Cada año, el proceso de renovación del marbete vuelve a desnudar una de las costumbres más arraigadas del dominicano: dejar las obligaciones para el último día. No es un fenómeno nuevo ni exclusivo del tránsito, pero sí uno que tiene consecuencias directas en el orden, la seguridad vial y la responsabilidad ciudadana.
Este año no ha sido la excepción. Desde que la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) abrió el proceso de renovación del marbete, los conductores han contado con más de tres meses para cumplir con el impuesto a la circulación vehicular. A pocos días de que venza el plazo oficial, cientos de miles de vehículos aún no han renovado, pese a que una parte importante del parque vehicular ya completó el proceso dentro del período establecido.
En ese contexto, resulta acertado que la DGII mantenga su decisión de no otorgar prórrogas. El argumento es simple y difícil de rebatir: los propietarios de vehículos tienen todo un año para planificarse, prever el gasto y organizar su presupuesto. Aun así, cada temporada reaparecen voces —incluidas asociaciones de transporte— solicitando extensiones de plazo o excepciones especiales cuando el calendario ya está por agotarse.
Tener un vehículo no es solo un privilegio; es una responsabilidad. Y esa responsabilidad incluye cumplir a tiempo con todas las obligaciones legales: el marbete, el seguro obligatorio, la licencia de conducir vigente y condiciones mínimas de seguridad, como portar un botiquín de emergencia. No se trata de exigencias arbitrarias, sino de normas básicas para circular de manera segura y ordenada.
La insistencia en pedir prórrogas envía un mensaje equivocado: que el incumplimiento puede negociarse y que la falta de previsión merece indulgencia. Lejos de fortalecer la cultura tributaria y vial, la debilita.
En este escenario, el sector privado puede jugar un papel clave. Muchas empresas ya facilitan el pago del marbete mediante descuentos por nómina, una práctica que podría fortalecerse si se vincula a otras exigencias razonables: que el empleado tenga su licencia al día, que no arrastre multas pendientes y que, de no cumplir, realice la renovación por la vía regular, sin privilegios.
Ordenar el tránsito no pasa solo por más controles o sanciones, sino por asumir responsabilidades individuales. Mientras sigamos apostando al “último día” y a la prórroga salvadora, el problema persistirá. Cumplir a tiempo no debería ser la excepción, sino la norma.
