ETED: ¿Por qué pagar 35 millones para estudiar una infraestructura que ya es operativa?

Quizás para muchos que no son del área de las telecomunicaciones esto pase desapercibido, pero sobre las torres de transmisión eléctrica del país también corre una de las redes de fibra óptica más robustas del territorio nacional. Los cables conocidos como OPGW (Optical Ground Wire) no solo cumplen la función de proteger las líneas de transmisión contra descargas atmosféricas, sino que en su interior incorporan múltiples hilos de fibra óptica capaces de transportar enormes volúmenes de información.

En términos simples, mientras por esas torres viaja la electricidad que alimenta ciudades y provincias, por el mismo corredor físico también puede viajar el tráfico de internet, telefonía, televisión y datos digitales que sostienen la economía moderna. Esto convierte a la red de transmisión eléctrica en una plataforma ideal para desplegar infraestructura de telecomunicaciones a escala nacional, aprovechando un trazado que ya conecta prácticamente todo el país.

Veo una licitación publicada por parte de la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) por un monto de RD$35 millones, destinada a realizar un estudio de mercado y una consultoría para definir cómo comercializar la infraestructura de fibra óptica que posee la institución.

La pregunta surge de inmediato: ¿por qué estudiar cómo vender una infraestructura que ya existe, que está desplegada y que incluso cuenta con una unidad de negocio creada específicamente para ese propósito?

Como profesionales del sector sabemos que la red de la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) posee uno de los activos más estratégicos de las telecomunicaciones nacionales. En lo más alto de sus torres de alta tensión corren más de 1,500 kilómetros de cable OPGW, una infraestructura blindada que combina la protección eléctrica con núcleos de fibra óptica de gran capacidad.

Este tipo de infraestructura se utiliza principalmente como red troncal de transporte de datos, es decir, como la autopista por donde viaja el tráfico de internet, telefonía y servicios digitales entre ciudades, centros de datos y nodos principales de telecomunicaciones. Las prestadoras utilizan estas redes para transportar grandes volúmenes de información entre sus estaciones, interconectar redes regionales, conectar centros de datos y garantizar redundancia en sus sistemas. En muchos casos, lo que se alquila no es el servicio final de internet, sino fibra oscura o capacidad de transporte, lo que permite a cada operador iluminar la red con sus propios equipos y gestionar su tráfico de datos de forma independiente.

Por ejemplo, una empresa como Claro podría utilizar esta infraestructura para transportar el tráfico de datos que sale de sus centros de datos en Santo Domingo hacia Santiago, Puerto Plata o el Cibao Central, reforzando su red troncal y asegurando rutas alternas en caso de fallas en sus enlaces terrestres. De igual forma, Altice podría alquilar fibras de esta red para interconectar estaciones móviles, centros de conmutación y nodos de distribución regional, reduciendo dependencia de rutas vulnerables y aumentando la resiliencia de su red nacional.

Desde la ingeniería, el diagnóstico es simple: la ETED no necesita que una consultoría externa le explique cómo vender su red. El sustento legal y técnico tiene más de una década de maduración. El despliegue físico inició formalmente con el Plan de Expansión 2008-2012, y el marco comercial se consolidó con el Decreto 366-18 de octubre de 2018, el cual creó formalmente la Unidad de Negocios de Telecomunicaciones por Fibra Óptica. No se trata de un proyecto en fase de idea; la red fue presentada oficialmente a las prestadoras en noviembre de 2019 como una solución nacional de transporte de datos.

Con una cobertura que ya alcanza el 58.4 % del territorio nacional e interconecta las 32 provincias, la red es una realidad técnica consolidada. Tras seis años de vigencia del decreto que autoriza su explotación comercial, la dirección técnica ya debería contar con el inventario de hilos de fibra oscura y la capacidad de los equipos DWDM instalados. Pagar por un estudio de mercado a estas alturas parece más un retraso administrativo que una necesidad técnica real.

El valor más crítico que la ETED ofrece a las prestadoras es la redundancia. Mientras que los despliegues de fibra óptica de las telefónicas privadas suelen ser soterrados o ir por postes de baja tensión a orilla de carretera, quedando expuestos a cortes por accidentes o vandalismo, la red de la ETED ofrece una ruta aérea independiente y protegida. Para cualquier carrier, alquilar esta infraestructura no es un lujo: es la garantía de que el tráfico de datos no se interrumpa cuando falla la red troncal terrestre. Sus nodos principales en Santo Domingo y Santiago ya manejan aproximadamente el 70 % del tráfico de información del país, lo que demuestra que la red ya es el corazón del sistema.

Las prestadoras no necesitan que un consultor analice el potencial de negocio; ellas demandan acceso inmediato a esa infraestructura para robustecer sus servicios bajo los lineamientos de la Agenda Digital 2030. La comercialización se resuelve con decisiones ejecutivas: publicar un mapa de nodos, establecer un SLA (Acuerdo de Nivel de Servicio) de clase carrier y lanzar un tarifario competitivo.

Gastar 35 millones de pesos en analizar lo evidente es un costo de oportunidad inaceptable. Ese capital sería mucho más productivo si se invirtiera en la iluminación de nuevos nodos o en la actualización de transceptores en zonas remotas del país. Mientras la burocracia licita estudios sobre decretos y activos que ya existen, nuestra red nacional sigue desaprovechada y el Estado deja de percibir ingresos por un servicio cuya demanda ya está tocando la puerta.

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