Instituciones y desarrollo económico

El Premio Nobel de Economía 2024 se otorgó a Daron Acemoglu (MIT), Simon Johnson (MIT) y James A. Robinson (UChicago) por sus trabajos, teóricos y empíricos, sobre la formación, evolución e impacto de las instituciones en la prosperidad de los países y en la desigualdad económica global.

El profesor Douglas North, premio Nobel de Economía en 1993, definió a principios de los años setenta el concepto de “instituciones,” y aplicó la teoría económica y los métodos cuantitativos a la historia para entender el cambio económico. De acuerdo con North, las instituciones son restricciones impuestas por los humanos que dan forma a las interacciones políticas, económicas y sociales. Dichas restricciones incluyen la normativa constitucional, las leyes, regulaciones y entidades que las implementan, como el Gobierno, el Congreso y la Justicia. La cultura y los valores ciudadanos también forman parte de las instituciones de la sociedad.

Los países donde se respetan los derechos de propiedad y la política económica es menos distorsionadora se convierten en centros de atracción de inversiones, locales y extranjeras, que elevan el capital físico y humano. Las instituciones influyen sobre el ahorro, la inversión, la educación, el trabajo y la innovación. Asimismo, determinan los niveles de ingreso de las personas, la riqueza y su distribución; en consecuencia, definen el grado de equidad de la sociedad.

En el ensayo “Los orígenes coloniales del desarrollo comparativo: una investigación empírica,” publicado en 2001, Acemoglu, Johnson y Robinson analizan por qué algunos países son ricos y otros son pobres en base a su pasado colonial y a las instituciones creadas en esa época. Los tres galardonados evaluaron los sistemas económicos establecidos por los colonizadores europeos para determinar el efecto sobre el nivel de desarrollo actual de esas naciones. En los lugares donde los europeos enfrentaron elevadas tasas de mortalidad y, por tanto, resultaba difícil establecerse de manera permanente y con visión de futuro, se crearon instituciones económicas y políticas que permitieron extraer la mayor cantidad de recursos en el plazo más breve posible. En contraste, en las zonas caracterizadas por una baja tasa de mortalidad, los colonizadores establecieron instituciones que facilitaron el desarrollo de actividades que promovían la inversión, el avance económico, el incremento del ingreso per cápita y la mejora sostenida del bienestar.

En la obra “¿Por qué fracasan los países?,” publicada en 2012, Acemoglu y Robinson introducen los dos tipos de instituciones que explican las diferencias económicas actuales entre las naciones.

Las “instituciones inclusivas” son aquellas que “permiten, fomentan y potencian la participación de la mayoría de los individuos en las actividades económicas que aprovechan mejor su talento y habilidades.” Dichas instituciones limitan el poder de las élites, promueven la libertad de elección y la competencia, protegen la propiedad, evitan la discriminación, crean oportunidades para la educación y estimulan el progreso tecnológico. En definitiva, favorecen el avance y la modernización de las sociedades.

Las “instituciones extractivas,” que benefician a determinados grupos de poder en los que se concentra el control político y económico, impiden la creación de los incentivos necesarios para modernizar la economía y la sociedad. Según los autores, la democracia es el mejor sistema político, ya que ofrece un entorno más favorable en comparación con los regímenes chino, soviético o castrista, así como con otras dictaduras que imponen instituciones extractivas en perjuicio de la población. Unas instituciones democráticas y abiertas, que promueven el uso eficiente de los recursos públicos y privados, son fundamentales en la lucha contra la pobreza. Sirva como ejemplo ilustrador el contraste entre el éxito económico y social de la Corea del Sur democrática y el pobre desempeño de la dictadura de Corea del Norte.

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