Tapones: el reto que aún no se despeja

A pesar de los esfuerzos de las autoridades por mejorar la movilidad urbana, los tapones siguen siendo una de las principales frustraciones de los conductores en Santo Domingo. Las recientes medidas, como la reconfiguración de vías y los operativos de control del tránsito, han aportado cierto alivio en algunos puntos, pero persisten zonas críticas donde el caos vial se repite cada día.

La avenida John F. Kennedy es un ejemplo evidente. En al menos tres tramos, las autoridades habilitan carriles adicionales en dirección contraria para facilitar el flujo en las horas pico. La intención es positiva: descongestionar áreas donde los vehículos del transporte público se detienen a dejar pasajeros. Sin embargo, esta solución temporal se convierte en un arma de doble filo. Lo que debería ser un alivio termina generando embudos peligrosos, cuando algunos conductores intentan incorporarse “a la mala” desde los carriles más alejados, ignorando el turno de quienes esperan con paciencia.

Más allá de la infraestructura, el problema del tránsito dominicano tiene una raíz profunda en la conducta ciudadana. Mientras prevalezca la imprudencia, el irrespeto a las señales y la falta de cortesía al volante, cualquier medida técnica será insuficiente.

Es momento de pasar balance nuevamente. La educación vial debe reforzarse en todos los niveles y acompañarse de sanciones efectivas. Consciencia, educación y autoridad: tres pilares que deben convivir si realmente queremos ciudades más seguras y menos congestionadas. El tránsito no mejorará con improvisaciones, sino con responsabilidad compartida.

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