Financiar energía en RD exige blindar el proyecto frente al riesgo

República Dominicana. — Conseguir financiamiento para construir una planta eléctrica, desarrollar un proyecto renovable o ampliar infraestructura energética requiere demostrar mucho más que la existencia de una oportunidad de inversión. Para la banca, el punto central es determinar si el proyecto podrá construirse, operar, generar los recursos para pagar la deuda y enfrentar los riesgos durante toda su vida financiera.

Ese análisis fue planteado por Robinson Bou, vicepresidente ejecutivo de Negocios Empresariales y de Inversión de Banco Popular Dominicano, durante el panel “Cimientos para que la inversión eche raíces: Financiamiento e infraestructura energética”, celebrado en el marco del Foro Economía & Negocios 2026, organizado por Forbes República Dominicana junto a la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD).

Desde la perspectiva de Bou, la llamada “bancabilidad” de un proyecto energético puede resumirse en cinco preguntas. Cada una aborda un riesgo distinto y, en conjunto, determina si una infraestructura puede sostener el financiamiento que requiere.

El primer filtro: que pueda construirse y operar

La primera pregunta es jurídica: ¿el proyecto puede construirse y operar legalmente?

La respuesta requiere revisar permisos, licencias y autorizaciones, pero también la certeza jurídica y regulatoria necesaria para proyectos cuya recuperación de inversión puede extenderse durante largos períodos.

Para un financiador, la capacidad de generar ingresos futuros pierde relevancia si existen incertidumbres que puedan impedir que el activo sea construido o que opere bajo las condiciones previstas.

El segundo filtro es técnico: ¿el proyecto funciona?

Aquí entran la tecnología seleccionada, el diseño y la experiencia de quienes estarán a cargo de construir y operar la infraestructura.

El análisis cambia según el tipo de generación. En un proyecto solar o eólico, por ejemplo, debe comprobarse la calidad del recurso disponible. En una instalación térmica, el análisis incluye la disponibilidad del combustible necesario para mantener la operación.

La tecnología, por tanto, no se evalúa de manera aislada. Para la banca, debe existir correspondencia entre el diseño del proyecto, el recurso que utilizará y la capacidad de operación del desarrollador.

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El flujo de caja es el centro de la deuda

La tercera pregunta apunta directamente al corazón del financiamiento: ¿el proyecto puede generar suficiente flujo de caja para pagar la deuda?

El análisis no se limita al escenario en que todo ocurre según lo previsto. La banca también debe determinar cómo respondería la estructura financiera si existen retrasos en la construcción, aumentos en los costos o ingresos menores a los proyectados.

Es ahí donde adquieren importancia los contratos de venta de energía de largo plazo, conocidos como PPA, porque pueden aportar visibilidad y estabilidad a los flujos futuros del proyecto.

Para una infraestructura que necesita grandes inversiones antes de comenzar a generar ingresos, la previsibilidad de esos flujos es un elemento relevante en la evaluación del crédito.

El capital también depende de quién desarrolla el proyecto

La cuarta pregunta es quién está detrás de la inversión.

Bou explicó que el promotor constituye una parte importante de la evaluación bancaria. Su experiencia, capacidad financiera y trayectoria en proyectos similares permiten determinar qué tan preparado está para ejecutar una infraestructura de esta naturaleza.

En otras palabras, la banca no evalúa solamente el activo que se quiere construir, sino también al equipo y al capital que deben hacerlo realidad.

Esto adquiere especial importancia en proyectos energéticos, donde una desviación durante la construcción puede modificar los costos, retrasar el inicio de operaciones y afectar los flujos previstos para pagar la deuda.

El riesgo no desaparece: debe administrarse

La quinta pregunta se concentra en la capacidad del proyecto para administrar los riesgos y mantener sus compromisos financieros durante el largo plazo.

Bou resumió esa condición al señalar que un proyecto bancable no es necesariamente un proyecto sin riesgos. “Un proyecto bancable no está libre de riesgo. El proyecto conoce su riesgo, los administra y debe demostrar la capacidad de hacerle frente a su compromiso a largo plazo”.

La diferencia, bajo esta perspectiva, está en la capacidad de identificar y administrar los riesgos antes y durante la ejecución del proyecto.

Ese criterio atraviesa las cinco dimensiones planteadas por el ejecutivo: que el proyecto tenga autorización para operar, que la tecnología sea viable, que exista un flujo de caja capaz de sostener la deuda, que el promotor tenga capacidad para ejecutarlo y que los riesgos puedan ser administrados.

El financiamiento energético ya tiene una escala relevante

El análisis ocurre en un contexto en el que Banco Popular mantiene una exposición significativa al sector energético.

La entidad tiene US$1,600 millones financiados al sector, equivalentes al 16% de su cartera total. De ese monto, 40% corresponde a proyectos de energía renovable.

A través de Inversiones Popular también se han canalizado cerca de US$400 millones mediante instrumentos de deuda y capital del mercado de valores, incluyendo recursos de fondos administrados con participación de inversionistas, principalmente institucionales.

Estos mecanismos amplían las alternativas disponibles para estructurar capital destinado a infraestructura energética, más allá del crédito bancario tradicional.

Pero el volumen de recursos no elimina el proceso de evaluación. Por el contrario, para proyectos que requieren capital durante largos períodos, la estructura financiera depende de que los riesgos técnicos, regulatorios, comerciales y operativos puedan ser identificados y gestionados.

Energía: una inversión que se paga durante años

El financiamiento de infraestructura energética tiene una característica que condiciona prácticamente todo el análisis: el capital se compromete hoy mientras la recuperación ocurre durante un período prolongado.

Por eso, permisos, tecnología, disponibilidad de recursos o combustibles, contratos de venta, capacidad del promotor y flujo de caja terminan conectándose en una misma ecuación financiera.

Desde esa perspectiva, la discusión sobre inversión energética no se reduce a cuánto capital está disponible. También depende de qué tan predecible es el proyecto que busca ese capital.

Para Banco Popular, la relación con el sector se plantea precisamente desde esa perspectiva de largo plazo. “Nosotros somos socios estratégicos del sector y seguiremos apoyando su evolución y creciendo”, afirmó Bou.

La dimensión de esa relación se refleja en los US$1,600 millones que el banco mantiene financiados en energía, pero el criterio que determina la llegada de nuevos recursos está en otro lugar: que cada proyecto pueda demostrar que sus riesgos son conocidos, que sus ingresos pueden sostener la deuda y que existe capacidad para llevar la infraestructura desde el papel hasta la operación.

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