Evaluación de la vida útil de los vehículos de transporte de combustibles: Más allá del tiempo de fabricación

Resulta interesante analizar el Decreto 307-22, que establece un período de 30 años como vida útil para los vehículos de transporte o carga de combustible, ya sean tanques o colas, considerando dicho plazo a partir del año de fabricación y no desde su importación.

Es bien sabido que la actividad de transporte de combustibles está sujeta al cumplimiento de leyes y normas, lo que conlleva la habilitación mediante licencias de transporte, otorgadas por resolución del MICM. Además, implica la obligatoriedad de someterse a inspecciones técnicas periódicas y cumplir con los requisitos específicos establecidos, de acuerdo con el tipo de vehículo. Esto presupone que el Estado mantiene un seguimiento y control estricto sobre las condiciones operativas de las unidades de transporte de los diversos agentes del sector.

Podemos inferir que el Decreto 307-22 unifica el parámetro de la vida útil de los vehículos de transporte de combustibles, con el objetivo de garantizar la seguridad, dado el alto riesgo que representa este eslabón en la cadena del mercado de los hidrocarburos.

No obstante, existen factores importantes que deben ser considerados al evaluar las condiciones reales de estos vehículos para determinar si, efectivamente, pueden continuar en servicio durante los 30 años establecidos, o si, por el contrario, deberían ser retirados mucho antes de dicho plazo. Entre estos factores se incluyen:

  • Tiempo de uso: Algunos vehículos, como cabezotes o colas, ingresan al país como nuevos de fábrica o tras haber sido utilizados durante largos períodos en otros países.
  • Tiempo de inactividad: El tiempo que un vehículo permanece parado y sin uso puede causar daños significativos, afectando su funcionalidad.
  • Mantenimiento y frecuencia: El mantenimiento adecuado y la regularidad de las reparaciones son aspectos vitales para prolongar la vida útil de cualquier unidad.
  • Kilometraje recorrido: El kilometraje es un factor determinante, ya que una mayor distancia recorrida puede generar un mayor desgaste y deterioro en las condiciones operativas del vehículo.
  • Estado físico del vehículo: A veces se observan unidades que, aunque funcionales, están en malas condiciones estéticas o estructurales (lo que algunos denominan “carcachas ambulantes”).
  • Condiciones específicas del vehículo: Aspectos técnicos particulares, como el revestimiento de los tanques o elementos clave para la seguridad, también deben ser evaluados.

Además, consideramos que las características del clima tropical en el país, muy diferente al de muchos países fabricantes, pueden contribuir al desgaste y la corrosión, especialmente en vehículos especializados que requieren un cuidado y mantenimiento específicos.

Por ello, creemos que, más allá del plazo de los 30 años, el cual consideramos excesivo en comparación con otros países desarrollados con estrictos controles (como Estados Unidos o Canadá), debe llevarse a cabo un análisis continuo, riguroso y detallado de las condiciones del parque vehicular destinado al transporte de combustibles. Este análisis debe estar siempre orientado al interés general y no solo a consideraciones particulares.

Si bien es cierto que en las sociedades desarrolladas la tendencia es reemplazar las flotas antes de que lleguen a su deterioro técnico, esta no es la realidad dominicana. No podemos olvidar que el transporte de combustibles es una de las actividades más importantes desde el punto de vista económico, por todo lo que implica, y a la vez es una de las más críticas y de mayor riesgo dentro de este sector. Por lo tanto, cualquier esfuerzo dirigido a mejorar la seguridad debe ser la prioridad indiscutible.

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