Aunque hoy la innovación automotriz se asocia con inteligencia artificial y autos eléctricos, el siglo XX también fue terreno fértil para ideas adelantadas a su tiempo. Una de ellas fue la quinta rueda, una solución creada en 1933 por el ingeniero californiano Brooks Walker para facilitar el estacionamiento en paralelo.
El sistema consistía en una rueda adicional oculta en la parte trasera del vehículo, que se desplegaba automáticamente desde el interior. Al activarse, permitía al auto moverse lateralmente, girar y acomodarse en espacios reducidos con una maniobra sencilla.
Walker patentó su invento en 1938 bajo el nombre de «dispositivo de elevación y desplazamiento de vehículos» y llegó a modificar autos como un Packard Cavalier de 1953 para demostrar su utilidad en ferias automovilísticas. Sin embargo, la industria automotriz nunca lo adoptó.
Altos costos de producción

Los altos costos de producción y la pérdida de espacio en el maletero fueron obstáculos clave para su comercialización. A pesar de su funcionalidad, la quinta rueda fue descartada, quedando como una curiosidad tecnológica que la industria decidió ignorar.
Hoy, en tiempos de sensores y asistencia automatizada para estacionar, la invención de Walker recuerda que muchas buenas ideas llegaron antes de que el mercado estuviera listo para ellas.
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