Pensado en Ayn Rand

Francamente no ignoro que, en estos tiempos más que nunca, el valor de una idea o iniciativa está indisolublemente ligado a su tracción mediática y su comprensión; tal vez estas reglas del juego han existido siempre, pero definitivamente hoy coadyuvan con mayor intensidad.

En esta ocasión pretendo hacer un ejercicio razonablemente objetivo de lo que ha ocurrido a grandes rasgos en una parte del sector eléctrico, particularmente con la demanda de nuestro sistema, desde la asunción del presidente Luis Abinader hasta la fecha, sabiendo con certeza que el razonamiento explicativo se desvanece a ritmo de un se fue la luz.
El 15 de agosto del año 2020, día previo al traspaso de mando, el sistema eléctrico nacional sirvió a los consumidores, excluidos los sistemas aislados 56,638.16 megas.

El mismo día, pero del año 2025, nuestra red nacional energética con los mismos excluidos inyectó al país unos 79,725 megas, acusando un incremento que ronda el 40 por ciento de la energía servida.

El aumento exponencial pone en evidencia, no solo el reto de suplir la referida demanda, sino también de hacerlo con mayor eficiencia, que se expresa en la calidad del servicio, pero sobre todo en los costos de producción y en el precio de venta final de la preciada mercancía.

Sin lugar a duda, la expansión de nuestra demanda energética, consecuencia fundamentalmente de nuestro crecimiento económico expresado en consumo doméstico y demanda industrial, ha desbordado la” planificación “heredada de las gestiones anteriores y por qué no, también nuestra capacidad real de reacción.

Solo el ensamblaje de una licitación y la adecuada adjudicación de una planta generadora puede tomar en caso de que no haya imprevistos un año y medio. La aprobación de proyectos fotovoltaicos se demora mínimo 15 meses.

Echar cuenta y repartir responsabilidades sobre el estrés sistémico al que está sometido nuestro país no causa gran dificultad, partiendo de la realidad de que, a agosto del 2020, más allá del aletargado proceso que evidenciaba el proyecto de generación privada de Energía 2000, no había ninguna otra iniciativa de alto calado en carpeta. Esa y no otra es la realidad.

Si dudas es un aspecto que admitía y admite agregarle valor en la gestión. ¿Alguien lo duda? Apuesto por la mano rígida en las cobranzas de los servicios públicos, sobre todo por la inviabilidad financiera a la que conduce el hurto de dichos bienes sin consecuencia, pero reitero, el gran problema que constituye el suministro energético en números rojos y el hueco que produce en la caja del Estado, en principio para este análisis, no tiene espacio, así como tampoco lo tienen las mermas del bien servido de procedencia técnica, consecuencia de los espacios que soportan progreso en la mejora de la red y su adecuado mantenimiento.

Al margen de la descripción previa, lo cierto es que con la expansión de nuestra demanda conjugada con la ausencia hasta 2020 de un Plan Energético Nacional, alineado a la Ley General de Electricidad, pareciera que en lo que concierne a la energía eléctrica, en el pasado se tocó de oído y tal vez por ello no se ponderaron además de las respuestas básicas de la demanda, reservas en caliente, ni mucho menos los anhelados back up fríos como contingencia de segundo piso.

Con orgullo puedo decir que desde el gobierno del presidente Abinader se ha puesto en marcha un plan que pretende abarcar la actualidad y el porvenir, que ha incorporado de manera masiva las fuentes renovables, testimonio incontestable del compromiso gubernamental con la sostenibilidad, sin descuidar los generadores de gran formato.

Reitero nueva vez mi visión de que el sector eléctrico pueda estabilizar sus finanzas y porque no, consolidar un modelo similar al de los sistemas aislados y su eficiencia en el cobro o al del sector de las telecomunicaciones, por ejemplo, en donde a nadie se le ocurre servirse de un producto con la expectativa de no pagar por ello.

Idénticamente me siento esperanzado de que el país se dé la oportunidad de continuar avanzando en la ejecución del Pacto Eléctrico y sus anheladas inversiones en todo el sector, al tiempo que podamos discutir entre todos un modelo ideal para la distribución energética. Me he reusado y en esta ocasión no puede ser de otra manera, a pensar que la percepción condena lo real.

La verdad es la verdad por encima de lo que quiera cualquiera, incluso la mayoría. Al fin y al cabo, Ayn Rand sigue teniendo razón en aquello de que se puede obviar la realidad, pero no sus efectos, y los logros del sector energético en la gestión del presidente Abinader no serán la excepción.

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