Interconexión eléctrica entre Colombia y Panamá sigue estancada por desafíos técnicos, sociales y políticos

El proyecto de interconexión eléctrica entre Colombia y Panamá, concebido como una pieza clave para la integración energética regional, continúa enfrentando múltiples obstáculos que han impedido el inicio de su construcción, a pesar de haber sido declarado de interés estratégico por el SICA y la CEPAL.

La línea de transmisión proyectada, que utilizará tecnología de corriente continua (HVDC) debido a las diferencias operativas entre los sistemas eléctricos de ambos países, debe atravesar zonas de topografía compleja, incluyendo la selva del Darién, lo que ha dificultado los estudios y el diseño técnico. El terreno accidentado, sumado al alto costo de la infraestructura especializada, representa uno de los principales desafíos técnicos del proyecto.

En el ámbito ambiental y social, el trazado propuesto genera preocupación por su impacto en áreas protegidas y ecosistemas biodiversos. Además, varias comunidades indígenas y locales han manifestado su rechazo ante el posible daño cultural y territorial, exigiendo procesos de consulta previa adecuados y vinculantes.

En lo regulatorio y político, la falta de coordinación binacional ha ralentizado el avance. Las diferencias en los marcos legales, las prioridades energéticas y los temores de dependencia energética por parte de Panamá han generado debate político interno en ese país, limitando la toma de decisiones conjunta.

Desde el punto de vista económico, el proyecto demanda una inversión superior a los 500 millones de dólares, cuya viabilidad financiera aún no está garantizada. Si bien organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial han mostrado interés en respaldarlo, la estructura financiera definitiva no se ha cerrado.

A esto se suman preocupaciones sobre la seguridad y confiabilidad operativa. El Darién es una zona vulnerable a conflictos sociales, actividades ilícitas y fenómenos naturales como deslizamientos e inundaciones, lo cual podría afectar la sostenibilidad y el mantenimiento de la línea en el tiempo.

En 2025, el panorama sigue siendo incierto. Aunque se han completado estudios de factibilidad y existe voluntad política en ambos países, las negociaciones sobre aspectos técnicos, sociales y financieros continúan. El proyecto se mantiene como una prioridad regional, pero la construcción aún no ha comenzado.

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