La urgencia de reformar el sistema eléctrico

El sistema eléctrico de la República Dominicana se encuentra en una crisis profunda. En 2024, las Empresas Distribuidoras de Electricidad (EDE) registraron pérdidas del 42.2%, la cifra más alta en 15 años. Este dato no solo es alarmante, sino que revela la ineficiencia y la insostenibilidad de un modelo que, pese a todo, sigue siendo financiado con los impuestos de los ciudadanos.

El sector privado está dispuesto a participar y existen normativas para regular su intervención. El Estado, por su parte, necesita mejorar sus finanzas y garantizar la estabilidad energética. La privatización de las EDE podría ser una solución, pero requiere un enfoque serio y una planificación adecuada.

Las pérdidas de las EDE impactan directamente las finanzas públicas, por ende, la de los ciudadanos que consumen y pagan servicios. El Gobierno proyectó RD$86,844.8 millones en subsidios, al final del 2024 esa cifra ascendió a RD$105,376.5 millones, recursos que podrían haberse destinado a sectores como salud, educación o seguridad. Esta realidad es insostenible y debe cambiar.

Sin reformas estructurales, el país seguirá destinando grandes sumas a un sistema eléctrico que no mejora.

El deficiente servicio eléctrico no solo afecta a los hogares, sino también a la competitividad de las empresas, frenando el desarrollo económico del país. La falta de energía confiable aleja a inversionistas y limita el crecimiento.

El Gobierno no puede seguir esperando; es momento de tomar decisiones firmes y realizar los cambios necesarios para asegurar un futuro energético más estable y sostenible.

En el contexto actual, el gobierno podría explorar alternativas como la mejora en la gestión de la infraestructura, potenciar las medidas para la reducción del fraude y una mayor colaboración con el sector privado sin necesidad de grandes desembolsos. Sin embargo, esto solo será efectivo si se implementan cambios profundos en la administración del sector eléctrico.

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