República Dominicana. El sistema eléctrico dominicano se prepara para incorporar más de 2,000 megavatios de energía eléctrica firme entre este año y 2028, principalmente mediante generación a base de gas natural, en un proceso de expansión y diversificación de la matriz que estará acompañado por nueva capacidad renovable e inversiones privadas.
El ministro de Energía y Minas, Joel Santos Echavarría, informó que la generación renovable, que anteriormente alcanzaba unos 555 megavatios instalados, se acerca actualmente a los 2,000 MW, y que otros 1,000 MW de proyectos renovables estarán disponibles hacia 2028.
Durante su participación en el Foro Ejecutivo sobre Compensación Dinámica de Potencia Reactiva y Calidad de Energía, celebrado en el hotel Dominican Fiesta, Santos afirmó que esta expansión provocará una modificación de gran magnitud en la estructura de generación del país.
“República Dominicana habrá cambiado y modificado su capacidad instalada de energía en casi un 80% en un corto período”, declaró el funcionario.
La transformación no estará concentrada exclusivamente en la generación solar. Santos explicó que la nueva configuración incorpora también energía eólica, gas natural, carbón mineral y fueloil, aunque este último tendrá una participación cada vez menor dentro de la matriz, pese a que todavía conserva importancia para la estabilidad del sistema eléctrico.
La expansión de las fuentes de generación también estará acompañada por tecnologías que hasta ahora tienen una participación más limitada en la operación energética. Entre ellas figuran los sistemas de almacenamiento, particularmente las baterías asociadas a proyectos renovables, además del hidro bombeo, tecnología que, según el ministro, podría adquirir mayor relevancia en el futuro.
“También estamos adicionando nuevos elementos al sistema energético”, señaló.
Más generación, mayor complejidad
La diversificación permitirá al país contar con una matriz más amplia, pero también elevará las exigencias para administrar el sistema eléctrico.
Santos reconoció que un sistema basado predominantemente en una fuente de generación puede ser más sencillo de operar, aunque tenga un costo elevado. En cambio, la combinación de múltiples tecnologías y fuentes obliga a desarrollar una mayor capacidad de gestión para mantener eficiencia, seguridad y estabilidad.
“Si bien todas estas bondades van a transformar el sistema energético dominicano en los próximos años, la realidad es que también va siendo cada vez más compleja su administración”, expresó.
Ese escenario adquiere particular importancia a medida que aumentan las fuentes variables de generación y se incorporan nuevos elementos tecnológicos a la red. Para el ministro, el resultado de esa transformación debe medirse no solo por la cantidad de megavatios disponibles, sino por la capacidad del sistema para entregar electricidad con las condiciones necesarias para sostener la actividad económica.
“Todos esos elementos, cuando los unimos, pues nos traen, obviamente, la palabra ‘calidad’, que es la calidad de la energía”, afirmó Santos.
El funcionario vinculó esa calidad con las decisiones de inversión y desarrollo del país. A su juicio, la confiabilidad del suministro será fundamental para que los sectores económicos mantengan la confianza necesaria para invertir y continuar expandiendo sus actividades.
Sostuvo, además, que el crecimiento económico no debería evaluarse únicamente a partir de la expansión de la actividad productiva, sino también por la calidad y confiabilidad de los servicios que sirven de soporte a ese crecimiento.
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El desafío de controlar la calidad
La discusión sobre la transformación de la matriz coincidió en el foro con el planteamiento de Carlos Espert, director general de Total Solutions Dominicana, sobre la necesidad de elevar la capacidad técnica para medir y controlar el comportamiento de la electricidad dentro de la red.
Espert sostuvo que el crecimiento de la demanda, la incorporación de renovables y la mayor sensibilidad de los procesos industriales ante las variaciones eléctricas hacen necesario prestar mayor atención a parámetros que van más allá de la capacidad de generación.
“Ya no es suficiente hablar solamente de megavatios; tenemos que hablar también de estabilidad de tensión, control de frecuencia, potencia reactiva, pérdidas técnicas, distorsión armónica y, en términos generales, eficiencia, continuidad y capacidad de respuesta de la red”, planteó.
En esa línea, destacó el Reglamento de Aplicación para la Prestación de Servicios Auxiliares de Regulación de Tensión y Energía Reactiva, al considerar que abre espacio para una gestión más técnica de la potencia reactiva, un elemento relacionado con la estabilidad del sistema.
Espert explicó que la compensación dinámica permite responder a las variaciones de la demanda prácticamente en tiempo real. La tecnología presentada durante el encuentro puede realizar ajustes cada 16.6 milisegundos, ciclo a ciclo, para suministrar la cantidad de energía reactiva requerida por la red.
La intención, explicó, no es simplemente instalar capacidad de compensación, sino conseguir que esta responda de manera dinámica a las condiciones reales de operación y evitar escenarios de infracompensación o sobrecompensación que puedan afectar el comportamiento de la red.
Para ello, consideró indispensable fortalecer los sistemas de medición. “No podemos mejorar aquello que no podemos medir y analizar”, afirmó.
Los analizadores utilizados en estas soluciones pueden alcanzar hasta 1,024 muestras por ciclo, permitiendo obtener información detallada sobre los parámetros eléctricos y detectar perturbaciones dentro de las instalaciones.
El objetivo, según Espert, es avanzar desde una estrategia reactiva —corregir los problemas después de que ocurren— hacia una gestión preventiva capaz de identificar perturbaciones, determinar sus causas y tomar decisiones con información obtenida en tiempo real.
Las tecnologías, afirmó, ya tienen presencia en instalaciones de empresas dominicanas, incluyendo procesos industriales y sistemas vinculados con la generación hidroeléctrica.
Para el ejecutivo, la calidad de la energía también tiene una dimensión económica. Una mejor gestión puede contribuir a reducir interrupciones, daños en equipos y pérdidas asociadas a problemas eléctricos.
“Una red más estable significa procesos industriales más confiables”, afirmó.
Así, mientras la expansión de la generación apunta a aumentar la disponibilidad de electricidad, la transformación de la matriz plantea un desafío paralelo: gestionar un sistema cada vez más diversificado y tecnológicamente complejo sin perder estabilidad ni calidad en el suministro.
El proceso que proyecta el Ministerio de Energía y Minas para los próximos años, con más de 2,000 MW firmes y cerca de 1,000 MW renovables adicionales hacia 2028, no solo elevará la capacidad instalada. También exigirá nuevas herramientas para administrar la red y garantizar que esa mayor disponibilidad de energía pueda traducirse en un servicio confiable para los sectores productivos.
