En un nuevo episodio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el gobierno de Pekín ha impuesto restricciones a la exportación de minerales críticos, una medida que afecta directamente a la industria de semiconductores y defensa de Washington. La decisión, tomada a finales de diciembre por el Ministerio de Comercio chino, prohíbe la exportación de galio, germanio, antimonio y materiales superduros, así como endurece las normas sobre la venta de grafito. Además, también impide la reexportación desde terceros países.
Estas restricciones suponen una respuesta directa a las limitaciones que EE.UU. ha impuesto sobre la tecnología china en los últimos años. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), “por primera vez las restricciones a los minerales críticos fueron una respuesta directa a las restricciones a las tecnologías avanzadas“, señaló un informe publicado en diciembre de 2024. Esto refleja cómo la seguridad de los minerales estratégicos está cada vez más vinculada a la creciente tensión comercial y tecnológica entre ambas potencias.
China, el principal productor mundial de estos metales, suministró en 2023 el 98% del galio primario de baja pureza, el 60% del germanio y el 48% del antimonio, según datos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS). Esta posición dominante en el mercado global ha provocado que la decisión de Pekín dispare los precios de estos minerales. El pasado 7 de enero, el germanio y el antimonio alcanzaron máximos históricos, mientras que el galio subió un 15,4% en menos de un mes, de acuerdo con datos de Argus Media.
La industria de semiconductores y defensa estadounidense será una de las más perjudicadas por estas restricciones. Un informe del USGS estimó que un bloqueo total a la exportación de galio y germanio podría causar una pérdida de 3.400 millones de dólares en el PIB de EE.UU., con el sector de fabricación de dispositivos semiconductores asumiendo más del 40% de esa caída.
Las tensiones entre China y EE.UU. en el sector tecnológico comenzaron en 2019, cuando la administración de Donald Trump incluyó a Huawei en su lista negra comercial. Desde entonces, Washington ha endurecido las restricciones en la exportación de tecnología avanzada a China, incluyendo chips de inteligencia artificial y supercomputación. En respuesta, Pekín ha intensificado sus propias medidas, afectando directamente a industrias clave para la economía estadounidense.
Además de las restricciones minerales, China ha prohibido el acceso a sus exportaciones a 28 empresas de defensa estadounidenses, alegando que estos materiales pueden tener un “doble uso” militar y civil. Esta acción marca un punto de inflexión en la estrategia de Pekín y refuerza su postura en la disputa comercial.
Con EE.UU. dependiendo en gran medida de China para la provisión de estos minerales esenciales, el impacto de estas medidas podría extenderse en el tiempo, forzando a Washington a buscar alternativas en un mercado con opciones limitadas y costos elevados. En este escenario, la guerra comercial entre ambas potencias parece lejos de terminar.
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