República Dominicana. – El crecimiento de las ciudades dominicanas está haciendo cada vez más evidente una realidad: construir más calles no necesariamente significa tener mejor movilidad. El problema urbano exige ordenar el espacio disponible, priorizar el transporte público y lograr que desplazarse por la ciudad sea más rápido, seguro y predecible.
La movilidad debe entenderse como un sistema. En ella intervienen los vehículos privados, el transporte público, los peatones, las motocicletas, los vehículos de carga, los estacionamientos y la infraestructura vial. Cuando cada componente funciona sin suficiente coordinación, el resultado es el congestionamiento que millones de ciudadanos enfrentan diariamente.
Durante septiembre, el Intrant ha desarrollado actividades vinculadas con la movilidad sostenible y también ha abordado con el sector transporte la circulación de vehículos pesados. La propia agenda institucional reconoce la necesidad de avanzar hacia una movilidad más eficiente y segura.
Pero la discusión debe ir más allá de campañas, operativos o medidas puntuales. Las grandes ciudades necesitan planificación permanente y decisiones basadas en datos: saber dónde se producen los mayores congestionamientos, cuáles rutas están saturadas, dónde hacen falta paradas, qué intersecciones requieren intervención y cómo se conectan los distintos sistemas de transporte.
También es necesario recuperar el espacio público para las personas. Una ciudad donde el peatón no puede caminar con seguridad, donde las aceras son ocupadas o donde cruzar una avenida constituye un riesgo difícilmente puede considerarse una ciudad bien conectada.
El transporte público debe ser el eje de cualquier estrategia de movilidad urbana. Mientras más eficiente, seguro y cómodo sea, mayores serán las posibilidades de que los ciudadanos reduzcan su dependencia del vehículo privado.
La movilidad tampoco puede analizarse únicamente desde el Gran Santo Domingo. Santiago y otras ciudades que experimentan crecimiento poblacional y económico necesitan anticiparse al congestionamiento antes de que los problemas alcancen dimensiones más difíciles de corregir.
República Dominicana necesita mirar sus ciudades con una visión de largo plazo. Ordenar el tránsito no significa solamente fiscalizar al conductor; significa diseñar un sistema donde las reglas, la infraestructura y las alternativas de transporte permitan que la población pueda moverse con mayor eficiencia.
La movilidad urbana debe ocupar un lugar permanente en la agenda nacional. Cada minuto perdido en un tapón representa tiempo que una persona deja de dedicar a su familia, su trabajo, sus estudios o su descanso. Por eso, mejorar la movilidad no es solo una cuestión de tránsito: es también una cuestión de productividad y calidad de vida.
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