América Latina se prepara para un salto estratégico en su transición energética: alcanzar 23 GW de capacidad de almacenamiento de energía en los próximos 10 años, de acuerdo con un informe de la consultora británica Wood Mackenzie. La proyección implica una tasa de crecimiento anual compuesta de 8 %, apoyada en inversiones a gran escala y en políticas que priorizan la estabilidad de la red eléctrica.
Chile lidera la carrera
De acuerdo con el estudio, Chile concentrará casi la mitad de la capacidad regional hacia 2034 gracias a un marco regulatorio favorable y al fuerte desarrollo de energía solar y eólica. El país sudamericano es considerado el más avanzado en la incorporación de sistemas de almacenamiento.
Le siguen México y República Dominicana, donde la expansión renovable impulsa el interés en soluciones híbridas y proyectos de respaldo para reforzar la red. “República Dominicana ha mostrado un rápido crecimiento en este mercado emergente”, destacó Pamela Morales, analista de Wood Mackenzie.
Impulsores y desafíos
Los objetivos de descarbonización, junto con la creciente necesidad de respaldo para energías renovables intermitentes, están obligando a los gobiernos a incorporar el almacenamiento de larga duración en sus hojas de ruta.
Las licitaciones regionales han sido un factor clave para atraer inversión, especialmente en áreas donde la congestión de la red amenaza la confiabilidad. Sin embargo, el informe advierte que la región todavía enfrenta altos costos de capital y falta de marcos regulatorios integrales, lo que frena el desarrollo.
“El despliegue de BESS (Battery Energy Storage Systems) se estanca sin marcos regulatorios, modelos operativos y mecanismos de remuneración claros”, señaló Morales.
Camino a la consolidación
El estudio concluye que el éxito del almacenamiento en América Latina dependerá de reglas claras, incentivos adecuados y la reducción de barreras de implementación. El sector comercial e industrial se espera que adopte estas tecnologías hacia mediados de la década de 2030, consolidando al almacenamiento como pieza clave para la seguridad energética y la transición hacia fuentes limpias.
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