Santo Domingo. – Hace algunas semanas que no me siento a escribir. No porque hayan faltado temas. Todo lo contrario. Quizás han ocurrido demasiadas cosas.
En República Dominicana hemos tenido cambios importantes dentro del Gobierno, algunos particularmente relevantes para quienes seguimos de cerca los sectores energético, eléctrico y de hidrocarburos. Mientras tanto, fuera de nuestras fronteras, el petróleo vuelve a recordarnos que nunca ha sido solamente un combustible. Es economía, poder, diplomacia y geopolítica.
Así que temas para escribir han sobrado.
Después de observar, escuchar opiniones, algunas acertadas y otras quizás apresuradas, y dejar que los acontecimientos comenzaran a acomodarse, regreso a estas líneas pensando que, más allá de nombres, posiciones y controversias, ahora lo verdaderamente importante es ver qué hace cada quien desde la responsabilidad que le ha tocado asumir.
Los recientes cambios realizados por el presidente Luis Abinader movieron piezas importantes. Una de ellas fue Joel Santos, quien pasó a presidir el Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), además de coordinar el Gabinete de Energía y continuar como ministro de Energía y Minas.
La designación generó inmediatamente preguntas. ¿Continuaría como ministro? ¿Era posible concentrar esas responsabilidades? ¿Qué significaba esto para la conducción del sector?
Finalmente, el Poder Ejecutivo aclaró mediante el Decreto 572-26 que Santos ejercerá la presidencia del CUED y la coordinación del Gabinete de Energía, en adición a sus funciones como ministro de Energía y Minas.
Superada esa discusión, viene la que realmente importa: los resultados.
Joel Santos recibe una responsabilidad enorme. Las pérdidas de las distribuidoras, la calidad del servicio, las redes, las inversiones, la cobranza, la eficiencia y la sostenibilidad financiera del sistema eléctrico dominicano son problemas demasiado serios y demasiado viejos como para admitir soluciones cosméticas.
Pero concentrar bajo una misma conducción buena parte de la política energética también puede ser una oportunidad. Si existe coordinación, autoridad y capacidad de ejecución, habrá menos espacio para decir que un problema corresponde a una institución mientras la solución depende de otra.
Ahora habrá que medir y esperar resultados.
La sustitución de Celso Marranzini al frente del CUED provocó también muchas reacciones. Hubo quienes prácticamente celebraron su salida.
Las críticas a cualquier funcionario son legítimas, mucho más cuando hablamos de un sector tan sensible como el eléctrico. Pero también conviene tener memoria.
Quienes conocemos desde hace años la historia reciente del sector eléctrico dominicano sabemos que sus problemas no comenzaron con Celso Marranzini ni podían terminar con él.
Estamos hablando de décadas de pérdidas, fraude, deficiencias en distribución, falta de inversión, problemas de gestión y también de una cultura de impago que forma parte de esta historia.
Eso no quiere decir que una gestión no deba evaluarse. Todo lo contrario. Hay que evaluar qué funcionó, qué no funcionó, qué debe corregirse y qué merece continuidad. Lo que no podemos hacer es atribuir a una sola persona problemas que el país lleva décadas tratando de resolver.
La electricidad dominicana necesita menos personalización de sus problemas y mucha más continuidad en las soluciones.
Otro nombramiento que generó cuestionamientos fue el realizado al frente del Intrant. Y habrá tiempo para saber si la decisión fue acertada o no.
Pero también aquí creo que estamos frente a un problema que va mucho más allá de quien ocupe la dirección de una institución.
El caos de nuestro tránsito no nació con quien hoy llega al Intrant y tampoco desaparecerá con un cambio de funcionario. Tenemos un problema serio de educación vial y de respeto a las normas que los distintos gobiernos no han enfrentado con la continuidad y la energía necesarias.
No bastan multas, agentes ni campañas de vez en cuando. Hace falta educación vial desde las escuelas, orientación permanente, fiscalización y consecuencias. Porque podemos cambiar muchas veces a quien dirige el tránsito, pero mientras no cambiemos nuestra manera de comportarnos en las calles, habremos cambiado al funcionario sin cambiar el problema.
Entre todos estos movimientos, considero especialmente acertada la designación de Víctor «Ito» Bisonó como ministro de Relaciones Exteriores.
Lo digo conociendo su trayectoria y observando durante años su desenvolvimiento en el sector público y su relación con el sector privado. Llega a la Cancillería después de una extensa carrera legislativa y de asumir importantes responsabilidades dentro del Poder Ejecutivo.
Pero hay algo de su designación que me parece particularmente oportuno para el país: la posibilidad de acercar todavía más nuestra política exterior a nuestra política económica.
Hoy la diplomacia no puede limitarse al protocolo. Una Cancillería moderna tiene que ayudar a abrir mercados, atraer inversiones, fortalecer relaciones comerciales, acompañar al empresariado dominicano y posicionar al país allí donde se toman grandes decisiones económicas.
República Dominicana tiene estabilidad, crecimiento, una ubicación estratégica, infraestructura y una posición regional cada vez más interesante. Hay que saber venderla. Y la diplomacia también sirve para eso.
Mientras aquí discutimos estos cambios, afuera el petróleo vuelve a mover las relaciones internacionales.
Estados Unidos y Venezuela han vuelto a colocar el tema petrolero en el centro de una relación que durante años estuvo marcada por profundas diferencias políticas. Los recientes movimientos alrededor de las enormes reservas venezolanas y de posibles nuevas inversiones demuestran, una vez más, hasta dónde puede llegar el peso de la energía en las decisiones de los Estados.
Todavía habrá mucho que discutir sobre los términos políticos, jurídicos y económicos de cualquier entendimiento. Pero hay algo que me parece evidente: el petróleo ha conseguido acercar nuevamente a dos países cuya relación política durante años parecía irreconciliable.
Y eso dice mucho.
En energía, los intereses nacionales tienen su propia lógica cuando están en juego el abastecimiento, los precios, las reservas y la seguridad energética.
El petróleo sigue siendo poder. Y sigue siendo diplomacia.
Quizás por eso me resulta interesante mirar al mismo tiempo lo que está ocurriendo dentro y fuera de República Dominicana. Aquí reorganizamos instituciones, cambiamos funcionarios y discutimos modelos de gestión. Afuera, los países reorganizan intereses y relaciones alrededor de recursos estratégicos.
Podría haber escrito un artículo solamente sobre Joel Santos. Otro sobre Celso Marranzini. Otro sobre Ito Bisonó, sobre el Intrant, sobre las distribuidoras, sobre Venezuela o sobre petróleo.
Quizás por eso terminé escribiendo un poco sobre todos.
Después de tantos años observando estos sectores, he aprendido que los acontecimientos rara vez pueden analizarse completamente de manera aislada.
Los funcionarios cambian, los gobiernos pasan, los decretos se modifican y las relaciones internacionales también cambian cuando los intereses de los países lo requieren.
Lo que finalmente importa son los resultados.
A Joel Santos le tocará demostrar que esta concentración de responsabilidades puede traducirse en eficiencia y resultados. A Ito Bisonó, convertir su experiencia y capacidad de relacionamiento en oportunidades concretas para República Dominicana. A quien asume el Intrant, enfrentar un problema que requiere autoridad, pero también educación y mucha continuidad.
A quienes llegan les corresponde construir. De quienes salen también debemos aprender.
Y a nosotros, desde los medios, nos toca observar, preguntar, reconocer cuando las cosas se hacen bien y señalar responsablemente cuando no.
Porque de temas para escribir nunca estaremos escasos. Mañana seguramente habrá otro nombramiento, otra controversia, otro problema eléctrico o algún movimiento internacional que vuelva a colocar la energía en primera plana.
Pero detrás de todo eso, al final, lo que espera la gente es bastante sencillo: que cada quien, desde el lugar que le corresponde, haga lo correcto.
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