Drenaje pluvial sigue siendo la deuda pendiente: aguaceros paralizan la capital

Pese a las millonarias inversiones en agua potable y saneamiento, las inundaciones urbanas siguen poniendo en evidencia la falta de planificación. El pasado viernes 26 de septiembre, Santo Domingo volvió a vivir un colapso generalizado: calles anegadas, transporte paralizado, familias atrapadas y miles de personas sin acceso al agua potable.

Desde 2020, el Gobierno dominicano ha destinado más de RD$27,000 millones a proyectos de agua potable y saneamiento a través del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) y la CAASD, de acuerdo con comunicados oficiales. A esa cifra se suman intervenciones del Ministerio de Obras Públicas y de las Alcaldías del Gran Santo Domingo, pero aún se ven desbordados por cada aguacero.

La lluvia comenzó temprano, pero ninguna alerta pública detuvo la rutina laboral. A las 8:23 a. m., el Ministerio de Educación suspendió la docencia en los centros vulnerables. Mientras tanto, oficinistas, policías, enfermeras y choferes se desplazaban entre charcos crecientes, sin saber que horas después la jornada quedaría truncada.

Recién a las 10:00 a. m., el Ministerio de Administración Pública anunció que las labores concluirían al mediodía. Para entonces, miles apenas llegaban a sus oficinas tras horas atrapados en calles inundadas y embotellamientos viales. El anuncio fue recibido con indignación: “tres horas de travesía para nada”.

A las 10:50 a. m., el Ministerio de Trabajo se sumó con un mensaje en redes sociales, llamando a “flexibilizar jornadas” y “posponer actividades no esenciales”. Sin mecanismos claros de aplicación en el sector privado, la decisión quedó en manos de empleadores y gerentes, generando más incertidumbre.

La suspensión de docencia en centros vulnerables provocó otra escena crítica. Padres y madres atravesaron avenidas colapsadas para recoger a sus hijos. Guaguas escolares quedaron varadas, niños esperaban bajo la lluvia en entradas de colegios y familias improvisaban estrategias para proteger mochilas y cuadernos.

Un día antes de las lluvias, el jueves 25, la directora del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Gloria Ceballos, informó que los acumulados de lluvias registrados en la región este del país, superan los 180 milímetros en solo 24 horas.

En un mensaje colgado en su cuenta de X, manifestó que dichos reportes provienen por la incidencia activa de una onda tropical en combinación con la vaguada en altura.

Cada litro anunciado en los pronósticos se convirtió en un obstáculo: neumáticos cubiertos de agua, drenajes desbordados y familias partidas en dos, buscando reencontrarse en medio del caos.

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Una ciudad atrapada

Con la salida masiva al mediodía, Santo Domingo se convirtió en un estacionamiento.

  • En la Kennedy y la 27 de Febrero, hileras inmóviles de vehículos.

  • En la Duarte, carros circulaban entre aguas negras.

  • En Los Ríos y Villa Duarte, vecinos improvisando balsas con neveritas plásticas.

  • En el puente Juan Bosch, un río de luces rojas bajo el aguacero.

Las autoridades contaban con boletines y alertas 18 horas antes de la crisis, pero las decisiones clave llegaron tarde. “La lluvia era inevitable. El colapso no”, coinciden expertos urbanos que se han manifestado a traves de sus redes sociales.

Impacto humano y servicios colapsados

Usuarios del metro abarrotan estaciones por las lluvias.

De acuerdo con el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), el fenómeno atmosférico provocó el desplazamiento de 2,555 personas, daños a 511 viviendas y la instalación de 26 personas en albergues.

Los servicios de agua potable también resultaron gravemente afectados. El INAPA informó que 602,666 usuarios quedaron sin suministro debido a que 32 acueductos salieron de servicio y otro opera de forma parcial.

Mientras, la CAASD indicó que los sistemas Isa Mana y Duey I fueron impactados por el aumento del caudal de los ríos, lo que dejó a 404,978 habitantes sin agua en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.

Inversión vs. resiliencia

En paralelo, el Gobierno defiende que entre 2020 y 2025 se han ejecutado más de 270 proyectos hidrosanitarios, incluyendo la barrera de salinidad (US$150 millones) y acueductos en provincias del Este y zonas turísticas. La CAASD asegura que avanza en programas de drenaje pluvial en la capital.

No obstante, urbanistas y técnicos advierten que el problema no es solo de inversión, sino de planificación y mantenimiento. “El drenaje pluvial sigue siendo la deuda pendiente”, subrayan.

La inundación del 4 de noviembre de 2023, que dañó cientos de vehículos, y la reciente falta de planificación del 26 de septiembre son recordatorios de que sin una estrategia integral entre INAPA, CAASD, Obras Públicas, alcaldías y Presidencia, cada lluvia intensa seguirá convirtiendo a Santo Domingo en una ciudad vulnerable.

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