En una década de cambios sostenidos, República Dominicana ha ido cambiando el consumo de combustibles, especialmente en el sector eléctrico, donde el gas natural ha desplazado al fuel oil como principal fuente de generación. Este cambio responde tanto a factores económicos como tecnológicos, con una creciente presión por modernizar la matriz energética nacional.
Entre 2014 y 2024, las importaciones de gas natural crecieron un 106.2%, al pasar de 11.9 millones de barriles a más de 24.5 millones. En contraste, el volumen de fuel oil utilizado para generación eléctrica cayó un 43.2%, desde 7.7 millones a 4.3 millones de barriles.
Este giro ocurre en paralelo al crecimiento del consumo total de combustibles, que pasó de 52.4 a 74.5 millones de barriles, un incremento del 42.3%. El dato es consistente con el desempeño de la economía, que creció un 58% en ese mismo periodo, y con el aumento del parque vehicular, que pasó de 3.4 a 6.2 millones de unidades. Esta expansión explica también el alza en las importaciones de gasolina, que crecieron más del 130% en la última década.
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La demanda de Gas Natural
La demanda de gas natural no solo responde al cambio tecnológico en la generación, sino también a nuevas capacidades logísticas. En el Este del país, la ampliación de la capacidad de almacenamiento ha permitido una mayor cobertura y mitigación de riesgos frente a eventos extremos, como huracanes o disrupciones externas.
Por otro lado, las políticas de subsidios han jugado un papel determinante. Desde 2022, los precios internos de los combustibles han permanecido congelados, pese a las presiones de los mercados internacionales. Esta medida ha evitado traspasos inflacionarios, pero ha tenido un alto costo fiscal, especialmente en productos como el GLP.
A pesar de la diversificación, la dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo alta. En 2022, el 89.4% del consumo energético del país seguía proviniendo de fuentes fósiles. Sin embargo, el impulso a las renovables, principalmente solar y eólica, comienza a tomar fuerza.
Los desafíos aún persisten: falta de reservas estratégicas, necesidad de más inversiones en almacenamiento, dependencia de proveedores externos y un sistema regulatorio en evolución. Pero el patrón de consumo ya está cambiando. Y con él, también el mapa energético del país.
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