica en la sólida base social de apoyo conformada por conservadores, religiosos y votante blancos con bajo nivel educativo, eso se suma la experiencia de Estado de Donald Trump en su primera presidencia (2017-2021) y su impulso a la explotación de petróleo.
De su lado, la candidata del oficialismo se ha proyectado en el tramo de la campaña como una figura joven, capaz de vencer a Trump y preservar el poder más allá del 2024.
No obstante, los niveles de polarización de ambos proyectos políticos podrían activar tensiones como ocurren en países en vías de desarrollo, donde afloran las crisis post-electorales. El liderazgo estadounidense en su conjunto debe apostar a la paz social e independientemente cual sea el resultado, las instituciones deben salir más fortalecidas, indicador clave de una democracia sólida y la gobernabilidad.

