¿Un nuevo orden vial o más caos disfrazado de solución?

Este lunes inicia uno de los planes más ambiciosos del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) para mejorar la movilidad en el Gran Santo Domingo. En medio de críticas por parte de ciudadanos y comerciantes, y del optimismo institucional, el plan promete una reestructuración significativa del tránsito, con acciones que combinan tecnología, restricciones y mayor presencia de agentes.

La estrategia incluye la incorporación de más de 700 nuevos miembros de la Digesett, más de 2,000 cámaras, grúas para retirar vehículos mal estacionados y un plan de sincronización de semáforos. Todo esto bajo el lema: “El cambio en el tránsito comienza contigo”.

Aunque saludamos el esfuerzo de las autoridades por atender uno de los problemas más angustiantes de la cotidianidad capitalina, no podemos ignorar que el éxito de esta medida dependerá, en gran medida, de su ejecución técnica y sensibilidad social. La eliminación de giros a la izquierda, por ejemplo, podría resultar contraproducente si no se acompaña de soluciones claras para desviar el tráfico sin afectar negocios, viviendas y la dinámica económica de zonas comerciales clave como Naco, Piantini y la avenida Abraham Lincoln.

Además, el país ha sido testigo de múltiples planes de tránsito que prometieron mucho y lograron poco. Esta vez, el despliegue de tecnología y personal debe venir acompañado de una campaña educativa coherente, monitoreo constante y, sobre todo, la capacidad de corregir en el camino sin aferrarse a medidas que puedan generar más caos que orden.

El tránsito en Santo Domingo no se resolverá de la noche a la mañana, pero si se quiere avanzar, hay que escuchar a los ciudadanos y tomar decisiones basadas en evidencia, no en imposiciones.

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