La reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha reavivado el debate sobre las implicaciones de su política económica para la región latinoamericana, y en especial, para República Dominicana.
República Dominicana tiene ante sí un escenario lleno de posibilidades bajo la administración Trump. La combinación de políticas arancelarias estadounidenses, el auge del nearshoring y el flujo sostenido que podrían tener las remesas podría impulsar el crecimiento económico en sectores clave.
Para capitalizar estas oportunidades se requiere de una visión estratégica, inversión en infraestructura y una reforma institucional que permita a la nación estar a la altura de las demandas del mercado global.
Durante su primer mandato (2017-2021), el país se vio beneficiado indirectamente de la bonanza económica estadounidense y de un incremento en las remesas enviadas por la diáspora dominicana. Sin embargo, en esta nueva etapa, el panorama presenta matices distintos, con oportunidades y retos que deben ser examinados con detenimiento.
Una de las posibles áreas de oportunidad es el nearshoring. En el marco de una escalada en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, Trump ha propuesto imponer aranceles de hasta un 60 % a productos chinos. Esto podría acelerar el traslado de operaciones de empresas estadounidenses hacia países más cercanos y políticamente alineados con Washington.
República Dominicana, con su cercanía geográfica, estabilidad política y una infraestructura industrial relativamente desarrollada, podría beneficiarse enormemente de esta tendencia. De hecho, sectores como las zonas francas y la manufactura ligera tendrían la posibilidad de captar una mayor inversión extranjera directa (IED) y generar miles de empleos.
Pero dicha oportunidad solo se concretará si el país toma medidas estratégicas para atraer esa inversión. Como señala el economista y profesor universitario Juan Ariel Jiménez, un incremento en la IED dependerá de que el gobierno dominicano implemente políticas que fortalezcan la competitividad y reduzcan las barreras burocráticas. Entre esas medidas se incluye la modernización de la infraestructura, la simplificación de trámites administrativos, y un marco regulatorio favorable para la inversión extranjera.
Los efectos de un segundo mandato de Trump en la economía dominicana también podrían depender de otros factores externos, como la situación económica global y las decisiones internas de política económica.
A medida que Estados Unidos busca una mayor autosuficiencia en sectores estratégicos, es posible que algunas industrias tradicionales en países como República Dominicana enfrenten una mayor competencia. No obstante, con la orientación adecuada, el país tiene chance para diversificar su economía y fortalecer su posición en el mercado global.

