La reciente importación de 7,000 vehículos eléctricos de origen chino marcó un punto de inflexión para la electromovilidad en Argentina. Lo que durante años fue una proyección a futuro hoy empieza a materializarse en las calles, dejando al descubierto una debilidad estructural: la escasez de infraestructura de carga para acompañar el crecimiento del parque automotor electrificado.
El país habilitó el ingreso de hasta 50.000 autos eléctricos e híbridos con beneficios arancelarios, un cupo que deberá completarse antes del 31 de enero de 2026. Sin embargo, el despliegue de puntos de carga avanza a una velocidad muy inferior. Hacia fines de 2024, relevamientos sectoriales estimaban la existencia de unos 230 cargadores distribuidos de forma desigual en 19 provincias.
A enero de 2026, la falta de información oficial consolidada sigue siendo un problema. Si bien en 2023 se creó el Registro Nacional de Infraestructura de Carga de Vehículos Eléctricos e Híbridos, su implementación comenzó a activarse recién durante 2025 y principios de 2026, sin que hasta el momento se hayan publicado datos sistematizados.
En ese marco, las estimaciones privadas indican que la red nacional apenas supera los 200 puntos de carga, con una marcada concentración en el Área Metropolitana de Buenos Aires y algunos corredores estratégicos.
La distancia entre la cantidad de vehículos que empiezan a circular y la infraestructura disponible plantea un desafío inmediato para el sistema energético. Jorge Sanvitale, director de Mehcco, señaló que actualmente existe una red que permite conectar Buenos Aires con Rosario y Córdoba, con una extensión en marcha hacia Mendoza mediante cargadores rápidos.
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Las Estaciones de Servicio aparecen como actores clave para sostener la demanda pero el marco operativo aún es incierto.
También destacó avances hacia Entre Ríos, con foco en el turismo proveniente de Uruguay, y hacia la Costa Atlántica, con presencia en ciudades como Pinamar y Mar del Plata. No obstante, advirtió que los progresos aún resultan insuficientes frente a la demanda futura.
La distribución territorial continúa siendo uno de los principales cuellos de botella. Gonzalo Rivas, responsable comercial de Q Electric, remarcó que la mayoría de los cargadores se concentran en la Ciudad de Buenos Aires, algunos centros urbanos de Córdoba y corredores interprovinciales puntuales.
Provincias como Catamarca, Chaco, Misiones o Río Negro cuentan con apenas uno o dos puntos de carga, mientras que otras no registran ninguno, lo que desalienta la adopción de estos vehículos y genera incertidumbre entre los usuarios.
En este escenario, las Estaciones de Servicio comienzan a perfilarse como actores clave para el desarrollo de una red nacional. Su ubicación estratégica, la experiencia en la provisión de energía y su presencia a lo largo del territorio las posicionan como un eslabón natural para liderar la transición. Para el sector, se abre la posibilidad de diversificar su negocio y asumir un rol protagónico en la electromovilidad.
Los modelos comerciales vinculados a la carga eléctrica ya muestran señales de expansión, desde cargadores en centros comerciales hasta soluciones integrales para flotas empresariales. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el verdadero salto llegará cuando las Estaciones de Servicio puedan incorporar la carga eléctrica como un servicio habitual, con tarifas definidas y reglas claras. Para ello, consideran indispensable un marco normativo que habilite la reventa de energía y brinde previsibilidad a las inversiones.
El Estado aparece nuevamente como un actor decisivo. Aunque se registraron avances como la exención de aranceles y la creación del registro nacional de cargadores, persiste la falta de una política integral. La red eléctrica actual ya muestra signos de exigencia, y pensar en una expansión masiva de vehículos eléctricos sin reforzarla representa un riesgo para la sostenibilidad del sistema.
La llegada acelerada de autos eléctricos importados impone plazos más cortos. Para las Estaciones de Servicio, el desafío es adaptarse a un nuevo paradigma energético en un contexto de vacíos regulatorios y datos incompletos. Pero también se abre una oportunidad estratégica: si se logra articular inversión privada, infraestructura y reglas de juego claras, la red de estaciones podría convertirse en el eje central de la electromovilidad en Argentina.
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