Energía nuclear gana espacio en Latinoamérica ante vulnerabilidad de hidroeléctricas

El cambio climático amenaza la seguridad energética de países como Colombia y Brasil, altamente dependientes de la hidroelectricidad, debido a la mayor frecuencia e intensidad de sequías. En este escenario, la energía nuclear emerge como una alternativa clave para diversificar la matriz y garantizar un suministro más estable.

Aunque históricamente estuvo asociada a episodios como Chernóbil y Fukushima, en la última década la región comenzó a mirarla con otros ojos. Obstáculos sociales y ambientales que frenan grandes proyectos hidroeléctricos o térmicos, así como la presión por reducir emisiones, han puesto a la nuclear en la mesa.

Ventajas y retos de la nuclear

Según Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la Olade, la nuclear es un complemento estratégico a las renovables intermitentes como la solar y la eólica, al aportar independencia de la variabilidad climática, alto factor de planta y mayor estabilidad del sistema eléctrico.

Sin embargo, el reto sigue siendo económico: en 2023 el Costo Nivelado de Electricidad (LCOE) de la nuclear avanzada se ubicó en US$110/MWh, muy por encima de la solar (US$55/MWh) y la eólica terrestre (US$40/MWh). A esto se suman los complejos procesos regulatorios y la gestión de residuos.

Un cambio de época

En la COP28 (2023), 48 países se comprometieron a triplicar la capacidad nuclear instalada. Para Rebolledo, este consenso global “es síntoma de un cambio de época” que también toca a América Latina y el Caribe.

Argentina lidera con tres reactores en operación y el desarrollo del CAREM, un pequeño reactor modular (SMR) experimental. Brasil mantiene Angra I y II, mientras México opera Laguna Verde. Por su parte, Colombia discute la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Nuclear, y Ecuador acaba de institucionalizar normas para una política nuclear dentro de su transición energética.

Potencial para la transición energética

Expertos como Camilo Prieto Valderrama subrayan que la nuclear no solo cubriría la creciente demanda eléctrica, sino también el auge de proyectos de alto consumo como los centros de datos. Frente al carbón, la diferencia es radical: mientras este genera unos 950 g de CO₂/kWh, la nuclear emite apenas 7 g.

“La energía nuclear es una oportunidad fantástica para tener energía firme, abundante y con cero emisiones”, asegura Prieto.

Un camino de largo plazo

El despliegue de la nuclear en la región es un plan de 20 años, condicionado por voluntad política, adaptación regulatoria y costos de inversión. Los reactores modulares pequeños aparecen como una alternativa más flexible y escalable para acelerar el proceso.

En palabras de Rebolledo: “El intercambio de buenas prácticas regulatorias y la creación de capacidades técnicas son fundamentales para acelerar su despliegue en la región”.

Te podría interesar: Olade reafirma la energía nuclear como alternativa para la transición energética

Mira otros tags: