Construir una casa se vuelve cada vez más costoso para los dominicanos

Cemento, varilla, block, transporte y mano de obra siguen subiendo sin pausa, encareciendo la construcción de viviendas en la República Dominicana y convirtiendo un presupuesto que antes podía calcularse con cierta seguridad en una apuesta cada vez más difícil de sostener. Cada aumento empuja el metro cuadrado hacia cifras más altas y obliga a las familias a asumir deudas mayores para acercarse al anhelado techo propio.

En octubre de 2025, el Índice de Costos Directos de la Construcción de Viviendas (ICDV), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), cerró en 239.28 puntos, 3.43 más que en septiembre. Desde diciembre de 2024, la variación acumulada alcanza 5.09 %, y frente a octubre de 2024, el aumento llegó a 5.14 %.

De hecho, el impacto se nota en todos los tipos de vivienda. Las casas de un nivel marcaron 243.75 puntos y las de dos niveles 241.73, mientras que los edificios de cuatro pisos se ubicaron en 234.36 y los de ocho niveles o más en 237.28.

A esto se suman los mayores costos de transporte, impulsados por el precio del combustible y la logística, y el aumento de la mano de obra por la alta demanda y ajustes salariales. Aunque algunos indicadores macroeconómicos mejoren, los precios al público rara vez retroceden, dejando márgenes mínimos, especialmente en proyectos pequeños que operan bajo presión.

Precios de materiales al alza

Los materiales subieron 1.29 % en los últimos meses, seguidos por la maquinaria (0.43 %) y las herramientas (0.30 %). Entre los artículos que más incrementaron están el acero (21.71 %), los alambres eléctricos (5.55 %), tuberías y piezas de PVC (1.35 %) y equipos como ascensores y generadores (1.22 % cada uno).

Aunque algunos rubros registraron leves descensos, como agregados (-4.05 %), subcontrato de bote (-6.78 %) y cementos y pegamentos (-0.64 %), estos ajustes no han revertido la tendencia general al alza.

El costo por metro cuadrado se vuelve cada vez más impredecible y depende de factores como ubicación y acabados. Incluso una vivienda considerada económica puede ver su presupuesto desbordado cuando insumos como cemento o acero suben varios puntos en pocas semanas, elevando el precio final por encima de lo planificado y, en muchos casos, muy fuera del alcance de las familias.

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Familias frente a una realidad cuesta arriba

La encuesta Enhogar 2024 mostró que casi la mitad de los hogares dominicanos no tiene vivienda propia. Con los costos en constante aumento, muchas familias deben frenar proyectos y conformarse con alternativas que no siempre cumplen sus necesidades.

En los sectores populares con más demanda de vivienda asequible, el impacto se siente rápido. Hogares que antes podían aspirar a construir o comprar una casa económica lidian con presupuestos que, conforme avanza la obra, superan lo permitido por los préstamos, obligando a aplazar la decisión o renunciar al proyecto.

En algunas ocasiones, gremios como Acoprovi y asociaciones de constructores han manifestado que la presión inflacionaria sobre acero y cemento es la causa principal del aumento en el precio final de las viviendas nuevas, especialmente en el Gran Santo Domingo. Esto ha llevado a replantear precios incluso en proyectos ya vendidos y, en algunos casos, a detener nuevas promociones hasta tener mayor certidumbre sobre los costos.

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El sistema financiero también siente el peso

Según el Informe Trimestral de Desempeño de la Superintendencia de Bancos de junio de 2025, los préstamos hipotecarios representan una parte importante del sistema financiero. En su reporte de 2024, la entidad informó que el crédito para vivienda creció 13.7 % interanual, alcanzando 391,637 millones de pesos, mientras que la tasa promedio ponderada para hipotecas se ubicó en 11.3 %.

Aunque varias entidades mantienen líneas preferenciales para vivienda de bajo costo, la escalada de precios en los insumos limita la capacidad de muchas familias de aprovechar estas facilidades. Bancos como Popular, Reservas y otras instituciones continúan ofreciendo productos especiales con tasas atractivas, y el Banco Central ha autorizado recursos con una tasa máxima de 9 % para fomentar la compra de viviendas. Pese a esto, el aumento constante de materiales y servicios restringe el alcance real de estos programas.

Hay menos proyectos arrancando, obras paralizadas por falta de dinero y desarrolladores que deben rehacer los números antes de colocar la primera varilla. Desde el sector se plantean posibles salidas, como incentivos fiscales para la vivienda de bajo costo, créditos más flexibles para familias de ingresos medios y populares y un mayor impulso a la producción local de materiales, con la intención de reducir la dependencia de importaciones y la volatilidad de los precios.

Para muchos dominicanos, levantar una vivienda dejó de ser un paso natural en la vida y se ha transformado en una meta que se aleja con cada aumento de precio. Sin una coordinación efectiva entre el Estado, el sistema financiero y la industria de la construcción, la casa propia seguirá siendo un sueño cada vez más difícil de alcanzar.

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