El gas natural en la matriz energética dominicana

En el contexto del mundo actual, la diversificación de fuentes energéticas se ha convertido en una prioridad mandatoria y estratégica, pues la incorporación de tecnologías más limpias y económicas, además de reducir los riesgos asociados a la dependencia del petróleo, permite avanzar hacia un modelo más sostenible y competitivo, y es por esta razón que entre las alternativas de mayor relevancia, el gas natural ha adquirido un rol preponderante como combustible de transición, gracias a su menor huella de carbono, a su competitividad en costos y su capacidad para complementar las fuentes renovables.

En el ámbito energético, la República Dominicana, aunque históricamente ha dependido de combustibles fósiles importados como el fuel oil y el diésel, puede decirse que ha experimentado importantes transformaciones en las últimas décadas, pues tanto el Estado como diversos actores del sector privado, han impulsado una agenda de modernización del sistema, enfocada en mejorar y diversificar la matriz energética.

En las últimas dos décadas en nuestro país, se han llevado a cabo reformas hacia esa diversificación, y en este proceso, el gas natural ha surgido como un recurso clave para equilibrar variables críticas como la seguridad energética, la competitividad en costos y la reducción de impactos ambientales,   por esto se ha convertido en un componente fundamental y estratégico del sistema eléctrico nacional, implicando el crecimiento de su infraestructura e importancia en la generación eléctrica local, y todo esto a su vez, responde tanto a los compromisos asumidos por el país en materia de cambio climático, como a la urgencia de reducir la dependencia histórica de los derivados del petróleo en la generación.

Como es bien sabido, el gas natural se incorpora al panorama energético dominicano en el año 2003, con la entrada en operación de la terminal de AES Andrés en Boca Chica, la primera de su tipo en el Caribe insular y desde ese momento ha mantenido una tendencia creciente y continua en la generación.

El uso del gas natural ha tenido un crecimiento sostenido en la última década, según datos ofrecidos por la Comisión Nacional de Energía (CNE) y el Ministerio de Energía y Minas (MEM), pudiendo referirse que, en el 2024, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) registró una generación total de 23,068.6 Megavatio-hora, lo que representa un aumento del 6% respecto al año anterior, consolidando su rol como principal fuente de generación eléctrica, representando el 41.4% de la matriz, habiendo superado a los derivados del petróleo como fuente principal en las plantas térmicas.

Lógicamente este aumento ha sido posible gracias a proyectos clave como Quisqueya I y II, SIBA Energy, y más recientemente, Andrés Energas, que han consolidado la capacidad instalada de generación a gas natural en más de 1,800 MW, además de la ampliación del terminal de gas natural licuado (GNL) en Andrés, Boca Chica, la cual ha permitido mayor flexibilidad logística para la importación, almacenamiento y distribución del recurso.

Uno de los grandes impulsores del uso del gas natural lo constituye su eficiencia económica, pues comparado con el fuel oil o el diésel, el gas natural presenta menores costos de generación por megavatio-hora, significando una reducción estructural de costos promedio, y consecuentemente bajando la presión sobre los subsidios, siempre y cuando se realice una mejor planificación y gestión de contratos de suministro mas estables a mediano plazo.

Desde el punto de vista ambiental, el gas natural es una opción mucho más limpia que otros combustibles como el fuel oil o el diésel, ya que, al usarse para generar electricidad, produce entre un 30 % y un 50 % menos dióxido de carbono, lo que ayuda a reducir el impacto sobre el cambio climático, liberando menos contaminantes que afectan directamente la calidad del aire, y aunque sigue siendo un combustible fósil, el gas natural contamina menos y es una alternativa más responsable con el medio ambiente.

De la misma forma podemos referir que la operación flexible del gas natural complementa sin lugar a duda, otras fuentes renovables, como la solar y la eólica, aportando estabilidad al sistema eléctrico ante variaciones en la oferta.

Como es sabido, República Dominicana importa gas natural licuado (GNL) para cubrir sus necesidades, lo que lo convierte en un combustible clave para la generación de energía. Por esta razón, en el país se realizan inversiones para aumentar la capacidad de generación a partir del gas natural y se desarrollan proyectos que buscan impulsar aún más su consumo, mediante planes oficiales para fortalecer la dependencia de este combustible en la matriz nacional.

No obstante, sabemos que con todo y lo alcanzado, aún persisten desafíos a nivel de infraestructura de transporte, y aunque existen propuestas para nuevos gasoductos y terminales flotantes, su concreción depende de marcos regulatorios claros y de la articulación efectiva de acuerdos entre el sector público y privado.

Hoy en día el gas natural se ha convertido en un pilar de la matriz energética dominicana, contando con un balance de impacto positivo en los costos de generación y mejora, sin embargo, su sostenibilidad dependerá de una planificación que lo integre con el crecimiento de las fuentes renovables y la resiliencia del sistema ante los desafíos globales constantes.

En ese camino, nuestro país tiene la oportunidad de consolidar un modelo energético más limpio, competitivo y seguro, donde el gas natural sea puente, y no obstáculo, hacia un futuro energético verdaderamente sostenible.

La autora es abogada, experta en licencias de combustibles, auditora certificada en ISO 37301 Compliance, ISO 37001 Antisoborno e ISO 22301 de Continuidad de Negocio.

 

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