Santo Domingo. – “…de que esos productos que entran por la frontera son los que están en las superficies, en los grandes supermercados, porque no hemos tenido esa trazabilidad… no podríamos dar una constancia de que esos mismos productos que están en la frontera o que están en tránsito son los que están en los supermercados”. Esa fue la primera reacción de la señora Almánzar, principal vocera de fabricantes locales de productos que se exportan desde la frontera hacia Haití, luego de que Julio Martínez Pozo, influyente y capaz productor de “El Sol de la Mañana” dejase entrever que las patanas que van supuestamente con destino a Haití bajo el régimen de tránsito internacional, no cruzan la frontera, pues los productos son descargados en el territorio dominicano para ser reempacados y distribuidos en importantes supermercados dominicanos.” Minutos después, la señora Almánzar, al referirse a las importaciones de mercancías bajo el régimen de tránsito internacional hacia Haití afirmó que, aunque no podía “descartar que varias de ellas se llevan al país haitiano… ahora, de que el negocio es…se queda gran parte de esas mercancías aquí, óyeme, tenemos evidencias claras de que existe el negocio aquí.”
Bajo el régimen de tránsito internacional las mercancías quedan exentas de pagar los impuestos aduaneros y bajo ningún concepto pueden ser nacionalizadas. En consecuencia, si las mercancías terminan siendo descargadas en el territorio nacional para ser vendidas en nuestro territorio sin el pago de los impuestos que requiere la nacionalización de los productos, se incurre en una evasión y/o fraude fiscal. En el mencionado programa, se señaló que el fraude en contra del Estado dominicano por la nacionalización sin pagar impuestos de mercancías en tránsito internacional hacia Haití supera los US$1,000 millones.
Quienes lanzan afirmaciones de este tipo no deben olvidar que el fraude tributario puede constituir un delito precedente del lavado de activos. Las empresas que incurran en él se arriesgan a ser procesadas tanto por incumplimiento fiscal como por blanqueo de capitales si ocultan sistemáticamente los fondos. Debe señalarse también que, si el supuesto fraude fiscal no se verificó, las empresas acusadas de incurrir en el supuesto fraude, al sufrir un serio daño reputacional, podrían proceder legalmente contra los poseedores de “evidencias claras” y los autores y difusores de “estudios confidenciales” desconocidos y totalmente divorciados de la verdad. No debe olvidarse que una de las empresas cuya imagen fue pisoteada en ese espacio, es un oferente público de valores en nuestro mercado de capitales, al haber colocado, en abril de este año, instrumentos financieros de renta variable por un total de RD$5,231 millones, valores que fueron comprados, entre otros, por algunos fondos de pensiones.
Nadie discute que, en el caso del régimen aduanero de tránsito internacional vigente en República Dominicana, las empresas importadoras solo están autorizadas a trasladar las mercancías bajo control fiscal desde una aduana de partida hasta otra de destino, cruzando la frontera y sin pagar impuestos a la importación ni ser nacionalizadas. En otras palabras, las patanas con furgones de mercancías deben cruzar la frontera y depositar las mercancías en la aduana haitiana. Sin embargo, luego del asesinato del presidente Moïse el 7 de julio de 2021 y la consecuente intensificación del problema de las bandas armadas en Haití, el tránsito internacional, tal y como establece nuestra legislación, sin ningún tipo de flexibilización, hubiese provocado la paralización de nuestras exportaciones hacia Haití.
En un país donde los puertos marítimos han estado prácticamente cerrados, algunos bajo el control de las bandas, la única ventanilla abierta para que la población haitiana pudiese tener acceso a alimentos importados era la frontera dominico-haitiana. Nadie debería olvidar que, desde noviembre de 2024, EE. UU. prohibió a las líneas aéreas comerciales el aterrizaje debido al riesgo de ataques por parte de las bandas que controlan una parte del territorio haitiano. La producción de la mayoría de las industrias haitianas ha caído bruscamente debido a la imposibilidad de mover libremente las materias primas a través de los puertos y las carreteras; solo las importaciones podían llenar el hueco dejado por la merma de la producción nacional.
El Gobierno del presidente Abinader entendió rápidamente que, si no flexibilizaba transitoriamente el régimen aduanero de tránsito internacional hacia Haití, contribuiría a promover una hambruna generalizada y una eventual invasión hacia nuestro territorio de haitianos huyendo del hambre. Enterado de que las empresas de transporte de mercancías en furgones no estaban en disposición de poner en situación de riesgo la vida de sus choferes y sus equipos de transporte, se tomó la decisión de permitir la descarga de las mercancías en centros de almacenamiento transitorio en la frontera, donde pequeños camiones y choferes haitianos ingresarían, cargarían las mercancías y asumirían la responsabilidad y el riesgo de llevarlas al territorio haitiano.
Desconozco la fuente utilizada por la vocera de que mensualmente 930 patanas, 11,160 al año, van cargadas de mercancías en tránsito internacional hacia Haití. Las estadísticas de la Dirección General de Aduanas (DGA) revelan que el año pasado, la cantidad de contenedores en tránsito hacia Haití ascendió a 3,257. Desconozco también como se calcularon los incrementos de 100%, 200% y 300% en las exportaciones de República Dominicana hacia Haití. Los datos de nuestras exportaciones a Haití publicados por la DGA revelan que estas crecieron en 22% entre 2021 y 2025, a razón de 5.1% por año. Si se refería al crecimiento de las exportaciones de furgones en régimen de tránsito internacional, estos pasaron de 1,565 furgones en 2021 a 3,257 en 2025, para un crecimiento anual promedio de 20%, muy por debajo del 100%, 200% y 300% que se mencionó en el drama telefónico.
¿Alguien conoce dónde están localizadas las gigantescas naves dedicadas a reempacar harina, pastas alimenticias, espaguetis, macarrones, fideos, galletas y sopas instantáneas en la frontera? Ese servicio de maquila no aparece registrado en el Consejo Nacional de Zonas Francas ni en las estadísticas de Zonas Francas por actividad del Banco Central. Desconozco la tecnología que están usando estos reempacadores para extraer los fideos y espaguetis de las fundas en que vienen de Egipto, Turquía e India para luego introducirlos, sin que se rompan, en una nueva envoltura para encubrir el “supuesto contrabando”. Desconozco quién realizó el estimado del supuesto fraude fiscal de más de US$1,000 millones. ¿Acaso las “evidencias claras de que la mayor parte del negocio de las mercancías en tránsito hacia Haití se queda aquí” fueron la base utilizada para estimarlo?
El debate puede resolverse fácilmente. Los fabricantes locales tienen el temor de que, en los almacenes próximos a las administraciones aduaneras fronterizas, se esté produciendo un trasiego. Acabemos con el temor. El Gobierno debe decretar la conversión de esos centros de almacenamiento para el trasbordo de las mercancías a camiones pequeños procedentes de Haití en almacenes fiscales bajo el control riguroso de las aduanas. Ahí deberían depositar sus mercancías tanto las empresas importadoras acogidas al régimen aduanero de tránsito internacional hacia Haití como las industrias nacionales que desean exportar a Haití libre del pago del ITBIS y el selectivo. No habría una solución más equitativa que esta.
Toda solución, lamentablemente, genera perdedores. El Gobierno tendría que evaluar que hará con las decenas de miles de trabajadores que laboran en las maquilas fronterizas dedicadas al reempaque de mercancías para posibilitar la evasión fiscal. Quizás, con los US$1,000 millones que percibirían las aduanas al desaparecer el “senasenorme” fraude fiscal, podría pagarles un ingreso mínimo mensual a estos trabajadores tan habilidosos como desconocidos. Y claro, asignando algo para compensar a los cientos de técnicos expertos en el desmonte y reinstalación con soldadura de los paneles laterales de furgones, sí, los que facilitan el proceso de vaciado de mercancías de los furgones para reempaque.
Una exhortación final a los fabricantes locales que se sienten afectados por las importaciones que ingresan al país bajo el régimen de tránsito internacional hacia Haití. Los tiempos del “mercado nacional para el producto criollo” del cual se liberaron 7 millones de consumidores dominicanos en 1990, no van a converger al deseo rentista del “mercado haitiano para el producto dominicano”. Si desean conquistar y reinar en ese mercado de 12 millones de consumidores, operen con márgenes de beneficio razonables a ser pagados por una población con un ingreso promedio equivalente al 23% del nuestro. Mentir con sinceridad para que se les otorgue el monopolio de un mercado que, en 2025, importó US$63.6 millones de productos de panadería, pastelería, galletería y pastas alimenticias, es una payasada de mal gusto.
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