Santo Domingo, República Dominicana.— Las pérdidas de energía de las empresas distribuidoras de electricidad de República Dominicana se encuentran entre las más elevadas de América Latina, al alcanzar 30 %, según un estudio presentado durante la XI Semana de la Energía.
El dato fue expuesto por Alessandra Amaral, presidenta de la Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica Latinoamericanas (Adelat), quien presentó la investigación “Recuperando energía: innovación y estrategias para la gestión de pérdidas no técnicas en América Latina y el Caribe”.
El estudio, que recoge información general de 14 países y estadísticas de pérdidas para siete, coloca a República Dominicana por encima de Argentina (15-18 %), Colombia (8-10 %), Brasil (14 %), Ecuador (15.6 %), México (10.5 %) y Uruguay (15 %).
Amaral sostuvo que el nivel de pérdidas constituye una prioridad para las distribuidoras dominicanas, a la que se suman los retos derivados de un sistema eléctrico cada vez más complejo de operar.
No existe un nivel único de pérdidas
Consultada sobre cuál sería un nivel aceptable de pérdidas para una distribuidora, Amaral evitó establecer una cifra general y explicó que el indicador debe analizarse tomando en cuenta las condiciones particulares de cada área de concesión.
“Cada caso tiene que ser visto en su particularidad. Es importante hacer la comparación con las demás prácticas, pero es importante también tener en cuenta cuáles son las características del área de concesión”, explicó.
La ejecutiva señaló que factores como las condiciones geográficas, económicas y sociales, así como las características culturales relacionadas con el consumo de energía y las posibilidades de intervención gubernamental, deben ser considerados al evaluar el desempeño de una distribuidora.
Te podría interesar: Pérdidas de energía en República Dominicana: una solución barata a un problema muy caro
Adelat propone fortalecer medición y regulación
Para República Dominicana, el estudio plantea varias medidas dirigidas a reducir las pérdidas no técnicas.
Una de las principales recomendaciones es fortalecer el mecanismo de cálculo y seguimiento de las pérdidas, con énfasis en separar las pérdidas técnicas de las no técnicas, homogeneizar los criterios entre las empresas y generar estimaciones que puedan ser verificadas y comparadas a través del tiempo.
También propone mejorar la calidad y trazabilidad de los datos de medición, facturación y cobro, mediante validaciones cruzadas y auditorías selectivas sustentadas en el balance de energía.
El estudio plantea además fortalecer el marco regulatorio, incorporando incentivos y, eventualmente, mecanismos sancionadores que alineen la gestión empresarial con los objetivos de reducción de pérdidas.
La recomendación busca superar un modelo basado principalmente en compromisos programáticos y seguimiento administrativo.
Cooperación contra el fraude
Otro de los puntos señalados es la necesidad de profundizar la cooperación entre la Superintendencia de Electricidad, la Procuraduría General Adjunta para el Sistema Eléctrico y las EDE.
El objetivo sería establecer protocolos claros para compartir información y facilitar la detección, investigación y persecución del fraude eléctrico.
Según el estudio, la experiencia dominicana muestra que, cuando no existen señales económicas y coercitivas suficientemente estructuradas, la gestión de las pérdidas no técnicas depende en gran medida de la voluntad institucional y de las capacidades de gestión de los actores.
Esto, plantea la investigación, limita la sostenibilidad de los avances alcanzados.
Un sistema de distribución más complejo
Amaral también señaló que el papel de las distribuidoras está cambiando debido a la transformación del sistema eléctrico y al comportamiento de los consumidores.
“Las distribuidoras hoy tienen un rol más amplio. Tenemos un consumidor que es más activo, que quiere generar su propia energía y, en ese sentido, se configura un escenario de descentralización”, explicó.
La presidenta de Adelat sostuvo que toda la cadena del sector eléctrico debe adaptarse a este nuevo escenario, pero que las distribuidoras enfrentan una presión particular porque deben operar un sistema más complejo, en el que las inversiones y tecnologías son más costosas.
Ese proceso, añadió, exige inversiones “sin precedentes”, mientras las empresas siguen enfrentando problemas pendientes como el acceso universal al servicio y las pérdidas.
Amaral descartó, además, que la eficiencia de una distribuidora dependa exclusivamente de si su capital es público o privado. Señaló que algunos miembros de Adelat de capital estatal presentan un desempeño destacado.
“Entonces, no es una cuestión de ser gubernamental o privada, es mucho más de la manera en cómo la gestión es conducida dentro de la empresa”, puntualizó.

