Sí, pero no…

Santo Domingo. – Crear problemas cuya solución puede costar un Potosí es una añeja maña política criolla. Por ejemplo, el Indotel favoreció a Viettel, empresa propiedad del Partido Comunista de Vietnam y presidida por un teniente general de su Ejército, para operar en el país.

El presidente Abinader metió el dedo en una llaga de nuestra economía al justificarlo alegando una real necesidad de la “democratización de las telecomunicaciones”. Dijo que dos empresas controlan el 95 % del mercado dominicano en un oligopolio que perjudica a los consumidores, pues los precios de la telefonía, internet y demás servicios ofrecidos son al menos un 22 % más caros que los promedios en América Latina.

“Aquí nunca le gusta a alguna gente que haya competencia y cuándo hay competencia entonces vienen los temas”, dijo Abinader, “y el Gobierno está interesado en una competencia sana para que mejore la calidad y bajen los precios de las telecomunicaciones en la nación”.

Sí, Luis tiene razón, pero no… Si la nueva competidora de Claro y demás telefónicas fuese una empresa canadiense, estadounidense, europea o japonesa, quizás no habría la legítima aprehensión de que esa competencia procurada implique subvenciones como las chinas, para ganar mayor participación en el mercado y las posibles consecuencias en materia de seguridad y confiabilidad de la privacidad de las comunicaciones. Es legítimo y conveniente que el Gobierno se ocupe de que mejoren los precios y la calidad de cualquier producto o servicio público tan imprescindible como las telecomunicaciones.

Lo injustificable es hacerlo entregando el mercado a competidores desleales con una agenda política contraria al interés nacional en un momento de graves tensiones geopolíticas y exacerbada sensibilidad de nuestro principal socio comercial y aliado estratégico, Estados Unidos. Sería genial que el rebulú del Indotel se trate de tener una nueva carta para negociar con Washington nuestras diferencias por asuntos de tarifas y comercio, pero esta baraja luce prendida en candela y jugar con fuego quema. Si Ho Chi Minh, Bosch y los difuntos capos del MPD se han reunido en el más allá, deben estar llorando de risa ante este giro de la política criolla. Como también los muy vivos diplomáticos chinos y sus socios locales.

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