El transporte público y su reto: más allá de las pruebas de drogas

¡Chofer, no somos vacas! ¡Déjeme en la esquina, por favor! ¡Péguense, que caben más!

El transporte público en nuestro país no debería ser una simple colección de vehículos llevando pasajeros por rutas establecidas. Es, o debería ser, un sistema integral que incluye desde la calidad del servicio hasta la conducta de quienes lo operan. Sin embargo, la realidad cotidiana de los ciudadanos que usan este medio está muy lejos de ese ideal.

La semana pasada, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) llevó a cabo pruebas de alcohol y drogas a los choferes del transporte público pertenecientes a la Confederación Nacional de Organizaciones de Transporte (Conatra) en el kilómetro 9 de la autopista Duarte. Esta medida es parte de una estrategia más amplia para mejorar la seguridad vial en el país. Pero la gran pregunta que surge es: ¿será suficiente?

Por años hemos sido testigos de un parque vehicular saturado de unidades en condiciones deplorables, que no solo ponen en peligro la vida de los pasajeros, sino que además provocan accidentes y congestionamientos al quedar averiadas en plena vía. A esto se suma una cultura de conducción irresponsable: choferes que recogen pasajeros en cualquier punto de la carretera, los dejan en medio de las avenidas, y que, en general, actúan como si las normas de tránsito fueran opcionales.

El problema no se resuelve únicamente con pruebas de alcohol o drogas. Hace falta una reforma profunda que toque todos los aspectos del transporte público: desde la capacitación de los choferes, pasando por el mantenimiento de las unidades, hasta la implementación estricta de las normativas viales.

El pueblo dominicano merece un transporte público digno. Necesitamos choferes responsables, vehículos en buen estado, y un sistema donde la prioridad sea la seguridad y el respeto hacia cada ciudadano que se sube a una guagua o a un carrito público.

No pedimos lujo; pedimos algo básico: un transporte que cumpla con su función de forma segura, ordenada y humana. Porque mientras sigamos tolerando este caos, seguiremos siendo prisioneros de un sistema que, en vez de transportarnos, nos maltrata.

El reto no recae únicamente en el Intrant; es responsabilidad de todos, y requiere colaboración.

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