El financiamiento verde: ¿una oportunidad para República Dominicana?

A medida que el mundo enfrenta la crisis climática, la necesidad de financiar acciones que protejan el medio ambiente y fomenten un desarrollo sostenible se vuelve imperativa. El financiamiento verde: ¿una oportunidad para República Dominicana?. El financiamiento verde, también conocido como financiamiento climático, emerge como una de las herramientas clave para canalizar recursos hacia proyectos que promueven la transición hacia economías bajas en carbono, con énfasis en energías renovables, eficiencia energética y adaptación a los efectos.

Para República Dominicana, este tema no solo representa una oportunidad de proteger su biodiversidad y recursos naturales, sino también de impulsar un crecimiento económico más inclusivo y resiliente.

EH+ en este contexto, analiza diversas voces especializadas, sobre los instrumentos financieros existentes, los avances institucionales, así como los desafíos que aún deben abordarse para aprovechar plenamente el potencial.

El financiamiento verde

Hay muchos instrumentos efectivos entorno al financiamiento climático. En el caso particular de República Dominicana, hay especialistas que abogan por el crédito verde, un tipo específico de financiamiento dentro del ámbito de las finanzas verdes. Son préstamos otorgados por instituciones financieras, para proyectos que contribuyen significativamente a objetivos ambientales, sociales o de sostenibilidad.

“Esto quiere decir reducir los costos de financiamiento teniendo diferentes fuentes de financiamiento, ya sea de fondos multilaterales, de bancos tradicionales locales, de financiamiento de diferentes tipos de inversiones”, señala Milagros De Camps, exviceministra del cambio climático del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales, pero también abogada con 17 años de trayectoria.

Hay una serie de instrumentos verdes que fueron creados a partir de las convenciones. El Proyecto Metabono Financiamiento Verde se refiere a una iniciativa que busca movilizar inversiones privadas para proyectos sostenibles y con bajo impacto ambiental en la República Dominicana, a través de la emisión de bonos verdes y otros instrumentos de financiamiento verde.

“Vienen  a generar ingresos adicionales y aportar tipos de financiamiento para crear una rentabilidad más atractiva a los proyectos, ya sea de descarbonización o proyectos de financiamiento de adaptación, de financiación al cambio climático”, apunta De Camps.

 

Los bonos verdes han probado ser muy efectivos también, de hecho  República Dominicana, a través del Ministerio de Hacienda, hizo su primera emisión soberana en mayo del año pasado. Una operación  que ascendió a US$750.0 millones y logró una tasa de 6.70%.

“El sector privado hace poco lanzó una guía práctica para emitir valores temáticos, que ofrece pasos, requisitos y buenas prácticas para financiar proyectos con impacto ambiental positivo. Un trabajo conjunto que se hizo con el Ministerio del Medio Ambiente con el sector privado”, asevera la actual Chief Sustainability Officer del grupo InterEnergy, la primera empresa del sector energético que ha declarado la carbononeutralidad en el 2030 comco diferenciador para el país, entendiendo que la sostenibilidad debe ser el centro de un modelo de negocio.

El fondo verde del clima

El fondo más grande creado por Naciones Unidas, no es una agencia de Naciones Unidas, pero financia proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático. Regido por la Junta del FVC y con rendición de cuentas a la COP,  ya tiene muchos años operando y cuenta con diferentes instrumentos financieros, como préstamos, promociones o proyectos de financiamiento para ejecución de proyectos a cambio de resultados, entre otros.

“Es un fondo muy particular porque no funciona otorgando acceso directo a las entidades, sino que hay que pasar un proceso de presentación para homologar que las políticas de la institución y los criterios de inversión y de difusión de proyectos, estén alineados a los criterios de inversión y de difusión de esta institución financiera que tiene un rol, y ese rol es financiar la acción climática. En el país, hay una serie de entidades acreditadas como el BID o el Banco Mundial”, señala la exministra.

Instituciones locales

Desde el 2020 se desarrollan las capacidades en las instituciones locales para que puedan acreditarse al Fondo Verde del Clima y que República Dominicana pueda tener acceso directo al Fondo Verde del Clima. Eso reduce los costos de difusión de proyectos. El Centro para el Desarrollo Agropecuario y Forestal (CEDAF), el Fondo MARENA o Sur Futuro lideran esfuerzos en la movilización de finanzas climáticas e inversiones privadas para un desarrollo bajo en carbono.

“Creo que como ciudadanos siempre hemos hablado del famoso fondo verde, pero muchas veces ni siquiera entendemos de qué se trata, y sobre todo cuáles son esos mecanismos de acceso que nosotros podemos  tener, las industrias y los sectores productivos pueden tener al fondo verde del clima”, subraya De Camps.

Los bancos multilaterales buscan que los proyectos de energía renovable tengan un impacto positivo en el desarrollo. Entonces los criterios que debe cumplir cualquier proyecto, sea de energía o no, es de un impacto de desarrollo demostrable, medido y cuantificable, y eso es muy importante.

“Lo bueno es que el sector de las renovables, por su naturaleza ya cumple con eso. Ahora bien, todo el tema de ese trabajo por la comunidad, toda esa integración son criterios muy importantes que nosotros evaluamos. Y cada vez más vemos como los desarrolladores, los gobiernos se dan cuenta de que eso no es simple y llanamente un acto de responsabilidad corporativa, es un buen negocio. Porque hay muchas experiencias buenas y malas de como un mal manejo de ese entorno, de esa comunidad, va en perjuicio o en beneficio del proyecto”, señala Omar Zacarías oficial de inversiones del BID, dentro de la división de Infraestructura y Energía en Centroamérica y Caribe, con una trayectoria profesional de más de 15 años, en todo lo que tiene que ver con la banca múltiple, desarrollado, inversión y finanzas corporativas.

Los proyectos deben tener un plan de desarrollo, unos elementos de sostenibilidad y unos estándares internacionales que desde la banca multilateral se ayuda a desarrollar y a cumplir. Y sobre todo, tiene que tener una sinergia con las metas que tiene el país y el sector.

”Nuestro rol es acompañar con algo más que financiamiento, que en este mundo lo llamamos adicionalidad. En algún momento se ha necesitado asumir un riesgo adicional, construir ese puente, ya sea con conocimiento, fondos concesionales, asesorías y eso es lo que hacemos. Nosotros trabajamos con el desarrollador, con el gobierno, con el sector privado, para desarrollar esos mecanismos”, sostiene Zacarías.

El especialista asegura que  etiquetas del impuesto verde y los crecimientos temáticos están muy de moda por una buena razón. Es decir, dejar a un lado el posicionamiento green washing para evolucionar hacia un mercado  que ve cómo la trazabilidad sea real.

“Hay un pool de inversionistas internacionales que buscan ese tipo de proyectos. Nosotros hemos visto en los últimos 5 o 6 años un incremento brutal de apetito de inversionistas institucionales extranjeros, inversionistas de impacto, que buscan invertir en proyectos en países que tienen estas características. Otra tendencia es que las bancas regionales, es decir, bancos con sede en Colombia o Panamá, empiezan a invertir en países como República Dominicana”.

Accesibilidad financiera

República Dominicana está frente a un reto muy importante. Lograr duplicar de nuevo el tamaño de la economía en los próximos 12 a 16 años.

“Nos hemos malacostumbrado, porque entendíamos casi  que, por magia, o por derecho propio,  la economía cada año va a crecer un 5%. Pero para lograr este crecimiento, se requieren reformas en todos los sectores, especialmente en energía y minería. Para poder duplicar el tamaño de la economía vamos a necesitar fuentes energéticas más abundantes todavía, y eso plantea temas de financiamiento, y eso forma parte de una reforma fiscal que lamentablemente se suspendió de manera muy abrupta el año pasado”, sostiene Henri Hebrard, economista, editorialista, y consultor.

A pesar de que el país cuenta con una matriz de generación energética, Hebrard explica que en el largo plazo se va a tener que invertir en la generación de transmisión, con montos que rondan de 10 a 15 mil millones de dólares.

“El insumo más costoso para los negocios es el dinero, tenemos tasas de intereses demasiado altas. Si logran reformas, se calcula que probablemente la tasa de interés que pagan el Estado, las empresas y los privados bajaría probablemente un 30 o un 40%. En el caso del Estado hablamos de poder liberar el equivalente a 100 mil millones de pesos al año. Este año por primera vez en la historia de República Dominicana, la línea pago de intereses supera la línea de educación, 339 mil millones de pesos este año es lo que estamos pagando de intereses, prácticamente cada día tenemos que pagar mil millones de pesos de intereses como país, eso representa el 27% de los ingresos del Estado”, argumenta Henri Hebrard.

Una de las fuentes principales de ingresos del Estado son los impuestos de los hidrocarburos, que básicamente se usan para el transporte, y que suponen un estimado de 100 mil millones de pesos al año.

“Una conversión del parque automotriz desde combustibles fósiles hacia la electricidad va a plantear cierta creatividad, de ver entonces cómo este dinero que ya no se va a poder cobrar a los combustibles fósiles, va a aparecer”.

República Dominicana ha dado pasos decididos hacia el financiamiento verde. El camino apenas comienza. Entre el marco normativo ya establecido y las necesidades de inversión estimadas en miles de millones, se abre un espacio de oportunidades que demandará no solo instrumentos financieros innovadores, también el fortalecimiento de capacidades técnicas y la articulación entre sectores público y privado.

El éxito de esta transición dependerá de la capacidad del país para convertir sus marcos regulatorios en mecanismos efectivos de captación de recursos, transformando la urgencia climática en una ventaja competitiva para el desarrollo económico sostenible.

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