Sargazo y seguridad energética: de la amenaza ambiental a la oportunidad de economía circular

Santo Domingo. – La República Dominicana, por su condición de pequeño Estado insular en desarrollo, enfrenta una exposición significativa a los efectos del cambio climático y a la transformación de los fenómenos hidrometeorológicos. Nuestra configuración territorial, la concentración de población y actividades productivas en las zonas costeras y la elevada dependencia de los recursos naturales hacen que nuestra vulnerabilidad ambiental tenga una expresión económica cada vez más evidente. A mi juicio, el desafío ya no consiste únicamente en responder a los fenómenos extremos cuando ocurren, sino en construir una estrategia nacional de resiliencia capaz de proteger simultáneamente nuestros ecosistemas, nuestra economía y nuestra seguridad energética.

Esta realidad adquiere especial importancia en un país cuya economía depende considerablemente del turismo. En 2025 la República Dominicana recibió 8.86 millones de visitantes no residentes por vía aérea, mientras que durante el primer semestre de 2026 los ingresos por turismo alcanzaron aproximadamente US$6,716 millones. Nuestras costas, por tanto, no representan únicamente un patrimonio natural: constituyen uno de los principales activos económicos de la nación. Cualquier alteración significativa de su calidad ambiental puede repercutir sobre la competitividad turística, la inversión, el empleo y la generación de divisas.

En este contexto, la llegada masiva de sargazo constituye uno de los nuevos desafíos ambientales y económicos que debemos abordar con mayor visión estratégica. El Banco Mundial ha estimado que en 2022 llegaron aproximadamente 2.8 millones de toneladas de sargazo a las costas dominicanas. La dimensión de este fenómeno demuestra que ya no puede ser considerado exclusivamente como un problema de limpieza de playas. Su presencia afecta ecosistemas marinos y costeros, incrementa los costos de operación del sector turístico y exige mayores capacidades de recolección, transporte y disposición.

El caso de Punta Cana-Bávaro es particularmente relevante. Allí se concentra una parte fundamental de nuestra infraestructura turística, inversión extranjera y generación de divisas, pero también una alta dependencia de la calidad de los ecosistemas costeros. Por ello, considero que debemos cambiar la pregunta. No debemos preguntarnos solamente cómo retirar el sargazo de nuestras playas, sino cómo podemos recolectarlo responsablemente, procesarlo, valorizarlo y convertir una parte de esa biomasa en energía y productos de valor agregado.

Este cambio de perspectiva nos conduce directamente hacia la economía circular. El sargazo puede dejar de ser visto exclusivamente como un residuo y comenzar a ser estudiado como una materia prima secundaria. La investigación científica ya identifica diferentes rutas de valorización, entre ellas la producción de biogás mediante digestión anaerobia, biochar, compost y determinados fertilizantes, además de otras aplicaciones en materiales y bioproductos. Estudios recientes realizados sobre sargazo del Caribe y específicamente sobre biomasa procedente de Punta Cana han analizado su potencial para la producción de biogás, biometano y otros productos energéticos.

No obstante, debemos actuar con rigor. El sargazo presenta elevados niveles de humedad y salinidad y su composición puede variar dependiendo de su origen y del tiempo que permanezca expuesto en la costa. Por ello, no toda biomasa debe recibir necesariamente el mismo tratamiento. La caracterización química, el análisis de ciclo de vida y la evaluación de los costos de recolección, transporte y procesamiento deben determinar cuál es la ruta tecnológica más conveniente. La economía circular no significa aprovechar cualquier residuo de cualquier manera; significa encontrar el uso ambiental, técnico y económicamente más eficiente para cada flujo de materiales.

Desde la perspectiva energética, considero especialmente interesante la digestión anaerobia. Este proceso puede transformar materia orgánica en biogás, cuyo principal componente energético es el metano. Investigaciones recientes han estudiado mecanismos de pretratamiento para mejorar el rendimiento del sargazo y también han explorado la codigestión con otros residuos orgánicos. Para la República Dominicana, esta posibilidad puede adquirir una dimensión mayor si integramos el sargazo con determinadas corrientes de residuos agropecuarios, agroindustriales o municipales, siempre bajo condiciones técnicas y ambientales adecuadas.

No planteo que el sargazo vaya a sustituir al petróleo o al gas natural. Esa afirmación no tendría fundamento sin estudios específicos de disponibilidad, rendimiento, logística y costos. Lo que propongo es desarrollar un programa nacional de investigación y demostración que permita determinar cuánto valor energético podemos realmente recuperar de esta biomasa y en qué condiciones puede resultar económicamente viable.

Esta discusión también debe vincularse con nuestra seguridad energética. La República Dominicana continúa dependiendo significativamente de combustibles importados y, por tanto, permanece expuesta a las fluctuaciones de los mercados internacionales. Los conflictos geopolíticos en diferentes regiones del mundo han demostrado nuevamente que el precio del petróleo puede experimentar fuertes variaciones que terminan trasladándose hacia el transporte, la generación eléctrica, los costos productivos y los precios de bienes y servicios. En una economía insular, estos shocks pueden generar presiones adicionales sobre el sector externo, la inflación y, dependiendo de las políticas adoptadas, las finanzas públicas.

No podemos controlar los conflictos internacionales ni el precio del petróleo, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad mediante la diversificación de la matriz energética, la eficiencia y el aprovechamiento responsable de nuestros recursos renovables. La República Dominicana ha avanzado en energía solar y eólica y en la diversificación de su sistema eléctrico. Considero que la valorización energética de residuos debe incorporarse a esta estrategia como una alternativa complementaria, especialmente en territorios donde exista disponibilidad suficiente de biomasa y demanda energética.

Punta Cana-Bávaro podría convertirse en un laboratorio nacional para este modelo. La concentración hotelera, la disponibilidad recurrente de sargazo, la demanda energética, la infraestructura existente y la presencia de inversión privada crean condiciones particulares para desarrollar un proyecto piloto de biorrefinería de sargazo. El objetivo no debería ser simplemente generar electricidad, sino aprovechar integralmente la biomasa para obtener biogás, biochar, fertilizantes u otros productos, dependiendo de sus características y de la viabilidad de cada proceso.

El primer paso debe ser generar información confiable sobre cantidades, temporalidad, composición química, salinidad, humedad, costos logísticos y potencial energético. El segundo debe ser desarrollar proyectos piloto que permitan medir el rendimiento real de las diferentes tecnologías. El tercero consiste en fortalecer la investigación científica dominicana y generar conocimiento propio sobre nuestra biomasa. Finalmente, debemos consolidar un marco regulatorio que establezca reglas claras para la recolección, transporte, almacenamiento, tratamiento, valorización y disposición final.

A mi juicio, el verdadero desafío consiste en transformar nuestra visión. Podemos continuar considerando el sargazo exclusivamente como una amenaza que llega a nuestras costas y que debemos retirar, o podemos estudiarlo rigurosamente para determinar cuánto de esa amenaza puede convertirse en una oportunidad. No se trata de presentar el sargazo como una solución milagrosa ni de sobredimensionar su potencial. Se trata de reconocer que millones de toneladas de biomasa que actualmente generan costos ambientales y económicos merecen ser evaluadas como un posible recurso dentro de una estrategia nacional de economía circular.

La República Dominicana tiene la oportunidad de conectar turismo, ciencia, energía, ambiente, inversión e innovación alrededor de este desafío. Punta Cana-Bávaro podría convertirse en un referente regional de valorización energética de biomasa marina y economía circular, contribuyendo simultáneamente a proteger nuestro principal activo turístico y a fortalecer nuestra resiliencia energética.

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