Impacto del comercio asiático en RD se siente en el sector eléctrico

El avance del comercio asiático en la República Dominicana continúa dejando huellas profundas en sectores clave de la economía. Lo que antes parecía un fenómeno limitado a mercancías de bajo costo hoy se manifiesta en áreas mucho más sensibles, desde manufactura y textiles hasta insumos eléctricos que inciden directamente en la seguridad de los hogares y la estabilidad de las empresas. Ante este escenario, el Gobierno ha declarado una lucha abierta contra la competencia desleal, reforzando controles y reforzando la fiscalización para evitar que prácticas irregulares erosionen la estructura productiva nacional.

Mientras tanto, las asociaciones del sector privado buscan reacomodarse, diseñando alternativas de negocios que les permitan subsistir frente a un mercado inundado de productos importados a precios difíciles de igualar y, en muchos casos, carentes de estándares mínimos de calidad.

El sector eléctrico es uno de los más golpeados. La entrada de materiales de baja durabilidad y procedencia dudosa no solo distorsiona el mercado, sino que también eleva los riesgos de accidentes, fallas y pérdidas económicas cuantiosas. La calidad de los insumos eléctricos no es un asunto menor: de ellos depende la seguridad de miles de hogares, la operación eficiente de comercios e industrias y la confiabilidad de un sistema energético que exige cada vez más robustez y profesionalización.

En este contexto, el trabajo coordinado entre la Dirección General de Aduanas (DGA) y la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) resulta un paso necesario, pero aún insuficiente. El sector empresarial espera una acción articulada que involucre a todos los actores del Estado y que coloque en el centro la protección de la industria local, que es la verdadera columna vertebral del empleo formal en el país.

No se trata de cerrar la economía ni de frenar la competencia, sino de garantizar que las reglas se cumplan, que los productos que ingresen al territorio nacional respondan a criterios verificables de calidad y que ninguna actividad comercial se sostenga sobre la base del incumplimiento normativo o la precarización del mercado.

La República Dominicana enfrenta hoy el reto de equilibrar apertura y protección, competitividad e integridad. De la firmeza de las autoridades y de la unidad del sector privado dependerá que el comercio internacional siga siendo un motor de crecimiento, y no un canal para el deterioro de la producción nacional, la pérdida de empleos o la inseguridad en sectores tan vitales como el eléctrico.

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